Una encuesta del sindicato de jugadores comprueba que el fútbol femenino sigue sin garantizar seguridad económica ni condiciones laborales dignas. En Argentina, el sueldo de una futbolista de Primera es de 786.000 pesos.

Si la gente entiende lo que quiere, quizá los números ayuden a entender lo que muchos prefieren ignorar. Un nuevo informe elaborado por FIFPRO, el sindicato internacional que agrupa a futbolistas de todo el mundo, muestra la brecha que aún persiste entre el crecimiento del fútbol femenino y las condiciones reales de trabajo de las futbolistas.
La encuesta -realizada entre agosto y octubre de 2025 con la participación de 407 jugadoras de más de 40 países que compitieron en la Eurocopa, la Copa América, la Copa de África- muestra una realidad cruda: el fútbol femenino todavía no garantiza seguridad económica ni condiciones laborales dignas.
El 66% de las jugadoras gana menos de 20 mil dólares al año -1600 dólares mensuales- por su actividad futbolística, y casi un tercio declara ingresos entre 0 y 4.999 dólares anuales. Esta precariedad hace que muchas deban tener otro empleo fuera del fútbol para llegar a fin de mes, lo que condiciona su dedicación, entrenamiento y recuperación física.
En Argentina, el sueldo mínimo de una jugadora de Primera División es de 786 mil pesos mensuales o, lo que es lo mismo, 6.288 dólares anuales. A eso se le suma que el 30% de las jugadoras, a seis años de la semiprofesionalización, sigue siendo amateur.
La inestabilidad también se refleja en los contratos. Un tercio de las futbolistas tiene contratos de un año o menos y más del 20% no tiene contrato formal alguno -Argentina, por lo tanto, está por encima de la media mundial-. En un deporte que exige rendimiento físico, preparación constante y disponibilidad permanente, no tener una relación contractual estable implica inseguridad y falta de derechos básicos, según el informe.
Durante la Copa América Femenina 2025, la entrenadora de Bolivia fue contundente con el papel que realizaron las jugadoras de su selección: cuatro partidos jugados, cuatro derrotas, 25 goles en contra y sólo uno a favor. “Muchas jugadoras juegan sin un sueldo”, declaró la entrenadora Rosana Gómez tras la participación boliviana.
El informe también analiza el calendario competitivo y los viajes de las jugadoras. Más de la mitad de las encuestadas considera que no hay tiempo suficiente de descanso antes o después de los partidos, y el 75% viaja en clase turista durante torneos internacionales. Para muchas, esto impacta directamente en la salud, el rendimiento y la prevención de lesiones.
La encuesta también pone en evidencia una desigualdad global en el desarrollo del fútbol femenino: mientras algunas federaciones han introducido mejoras específicas -en nuestro país, la Asociación del Fútbol Argentino anunció un complejo deportivo dedicado exclusivamente a las Selecciones Femeninas-, otras regiones no cuentan con avances comparables, como es el caso de Bolivia.
Lo mismo ocurre con las confederaciones donde la desigualdad de inversión es notoria: la Eurocopa Femenina de 2025 tuvo un premio acumulado de 47,2 millones de dólares, la Copa Africana de Naciones Femenina de 2024, 3,4 millones de dólares, la Copa Oro Femenina de la CONCACAF 2024 asignó 3,7 millones de dólares, la Copa América Femenina de 2025 otorgó 2 millones de dólares y la próxima Copa de Asia 2026 reparte 1,8 millones de dólares.
Incluso, en la última Copa América Femenina, en la fase de grupos, Brasil y Bolivia reclamaron el uso de la cancha para el calentamiento previo al partido. Conmebol alegó desgaste del campo de juego y los equipos tuvieron que compartir un cuarto pequeño y cerrado, lo que generó insatisfacción e incomodidad. La jugadora brasileña, Ary Borges, definió la situación de «ridícula» y comparó la estructura con la de los torneos amateurs. «Incluso en las praderas, es más organizado», dijo la mediocampista después del partido.
Tras la goleada, Ary también aprovechó el micrófono de la transmisión oficial para cuestionar directamente al presidente de Conmebol, Alejandro Domínguez: «Quisiera preguntarle si podría calentar en 10 metros cuadrados que huelen a pintura. Es una falta de respeto”.
La conclusión de la encuesta es contundente: a pesar de ciertos avances, la profesionalización del fútbol femenino está lejos de ser una realidad consolidada y equitativa a nivel mundial. Lo que queda en evidencia es que el crecimiento en algunos sectores no está siendo acompañado por mejoras estructurales que permitan a las jugadoras vivir, entrenar, descansar y recuperarse en condiciones que reflejen las exigencias de una carrera profesional en toda su dimensión.
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