El anuncio llegó horas después de que el Gobierno decretara el estado de emergencia y un toque de queda y de que miles de manifestantes marcharan a la oficina del todavía primer ministro Ranil Wickremesinghe para exigir que también se fuera.

Protestas de manifestantes en el palacio del Primer Ministro de Sri Lanka.
Los manifestantes exigen que el primer ministro Ranil Wickremesinghe renuncie al mismo tiempo que Rajapaksa, quien había prometido hacerlo hoy, acorralado por la peor crisis económica y política de la historia de esta isla de 22 millones de habitantes ubicada al sur de India.
Un grupo de mujeres y de hombres rompieron la barrera impuesta por los militares y penetraron en el despacho del primer ministro agitando banderas del país, a pesar de que la policía y el ejército intentó detenerlos lanzándoles gas lacrimógeno y cañones de agua, informó la agencia de noticias AFP.
Manifestantes antigubernamentales irrumpieron también en la sede del principal canal de televisión público de Sri Lanka y aparecieron brevemente en emisiones al aire, según imágenes de esa cadena.
En la que hasta hoy era la jornada más dramática de tres meses de protestas, el sábado pasado una multitud invadió el palacio presidencial, precipitando la huida del mandatario Rajapaksa, que en la noche del martes huyó en avión a la vecina Maldivas.
El primer ministro Wickremesinghe, nombrado etse miércoles presidente interino por Rajapaksa, según anunció el Parlamento, salió al aire poco después por cadena nacional de radio y televisión y pidió al Ejército y a la Policía que hicieran «lo necesario para restablecer el orden».
El país casi agotó sus reservas de combustible y el gobierno ordenó el cierre de las administraciones no esenciales y de las escuelas para reducir los desplazamientos
Los manifestantes «quieren impedir que cumpla con mis responsabilidades como presidente en funciones. No podemos permitir que los fascistas tomen el control», señaló.
Antes, un portavoz de su oficina anunció que se declaraba el estado de sitio para hacer frente a la situación del país.
De su lado, la policía anunció un toque de queda por tiempo indeterminado en la provincia occidental, donde está Colombo, para contener las protestas.
La Constitución prevé, en caso de renuncia del presidente, que el primer ministro asuma ese cargo de manera interina hasta la elección por parte del Parlamento de un diputado que ejercerá el poder hasta el final del mandato en curso, es decir noviembre de 2024.
Rajapaksa, de 73 años y miembro de una dinastía política que ha gobernado Sri Lanka la mayor parte de las dos últimas décadas, partió junto a su esposa y un guardaespaldas a bordo de un avión Antonov-32 que despegó del aeropuerto internacional de Colombo, aseguraron funcionarios de migración.
«Se sellaron sus pasaportes y embarcaron en el vuelo especial de la fuerza aérea», dijo un funcionario.
Una fuente del aeropuerto de Malé, la capital de Maldivas, confirmó la llegada del presidente, quien fue trasladado a un sitio no revelado después de aterrizar en ese archipiélago situado al sureste de Sri Lanka, en el océano Índico.
El avión estuvo retenido durante más de una hora en la pista sin poder despegar tras una confusión sobre el permiso para aterrizar en las Maldivas, según funcionarios del aeropuerto.
Al mismo tiempo, la multitud continuaba agolpándose en el palacio presidencial por quinto día seguido en una atmósfera festiva.
«La gente está muy contenta, porque esas personas robaron a nuestro país», explicó Kingsley Samarakoon, un empleado público jubilado de 74 años.
«Robaron demasiado dinero, miles y miles de millones», agregó.
La partida del presidente fue complicada. El martes fue rechazado de manera humillante por los agentes de inmigración en el aeropuerto de Colombo.
Los empleados de inmigración le negaron el acceso a la sala VIP para sellar su pasaporte. Rajapaksa quería evitar el terminal público por temor a una reacción adversa de la gente.
Como no renunció, Rajapaksa goza aún de inmunidad presidencial.
El mandatario y su esposa pasaron la noche previa al viaje en una base militar cerca del aeropuerto internacional tras haber perdido cuatro vuelos con destino a Emiratos Árabes Unidos.
Su hermano Basil, que dimitió en abril de su cargo como ministro de Finanzas, tampoco pudo abordar un avión hacia Dubái.
En su huida, el presidente esrilanqués dejó atrás un maletín lleno de documentos y con 17,85 millones de rupias (49.000 euros), que ahora están bajo custodia de las autoridades.
Rajapaksa está acusado de una mala gestión de la economía, llevando al país al caos y a una crisis profunda por la falta de divisas, lo que hace imposible financiar las importaciones de productos esenciales para la población de 22 millones de habitantes.
Sri Lanka declaró una moratoria de su deuda por 51.000 millones de dólares en abril y está en negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para recibir un préstamo.
Además, el país casi agotó sus reservas de combustible y el gobierno ordenó el cierre de las administraciones no esenciales y de las escuelas para reducir los desplazamientos.
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