Fue tecladista y participó en la etapa más experimental de la obra del mítico bandoneonista. También fue clave en la preservación y difusión de la obra del creador de "Adiós Nonino".

Nacido en Buenos Aires el 28 de febrero de 1945, fruto del matrimonio entre Astor Piazzolla y Dedé Wolff, Daniel Piazzolla mantuvo a lo largo de su vida un perfil bajo, lejos de la exposición pública, pero siempre estrechamente vinculado al universo creativo de su padre. Su trayectoria combinó la actividad musical con tareas de gestión, producción y difusión de la obra piazzolliana.
Uno de los capítulos más relevantes de su recorrido artístico fue su participación en el Octeto Electrónico, la formación que Astor Piazzolla creó a comienzos de los años 70 y que representó una de las experiencias más radicales de su carrera. En ese proyecto, pensado como un laboratorio sonoro, el tango dialogó con el jazz, el rock y la música contemporánea a través del uso de sintetizadores, percusión eléctrica y estructuras rítmicas poco convencionales. Daniel Piazzolla formó parte del grupo tocando sintetizadores y percusión, y también tuvo un rol importante en la dinámica organizativa y creativa del conjunto.
El Octeto Electrónico fue recibido en su momento con resistencia por sectores del tango tradicional, pero con el paso del tiempo se convirtió en una referencia ineludible para comprender la evolución estética de Piazzolla y su voluntad permanente de ruptura. La participación de Daniel en esa etapa lo ubica dentro del núcleo más experimental y arriesgado del proyecto artístico de su padre.
Más allá de su labor como músico, Daniel Piazzolla desempeñó un papel central en la preservación y difusión del legado de Astor Piazzolla. A lo largo de los años intervino en homenajes, proyectos curatoriales, reediciones discográficas y actividades académicas, aportando una mirada de primera mano sobre los procesos creativos, las decisiones estéticas y el contexto histórico de la obra del compositor. Su trabajo fue especialmente valorado en los últimos años, cuando se multiplicaron las iniciativas vinculadas al centenario del nacimiento de Astor.
En el plano familiar, fue una figura clave en la transmisión intergeneracional de ese legado. Su hijo, el baterista Daniel “Pipi” Piazzolla, líder del grupo Escalandrum, lo despidió públicamente con un mensaje emotivo en el que destacó su influencia humana y musical. A través de esa continuidad, la obra de Astor Piazzolla siguió dialogando con el jazz, la música contemporánea y nuevas generaciones de intérpretes.
Daniel Piazzolla eligió siempre un lugar discreto: no buscó protagonismo propio ni una carrera independiente de alto perfil, sino que trabajó para sostener, ordenar y proyectar una obra que transformó para siempre el tango y su relación con la música moderna. Con su muerte se cierra un capítulo íntimo pero decisivo en la historia de una familia que dejó una huella profunda en la cultura argentina y en la música del mundo.
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