La película de Fernanda Ramondo muestra de una manera atractiva y que parecía olvidada: la que la asociaba a la libertad.

Su tempo es distinto. No es alocado ni vertiginoso. Tiene el ritmo de las transiciones: siempre deben ser a una velocidad menor a la media si pretenden ser exitosas. Así, la del periplo de Mateo (Leo Sbaraglia) durante tres días, tiene el andar del hombre de campo, que antes que cansino es pausado. Este anarquista más por espíritu que por principios acaba de salir de la cárcel y va en busca de su gallo de riña, que le arrebataron injustamente. Con él piensa volver al redil para garantizarse un retiro tranquilo.
En el camino se encuentra casualmente con Aurelia y Carmelo, dos hermanos en busca de su padre. Mateo ve en ellos su pasado, pero más la oportunidad de un futuro. Uno distinto al imaginado. Tan impropio que hasta puede ser feliz. En esa relación triangular vislumbrada lo suficiente como para hacer soñar, el film encuentra su punto neurálgico, el que le permite recorrer La Pampa de una manera sugerentemente similar a la que Sarmiento describió en Facundo, aunque sin sus peligros (pero sí de su aridez). Sólo con algunas de sus bondades, en especial esa sensación de libertad que transmite, que según Sarmiento el gaucho disfrutaba por demás, al punto de confundirla con vagancia, y él envidiaba con altura, al punto de dedicarle un libro fantástico.
No te olvides de mí (Argentina, 2016). Dirección y guión: Fernanda Ramondo. Con: Leonardo Sbaraglia, Cumelén Sanz, Santiago Saranite. 84 minutos. Apta para todo público con leyenda
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