La exposición, que se realiza en el MALBA, reúne más de 50 obras de la artista colombiana, pionera mundial en la tarea de hacer del tejido una obra de arte.

Como dice el texto oficial del MALBA, esta exposición “abarca desde la década de 1960 hasta principios de los 2000 e incluye diversas etapas del desarrollo artístico de Olga de Amaral. Más de cincuenta obras de colecciones públicas y privadas de Bogotá, Medellín y Nueva York conforman este recorrido de seis décadas”. Es un cuerpo creativo “de gran fruición visual y experimentación material”. Y sus creaciones -aquí reunidas- adquieren carácter universal.
Así, el gran desarrollo estético y antropológico que logró Olga de Amaral, nacida el 19 de febrero de 1932 en Bogotá, “deja sin valor interrogantes en torno al estatus artístico del arte textil”. Y el MALBA profundiza: “La antigua tradición del textil en las comunidades andinas y la dimensión vernácula de los materiales (como la lana o la crin de caballo) se inscriben en su obra desde una perspectiva actual que interroga la espacialidad y el cuerpo”.
Y a todo ello busca hacerle justicia Cuerpo textil: es la primera exposición individual en el país y su gran retrospectiva antológica en Latinoamérica. La muestra posee la doble curación de María Amalia García -jefa de curaduría en el MALBA- y de la francesa Marie Perennès, quien ya había tenido un rol similar en la exhibición de 2024 en la Fundación Cartier de París. Además de las obras expuestas, la exposición en el MALBA incluye archivos inéditos, diseño de indumentaria y un amplio catálogo con investigaciones curatoriales.
¿Y qué se puede ver a lo largo del recorrido por tantas décadas de inspiración de Olga de Amaral? ¿Qué sentidos y experiencias activan los cuerpos tejidos -en múltiples tramas y materiales- de la artista colombiana? Responde la curadora María Amalia García: “La producción de Olga tiene tres líneas fundamentales. Por un lado es la transformación y experimentación material con fibras, lana, crin de caballo, lino, algodón, y después incorpora el gesso para poder trabajar las superficies del textil y obtener esos fondos dorados”.
Luego “hay una fuerte experimentación y transformación del procedimiento. Olga de Amaral empieza trabajando en un tapiz, pero del que luego se libera: en algún sentido se desprende de los límites que le impone el telar. Ya en 1970 va a estar presentando unas piezas de grandes dimensiones y por eso hablamos de muros tejidos -porque tienen dimensiones murales- y también están los distintos procedimientos que inventa para trabajar las fibras: los entrelazados, los anudados y los trenzados, para poder tener mucha variabilidad”.
Y la tercera línea es “la base del textil precolombino o de las culturas antiguas -dice García- y no sólo latinoamericanas”. Olga de Amaral estudió Dibujo Arquitectónico en el Colegio Mayor de Cundinamarca y en 1952 se formó en textiles en la Academia de Arte Cranbrook, en Michigan. Allí conoció al diseñador y pintor Jim Amaral, con quien se casaría en 1958. Ya en los ‘60 participó en exposiciones como Wall Hangings, en el MoMA de Nueva York, antes de presentar su muestra individual Woven Walls en el Museo de Artes y Diseño en 1970.
Sintetiza el MALBA: “Tras vivir en Barcelona y París a comienzos de los años ‘70, Olga regresó a Colombia, representó al país en la Bienal de Venecia de 1986 y tuvo su primera gran retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Bogotá en 1993. Ha realizado cerca de cien exposiciones individuales y participado en más de cien colectivas. Su obra integra colecciones permanentes de instituciones como el Banco de la República, el MoMA y el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museo de Arte Moderno de París y el de Kyoto”.
Al ver sus producciones se entiende por qué son pioneros los muros tejidos de Olga de Amaral: “Ella empieza a trabajar en un momento en el cual el arte textil se renueva, luego de la Segunda Guerra Mundial: en los años ‘50 y ‘60. En el ‘67, Olga fue la primera latinoamericana invitada a exponer en la Bienal de Lausanne, Suiza, que es específica de fiber art, y estuvo con figuras como Magdalena Abakanowicz, Sheila Hicks o Lenore Tawney. Y ya en el ‘69 fue invitada a exponer en Wall Hangings en el MoMA de Nueva York”.
¿En qué consistió la curación de su obra en la muestra Cuerpo textil en el MALBA? Contesta María Amalia García: “Nosotros decimos que es la primera gran retrospectiva de Olga de Amaral en Latinoamérica en los últimos treinta años porque, precisamente, permite visualizar desde sus primeras piezas, que son los entrelazados, hasta sus series más importantes, como pueden ser los muros tejidos, los entornos quietos, los lienzos ceremoniales, las Estelas y las Brumas. Hay una gran representatividad de la artista”.
Y la curadora revela algo central: “El año pasado yo realicé un viaje a Bogotá. Si bien ya valoraba mucho su trayectoria, el haber conocido a Olga -que tiene 93 años y no puede viajar a la Argentina- y ver su taller y sus piezas fue muy estimulante. Eso le dio mucho sentido a lo que estamos exponiendo”. ¿Cómo describe hoy María Amalia García el goce que se genera al recorrer la muestra? “Su obra es muy espectacular. La producción de Olga tiene que ver con el disfrute visual: eso es lo impactante y aquí está muy bien representado”.
La exposición “tiene que ver con, como Olga misma dice, utilizar el tapiz como un modo de organización espacial -explica García-. Hay obras enormes y hemos reunido 47 piezas textiles y más de 15 dibujos, junto con los textos de sala que van ayudando a entender el recorrido”.
Y a comprender, por ejemplo, cómo operaba la exploración de Olga de Amaral con el color dorado: “En un punto se relaciona con la producción de orfebrería de la antigua cultura Muisca -prosigue García- y también con el dorado colonial de los retablos de las iglesias de los siglos XVII y XVIII. Pero Olga también señala como importante el conocimiento de la técnica japonesa kintsugi, de reparación de cerámica con dorado, que aprendió de la ceramista británica Lucie Rie. El universo de Olga de Amaral no se acota a Latinoamérica”.
¿Y cómo operaba el textil andino en sus creaciones? “Cuando ella conoce Perú en ‘69 -evoca García- queda impactada por Machu Picchu y por los campesinos hilando: no sólo por las culturas indígenas, sino también por los campesinos actuales. Y también la impactaron los mercados de Colombia. Por ejemplo, los elementos de lana que usaban los campesinos, como las ruanas. Todos estos materiales engrandecieron las producciones de Olga de Amaral”. Y de todo ello hablará el catálogo de la muestra: de sus vínculos artísticos, de su influencia en la arquitectura y de su poder inspirador a nivel local e internacional.
El catálogo “también rescata a otras artistas colombianas tejedoras como Graciela Samper, Stella Bernal de Parra o Marlene Hoffman. Lo que produjo Olga de Amaral se insertó en una comunidad que trabajó el textil de una manera inédita”, describe García. Y fue importante el rol docente de Olga: “Con su hermana Elena Ceballos fundaron en la Universidad de Los Andes, en Bogotá, la primera carrera de arte textil, de ‘68 a ‘72, y su proyección continúa. Otros artistas colombianos también crecieron gracias a la enseñanza de esa escuela”.
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