Noelia Sinkunas: “El error también es una forma de verdad”

Por: Claudia Regina Martínez

Figura clave de su generación y con una vocación incansable para sumarse a múltiples proyectos y estéticas, lanzó Las cuatro estaciones, su primer álbum de piano solo. Entre el jazz, la música clásica y el tango, pone en diálogo tradiciones y nuevos horizontes.

Noelia Sinkunas es de esas músicas imposibles de encasillar. Pianista, compositora, improvisadora, gestora cultural y pieza clave en una infinidad de proyectos colectivos, su recorrido atraviesa el tango, el folklore, el jazz, la música contemporánea y todo lo que sucede en los bordes. Referente de una generación que piensa la música sin etiquetas rígidas, Sinkunas construyó una forma de hacer basada en el cruce, la escucha y la grupalidad, aun cuando su instrumento -el piano- suele invitar al repliegue y la soledad.

Después de un 2025 intenso, con giras europeas, premios y escenarios emblemáticos, Sinkunas presenta Las cuatro estaciones, su quinto disco como líder y el primero de piano solo completamente improvisado. Grabado en La Plata, en un piano centenario cargado de historia, el álbum se despliega también como un ciclo de conciertos a lo largo del año en La Biblioteca Café. En paralelo, Sinkunas volvió a abrir Unión y Perseverancia, el espacio cultural familiar en Berisso, reafirmando una idea de la música como encuentro, red y resistencia cotidiana.

—En este disco nuevo, básicamente improvisás. ¿Cómo es para vos enfrentarte así al piano, sin red y sola?

—Para mí es un proceso: primero, abrazar un poco el error, tirarse a la pileta y ver qué pasa. El error también es una forma de verdad. Y, segundo, hacer sola ese recorrido. Eso también lo siento en la vida. Aceptarme y entenderme desde ese lugar, porque siempre soy la pianista acompañante de muchos proyectos o la que está ahí, la que banca, y me encanta, es muy de mi personalidad. El plan de la grupalidad me divierte muchísimo, pero el del piano solo siempre me gustó. Fue un espacio muy personal que nunca mostré demasiado. Entonces ahora esto significa abrirme un poco más.

Referente de una generación que piensa la música como red, combina militancia artística y riesgo.
Foto: Antonio Becerra

—¿Y cómo organizaste esta presentación en estaciones a lo largo del año?

—Fue una idea medio loca que surgió por ahí. Hace mucho tiempo que quiero hacer un ciclo de pianistas y nunca lo pude concretar. Entonces esta sesión de Las cuatro estaciones fue una excusa buenísima para activar el ciclo, hacer una fecha cada dos meses e invitar a otros pianistas con los que me gustaría compartir. La primera, el 12 de febrero, la inicié sola. En la siguiente, el 9 de abril, va a venir Lito Vitale. Después tenemos otras dos en julio y septiembre, que ya anunciaré. Me copaba el plan del piano solo, a dúo o a cuatro manos. Al pianista en general le cuesta un poco eso.

—¿Va a ser todo improvisado?

—Voy a hacer improvisaciones y también voy a tocar cosas de mis discos anteriores. Tengo New York Sessions, que son versiones de temas en otro estilo. Uso la melodía para improvisar. Me encanta explorar diferentes ámbitos de la improvisación: la libre, la que tiene un contexto, una estructura, alguna pauta.

—Grabaste el disco en La Plata, pero los títulos remiten a barrios porteños. ¿Qué relación hay entre territorio y música?

—Es algo muy importante en este disco. El motor fue que tengo un piano. Es la primera vez que tengo uno propio. Llegó gracias a la colaboración de mucha gente. Es un piano de 1925, de Berlín, que perteneció a la familia de Sebastián Piana. Cuando apareció fue un montón. Yo me había mudado de Capital a La Plata, fue toda una removida. Encontrarme sola con el piano fue también encontrarme a mí. El piano estaba en Flores, ahora está en La Plata, como mi recorrido. Va por ahí en lo simbólico. Y también por encontrar un lugar. Siempre siento que estoy de gira en mi vida, dando vueltas, en función de los demás. Y ahora, con el piano en mi casa, sentí que ese era mi lugar. Volver a Berisso, a La Plata.

—Contá más de la historia del piano.

—Es una locura la historia. La mujer que lo tenía quería que quien lo recibiera fuera especial y lo cuidara. Un amigo me llamó y me dijo que fuera a verlo. Yo le dije: “No, no puedo tener un piano, no tengo lugar”. Me insistió hasta que lo logró. Fui, me emocioné: sonaba espectacular, todo era increíble. Entonces le conté mi historia a la señora y me dijo: “El piano tiene que ser tuyo”. Se juntó el dinero y conseguí el piano. Cuando decidí grabar, ya con el instrumento acomodado, dije: bueno, voy a improvisar.

Pianista, compositora e improvisadora, Sinkunas construyó una identidad sin etiquetas rígidas.
Foto: Antonio Becerra

—¿Por qué las estaciones?

—Un amigo me propuso la idea. Hablamos de Las cuatro estaciones de Vivaldi y de Piazzolla, pero la llevé hacia el conurbano, hacia mi experiencia, la de la gente que va y viene todos los días en tren. Las estaciones como lugares donde confluyen personas, energías, movimientos. También incluí una improvisación sobre “Adiós Nonino”, que sentía que tenía que estar. Retiro también es una estación.

—En uno de los textos decís “piano solo somos vos y yo y muchas almas atrapadas en tu siglo”. ¿Quiénes son esas almas?

—Tengo la idea de que los instrumentos queridos vienen con fantasmas. De este piano me di cuenta enseguida de que tenía un gran valor para la señora que me lo mostró. No económico: sentimental. En ese piano no solo tocaron personas: también hubo gente cantando alrededor, otros músicos. Andá a saber las miles de historias que debe tener. Entonces siento que un instrumento así viene con almas y que tengo que conocerlas. Un día estaba mi prima y dijo que escuchó una teclita sonar sola. Le dije: “Viene así, el piano debe tener sus fantasmas”. Tiene 100 años y lo tocó gente que le tenía cariño, estoy segura, porque es un piano hermoso. Así que será cuestión de conocer a los fantasmas y llevarnos bien.

—Venís de tango, folklore, jazz. ¿Este disco es una síntesis?

—No. Al ser parte del mundo de la improvisación libre, está más ligado al jazz. Pero yo lo siento muy ligado a la música clásica. Algo del sonido de este piano me hizo tocar distinto. En un momento sentí que era medio Beethoven; en otro, medio Chopin. La improvisación que hice va un poco por ese lado. Pero el mundo de la música clásica es complejo. Cuesta decir que hay música nueva dentro de ese género. No sé si encaja decir que hice música clásica. Entonces la improvisación queda más ligada al jazz.

—¿Qué lugar ocupa este proyecto tan íntimo en un año con tantos proyectos?

—Estoy tratando de encontrarle ese lugar al piano solo para no olvidarme de mí, porque siempre estoy con mil proyectos. Un poco significa eso: autoayudarme.

—¿Cómo vivís este momento tan complejo para la música independiente?

—Siento que tengo muchos músculos de remar y entiendo que por ahí otros no los tengan. Siempre la idea es hacer red y colaborar. El problema es quedarse quieto, porque te agarra un bajón zarpado. Todos los que trabajamos de manera independiente transitamos emociones, frustraciones y cosas que pasan en este país, donde todo el tiempo parece estar todo mal. Pero la verdadera batalla se da cuando estás creando algo y encontrás tiempo para eso, sea pintar, hacer una canción u organizar un encuentro de editoriales. Cuando generamos algo nuevo que no estaba antes, ahí ganamos. Más allá de lo económico, que es recontra importante y muy difícil en esta etapa. Ya el hecho de juntarse a componer o a armar un festival suma para combatir el bajón.

—¿Y cómo viene tu 2026?

—Muy a full. Arrancó con la gira de Mocchi en la Patagonia. Pasamos por la Costa Atlántica y cerramos en Capital, en el Tasso. Después viene la presentación de Las cuatro estaciones y el ciclo de pianistas. También voy a hacer una gira en Europa con el cuarteto y presentaciones en Galpón B. Ya tengo fecha para el 20 de marzo. Ahí voy a estar tocando un poquito de todo, de Salve, Unión y Perseverancia, con invitados sorpresa. A ver si logramos ir con el cuarteto a provincias a las que todavía no llegamos. También estoy con el proyecto Piazzolla Electrónico, de Nico Sorín, con la idea de un ciclo anual. Y con YSY A tenemos algunas fechas próximas. Con Cucuza Castiello también vamos a estar en el ciclo El tango vuelve al barrio.



¿Cuándo?

Las cuatro estaciones se presentará a lo largo del año en La Biblioteca Café (Marcelo T. de Alvear 1155, CABA). Fechas pendientes:
Otoño – Jueves 9 de abril.
Invierno – Jueves 13 de agosto.
Primavera – Jueves 10 de septiembre

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Las cuatro estaciones – Noelia Sinkunas

I. «Constitución: La génesis».
II. «Flores: La transición».
III. «La Plata: El regreso».
IV. «Retiro: ‘Adiós Nonino’”.




Un espacio para el encuentro

En agosto de 2025, Noelia Sinkunas reabrió Unión y Perseverancia, el espacio cultural que su abuelo y su papá habían montado en el fondo de la casa familiar en Berisso. Ubicado en la esquina de 13 y 153, el lugar volvió a llenarse de música en vivo, peñas y encuentros, con una lógica muy distinta a la de un bar tradicional.

“Al volver a la zona, sentí que había muchísimo para hacer y que faltaban espacios y movidas así”, explica la pianista. “No abre todos los días. Abrimos ese día y ya. Es un espacio de encuentro específico”.

La gestión es completamente familiar: participan su papá, su mamá, su hermano, su hermana, su tía, primos y amigues. Cocinan, reciben al público y arman cada fecha como un ritual colectivo.

El espacio convoca a gente del barrio, pero también a público que llega desde Capital. Unión y Perseverancia funciona una vez por mes, generalmente el tercer sábado, y propone una mezcla diversa de públicos, generaciones y estéticas, reafirmando una idea de cultura cercana, afectiva y profundamente comunitaria.

“La gente del barrio está muy contenta y cada vez que lanzamos la difusión se llena al toque. Estamos aprendiendo mucho porque no somos bolicheros”, cuenta. “Mi papá, que es guitarrista de música popular, siempre abre el concierto con algún amigo cantor”. En cuanto al público: “Mezclamos todo, es muy variado: público disidente, LGTB, gente grande, gente del barrio; todo confluye”.

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