Las petroleras aprovecharían para cubrirse de sus mayores costos, por lo que el incremento final sería de entre 3 y 5 por ciento. En julio el ajuste podría ser mayor.

La normativa actualiza los impuestos sobre los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, que son una suma fija dentro del precio final de venta. Los mismos subirán en conjunto $ 10,74 en el caso de las naftas y $ 13,64 en el gasoil.
La aplicación de los nuevos valores implicará una suba de entre 1% y 1,2% en el caso de que las petroleras decidan trasladarlo a los consumidores. Pero como ocurrió en los últimos meses, el aumento sería bastante mayor, ya que las compañías podrían agregar otros factores como la variación del 2% mensual en el precio del dólar (ya que una parte del crudo que se refina en el país es importada).
En los últimos meses, además, las empresas aprovecharon circunstancias similares para aplicar incrementos adicionales con el fin de recomponer sus márgenes de ganancia. Por eso se especula que el aumento final será de entre 3 y 5 por ciento.
Ambos impuestos, conocidos en la jerga como ICL e IDC, deberían actualizarse trimestralmente. En los últimos años, el Ejecutivo tomó como costumbre posponer o suavizar esos ajustes para minimizar el impacto en los consumidores. Por esa razón se generó un atraso que el gobierno ahora busca compensar. En ese sentido, el incremento que se aplicará el mes entrante corresponde al cuarto trimestre de 2023.
El “delay” continuará por algún tiempo. Los considerandos del decreto señalan que “con el fin de estimular el crecimiento de la economía garantizando un sendero fiscal sostenible, resulta razonable diferir parcialmente los efectos de los incrementos que resultarían aplicables a partir del 1° de junio de 2024 para la nafta sin plomo, la nafta virgen y el gasoil”.
Sin embargo, ese saldo pende como una espada de Damocles sobre la cabeza de los consumidores, ya que la norma adelanta que “para los hechos imponibles que se perfeccionen desde el 1° de julio de 2024, inclusive, deberá considerarse el incremento total en los montos de impuesto”. Si eso ocurriera, la suba en el precio final de las naftas rondaría el 20 por ciento.
Ante el impacto inflacionario de un aumento de ese tipo, no se descarta que antes de esa fecha desde el Ministerio de Economía se disponga una nueva postergación de parte de ese ajuste impositivo. Sobre todo teniendo en cuenta que, como consecuencia de las subas de precios (que rondan el 200% desde el inicio del gobierno de Javier Milei) y de la recesión imperante, la demanda de combustibles cayó fuertemente.
Según datos de la Secretaría de Energía, en abril el consumo en estaciones de servicio cayó un 13,74%. Además de la retracción, hubo un fuerte desplazamiento de la demanda en perjuicio de los productos más caros: en nafta Premium el descenso fue de 24,21%, lo que significa que muchos conductores optaron por combustibles de menor calidad pero más baratos.
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