UNO. Durante 12 años, escapar de Alemania Oriental había sido una operación de una sencillez casi ofensiva. Bastaba con comprar un boleto. Tomar el S-Bahn o el U-Bahn, bajarse en Berlín Occidental y después caminar hasta el campo de refugiados de Marienfelde con una valija, un abrigo y aquello que uno considerara indispensable para empezar otra vida.
Así se fueron unos 2,8 millones de personas desde la fundación de la República Democrática Alemana hasta agosto de 1961. Sólo durante los primeros siete meses de aquel año escaparon 125 mil. En agosto se sumarían unas 49 mil.
Un país se vaciaba por los andenes. Para Walter Ulbricht, líder comunista, aquello ya no era una incomodidad política. Era una hemorragia. Y ocurría delante de todo el mundo.
La solución recibió un nombre que parecía sacado de una florería: Aktion Rose. La operación quedó bajo la dirección de Erich Honecker, entonces responsable de las cuestiones de seguridad dentro del Comité Central de la SED y jefe del Estado Mayor Central creado para ejecutar el cierre de la frontera.
La rosa debía florecer la madrugada del domingo 13 de agosto de 1961.
Poco antes de la medianoche del sábado, hombres que nadie conocía llegaron a las cabinas de señales. Llevaban órdenes. Las entregaron en mano y se fueron. No esperaron una firma, una pregunta, un café. Nada.
La instrucción era sencilla: a la 1 de la madrugada debía suspenderse el tráfico entre los dos sectores de Berlín. El jefe de circulación leyó el papel. Y puso la señal de salida en rojo.
A esa hora comenzó la operación. Más de 10 mil policías y soldados de la RDA, junto con unidades de las organizaciones obreras de combate, empezaron a levantar barricadas, retirar adoquines y tender alambre de espino. De los 81 pasos existentes entre ambos sectores, 69 fueron cerrados inicialmente. Sólo 12 permanecieron abiertos. Berlín empezó a cortarse.
Pero los trenes tardaron un poco más en entenderlo. A la 1:26, el maquinista Herbert Skalla salió de Stahnsdorf rumbo a Wannsee. Le quedaban unos minutos de recorrido. No sabía que conducía el último tren de esa línea.
Cuando llegó a Wannsee, encontró la estación convertida en un pequeño centro de emergencia. Entre quienes quedaron atrapados por el cierre estaba Günter Litfin, un sastre de Berlín Oriental que trabajaba en el Oeste. Había pasado el sábado en el departamento al que pensaba mudarse.
Cuando regresó al Este, ya no tenía una forma legal de volver. Once días después, el 24 de agosto, intentó cruzar a nado el Humboldthafen. Los agentes le dispararon mientras nadaba. Litfin murió ese mismo día.
Fue el primer hombre abatido por las fuerzas de seguridad de la RDA: intentaba escapar hacia Berlín Occidental. La rosa había florecido.
DOS. Al amanecer, la nueva frontera ya había empezado a organizarse. El anillo ferroviario había quedado partido. Varias líneas de S-Bahn y U-Bahn habían perdido su continuidad. Pero había un problema que ni la política ni la arquitectura podían resolver con una pala. Mitte, territorio oriental, se metía entre el norte y el sur de Berlín Occidental como una cuña. Debajo pasaban dos líneas del U-Bahn occidental y una del S-Bahn. Cerrar aquellos túneles habría provocado un gran problema dentro del propio Berlín Occidental. La solución fue peculiar incluso para una ciudad acostumbrada a las peculiaridades.
Los trenes siguieron pasando. Las estaciones, no. La 15 del territorio oriental quedaron clausuradas para los pasajeros occidentales. Los accesos fueron tapiados, los andenes quedaron bajo vigilancia y los trenes atravesaron las estaciones sin detenerse. La ciudad había conseguido fabricar una clase nueva de estación: una que existía, pero no para usted.
Friedrichstraße era diferente. La estación estaba en Berlín Oriental, pero se convirtió en uno de los principales puntos de tránsito entre ambos sectores. Los pasajeros occidentales podían hacer allí sus transbordos dentro de zonas separadas y sometidas a controles fronterizos.
Era un lugar donde las dos ciudades se tocaban sin mezclarse. También fue un lugar de despedidas. En 1962, la RDA construyó junto a la estación un pabellón destinado a controlar a quienes salían hacia Berlín Occidental. Allí se revisaban documentos y equipajes. Las familias se abrazaban antes de separarse y, después, alguien tenía que mirar el reloj.
Los berlineses bautizaron el edificio Tränenpalast: Palacio de las Lágrimas. A veces una ciudad sabe nombrar a las cosas mejor que un gobierno. Hoy funciona como museo.

TRES. El muro creó otra paradoja, esta vez financiera. El S-Bahn de Berlín Occidental continuó bajo administración del Reichsbahn, el ferrocarril estatal de la RDA. El Estado que había levantado la frontera seguía administrando la red occidental y cobrando por su utilización.
En Berlín Occidental, aquello cayó bastante mal. Sindicatos y grupos políticos promovieron el boicot al S-Bahn. La consigna tenía una lógica sencilla: no pagarle al Estado oriental por viajar bajo sus trenes. La campaña tuvo efecto. El número de pasajeros se desplomó y el S-Bahn perdió buena parte de su importancia en la vida cotidiana de Berlín Occidental.
El 9 de noviembre de 1989 cayó la frontera. Dos días después reabrió Jannowitzbrücke. Las estaciones clausuradas fueron recuperando pasajeros. Los túneles volvieron a funcionar como túneles y dejaron de servir como argumentos políticos.
Berlín comenzó a recomponer su red. Pero aún hoy, a 37 años de la caída del muro, el tranvía berlinés sigue circulando casi exclusivamente por el antiguo Este, porque en el Oeste pensaron en los ’60 que el tranvía era cosa del pasado y que el coche lo resolvería todo. Así, la geometría quedó.
Y Berlín, que durante décadas tuvo una frontera atravesándole las tripas, todavía lleva algunas de sus costuras a la vista. «
Entre siglas y trenes
RDA / DDR / GDR: Rep. Democrática Alemana. DDR es en alemán (Deutsche Demokratische Republik); GDR, en inglés. RFA / FRG: República Federal de Alemania, la Occidental.
Reichsbahn: FF.CC estatal de la RDA. Operó también el S-Bahn de Berlín Occidental hasta 1984. Deutsche Bahn: actual empresa ferroviaria nacional alemana, creada en 1994 tras la reunificación. S-Bahn: tren urbano y suburbano, principalmente de superficie. U-Bahn: metro, generalmente subterráneo. BVG: empresa de transporte público de Berlín Occidental y, desde 1992, de todo Berlín.