Los veranos asfixiantes suelen condicionar la actividad humana y el cine lo sabe. “La ventana indiscreta”, “Haz lo correcto”, “S.O.S. verano infernal”, “Un día de furia” y “La Ciénaga” confirman que algo está por pasar…

La ventana indiscreta (1954), con: James Stewart, Grace Kelly, Thelma Ritter, Raymond Burr, Judith Evelyn, Wendell Corey
Del maestro Alfred Hitchcock, y según un criterio narrativo que fue escuela, casi dogma, durante buena parte del Siglo XX: el de contar todo desde el punto de vista del protagonista. En ella, el reportero gráfico Jeff -que interpreta James Stewart-, sufre una fractura y debe guardar reposo casi total en medio de una las no tan extrañas olas de calor en Nueva York. Sin celular, series, siquiera generosa oferta televisa, Jeff se pone a mirar por la ventana a sus vecinos. Ve más de lo habitual: el calor lleva a la gente a levantar las persianas de sus departamentos más que de costumbre. Jeff ve lo que no suele ver: por falta de tiempo dedicado a mirar, y porque ahora ve más de lo que tiene memoria haber visto. Y ve un llamativo bulto, con llamativos movimientos del vecino que lo mueve, y escucha llamativos ruidos que asocia con las otras cosas que le llamaron la atención. Un bella joya de cómo se puede decir tanto y ofrecer tantas interpretaciones a partir de una sola mirada. Ya no suelen hacer películas así. El calor que apoltrona es una buena oportunidad para visitarla.
La otra es S.O.S. verano infernal. Allí, ubica su trama en la Nueva York de 1977, en medio de la ola de calor que resultó en el apagón más importante e histórico de la ciudad. En ese verano, Lee encuentra un punto de inflexión que a su vez es de clivaje, entre el Estados Unidos que lo vio nacer y lo crió (el del Estado de Bienestar, pese a la discriminación racial que sufrió su comunidad) y el que se anunciaba aunque pocos lo podían ver: el del neoliberalismo, que tendría en Ronald Reagan su primera y acaso máxima expresión. Otra obra maestra de cómo leer desde el arte, en este caso, un momento histórico crucial.
Un día de furia (1993), con: Michael Douglas, Robert Duvall, Barbara Hershey, Rachel Ticotin, Lois Smith, Tuesday Weld, Frederic Forrest, Kimberly Scott.
El calor abandona Nueva York y se instala en Los Ángeles. El casi siempre efectivo Joel Schumacher consigue hacer empatizar al espectador con Bill Foster, el personaje de Michael Douglas. En una jornada de agobiante calor (como las que se vivieron en Buenos Aires), ante el colapso del tránsito (hay que “agradecerle” a la crisis desatada por Macri, ya que con bonanza económica la cantidad de autos sería otra), de repente, un ciudadano normal se cansa, sale de su auto y empieza a destruir todo lo que encuentra a su paso. El oficial de policía interpretado por Robert Duvall intentará poner fin a su violencia y agresividad. Si bien la disputa queda en un mano a mano entre ellos dos, el film tiene algunas escenas que ponen evidencia el estado demencial al que llevaron las relaciones sociales un sistema comercial y de producción. Foster es un verdadero anticipo del Bombita que popularizaría Ricardo Darín en Relatos salvajes (2014), el film de Damián Szifrón.
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