
No estoy diciendo que Putin sea bueno (reconozco que sus discursos nacionalistas me gustan más que los arterioescleróticos de Biden), sino que los medios del mundo ejercen unos niveles de hipocresía notables. Una semana antes del comienzo de la guerra, la OSCE registró miles de ataques y explosiones en la zona del Donbass por parte de las milicias neofascistas ucranianas. Por su parte el New York Times reportó que EE UU estaba por instalar 26 laboratorios de guerra bacteriológica en Ucrania. Ni hablar de la cantidad de informes sobre las milicias, como Batallón Azov. Y, de repente, todo desaparece de los medios. Zelensky pasa de ser un comediante mediocre a ser el paladín de la democracia. Biden, que hasta ha sido capaz de darle la mano al aire y de no hilar una oración, se convierte en el defensor del «mundo libre» (¿supongo que eso debe ser Arabia Saudita?). Y cuando sale la noticia de que fue la OTAN que voló el gasoducto Nord Stream II, los diarios se llenan del «terrible» peligro del globo espía chino… ¿En serio globo espía? ¿En la época de los satélites? Ah no, por ahí era una nave alienígena. No lo digo en chiste: eso escriben mis amigos yanquis que tendrán doctorados pero no neuronas.
Esperaba que la guerra durara poco, pero no tomé en cuenta que la estrategia norteamericana es mucho más compleja. La guerra es genial, primero porque desangra a Rusia, y aunque gane Ucrania va a estar devastada. Malditos eslavos. Luego, porque vendemos pilas de armas. Ni hablar de que por ahí provocamos a los chinos a desatar un conflicto con Taiwán y le hacemos lo mismo que a Rusia. Más el bonus track: les arruinamos el crecimiento económico a esos europeos que se atreven a querer independizarse. Y por último obligamos a alinearse a todos esos díscolos que pensaban que podían liberarse de la sombra yanqui usando la carta china o rusa.
La contrapartida es la situación económica de occidente muy afectada por la guerra… Si bien EE UU piensa que pueden aguantar más y mejor. Luego, lanzó a Rusia a brazos chinos con desesperación y aumentó el resentimiento popular contra EE UU a través del mundo. Una cantidad importante de sus ciudadanos prefieren a Trump precisamente porque no invadió a nadie. Y, por último, muchos países se dan cuenta que si no consiguen margen de maniobra frente a Washington pueden ser sacrificados sin problemas. De ahí el resurgir del no alineamiento de naciones como India.
Me impacta el tema de los medios. No les digo hegemónicos porque en realidad son excluyentes. Obama y Biden invaden, asesinan, bombardean muchísimos países. Israel asesina palestinos todos los días. La situación de los DD HH en Indonesia es un horror. Los neonazis ucranianos violan y matan miles de ciudadanos indefensos. Ucrania es uno de los países más corruptos (según índices yanquis así que imaginen la realidad). Pero nada de esto sale en los medios. Uno se entera por las redes sociales, y quizás por eso ahora Washington trata de ejercitar la censura de ellas.
Nada de esto debería ser novedad. Estados Unidos siempre usó el mismo criterio, censura de lo crítico y un discurso cerrado de la narrativa de vaqueros contra indios. Está lleno de películas donde John Wayne asesina a los “malditos pieles rojas” (obvio que el color de piel revela que eran en realidad comunistas). Ni hablar de las de Bourne y tantas otras donde el estado te desaparece, tortura, controla, manipula todo sin supervisión de la ciudadanía. Esa narrativa se aplica a la política. Al igual que en La diligencia de John Ford, donde los indios son sombras salvajes y los mexicanos traidores y cobardes: hay que asesinarlos para salvar nuestro modo de vida. El tema es que esta visión es terriblemente seductora, donde el fin justifica los medios, sobre todo cuando se acompaña de una educación patriotera y de aumentos en los niveles de ignorancia popular.
Zelenzky es bueno, no porque lo sea, sino porque está “con nosotros”, o sea es el Gunga Din de Ucrania. Biden tiene razón, o da un gran discurso, o es un gran líder, no porque lo sea sino porque los medios insisten que es así. Lo mismo con Putin, presentado como una bestia sedienta de sangre, expansionista, y no como un líder nacionalista y absolutamente racional. Y una última línea: si Putin fuera racional entonces EE UU no tendría la menor excusa para no sentarse a negociar un fin de esta guerra. Pero no les conviene, ni a ellos ni a Zelenzky y sus neonazis. «
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Un articulo valiente y de clara vision. En esta oscura etapa que vive el periodismo manejado por intereses espurios. Gracias Pablo. de
Esta nota es prorusa y sin sentido