Columna de opinión
Por caso, una consecuencia negativa de esta conducta se expresó en la sospechosa torpeza con la que su vicecanciller, Carlos Foradori, anudó un documento conjunto con el Reino Unido. Si bien el texto fue avalado por Malcorra, quien lo consideró como un avance inédito en las negociaciones, lo cierto es que, además de los riesgos negativos que implican los compromisos argentinos allí estampados, el gobierno inglés tardó muy poco en demostrar que su política colonial no ha cambiado un ápice al anunciar para los próximos días una serie de ejercicios militares en las Islas Malvinas.
El pasado 5 de octubre ante los senadores que integran la comisión de Relaciones Exteriores, la propia Malcorra, acompañada por un retraído Foradori, intentó explicar y justificar dicho documento al que denominó comunicado de prensa y hoja de ruta, como si se tratase de lo mismo.
Pero más allá de ese detalle y si se mira con detenimiento lo que quedó registrado en la versión taquigráfica de esa jornada, la canciller incurrió en lo que se puede considerar una falta a la verdad cuando afirmó que se había logrado un espacio de diálogo amplio con el Reino Unido (RU) y que además acepta la referencia a la cuestión de la soberanía que está en disputa.
La temeraria afirmación de la canciller se da bruces con la verdad porque el texto del documento que acordó Foradori con su par británico, Alan Duncan, hace referencia al párrafo 2 de la Declaración Conjunta del 19 de octubre de 1989 donde surge la figura del paraguas o fórmula de salvaguardia de la soberanía para preservar la posición argentina, y también la británica, al discutir cualquier otro tema menos la soberanía.
Entonces, si fuera como dijo la canciller que el RU acepta la referencia a la cuestión de la soberanía está justificado preguntar ¿por qué habría que preservarla?
En otro momento de esa reunión con los senadores, Malcorra se refiere a otro párrafo del acuerdo y que dice que se acordó adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas. Esa oración generó urticaria tanto en el arco político opositor (y en algunos oficialistas) como de buena parte de la línea del Ministerio que descree de la firmeza y honestidad ideológica de la conducción política del Ministerio a la hora de defender los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas. Y es que esa inquietante y criticada frase pone en realidad en un pie de igualdad la corresponsabilidad de ambos Estados a la hora de generar lo que se denominó como obstáculos.
La Argentina reclama su soberanía sobre las islas y, por lo tanto, se vuelve incomprensible que, ante actos unilaterales del RU, se pueda considerar como obstáculos que perjudican el desarrollo económico del enclave colonial la decisión del Estado argentino de dar por finalizada la declaración conjunta sobre hidrocarburos y suspender las reuniones la Comisión de Pesca del Atlántico Sur.
En su presentación ante el Senado, Malcorra realizó una afirmación que, como las recién descritas, genera ruido. Sostuvo que la Argentina sigue manteniendo sus posiciones inequívocamente en todos los foros, sigue hablando con todos en los mismo términos, mientras se busca una forma que cree puede ayudar a una encontrar una solución.
En los pasillos del Ministerio, que ahora dice conducir full time, es vox populi que desde la llegada de la nueva conducción se ha relativizado el lenguaje sobre Malvinas en algunas declaraciones y se relajaron las acciones de rechazo y reacción ante el creciente lobby británico en la región para conseguir, entre otros, un abastecimiento menos oneroso de las islas desde algunos países del Cono Sur latinoamericano.
Malcorra, cuando estuvo con senadores, consideró que el documento representa un avance que busca una alternativa a los caminos elegidos por las anteriores gestiones en el histórico litigio. Sin embargo, dicho avance parece haber encontrado ahora sí un verdadero obstáculo cuando en las últimas horas se conoció la decisión del Reino Unido de realizar, entre el 19 y el 28 de octubre próximo, ejercicios militares en Malvinas que incluye además el lanzamiento de misiles.
Foradori, el mismo que en septiembre acordó la hoja de ruta que a los ojos del gobierno acercó a la Argentina con Inglaterra, convocó al embajador británico en la Argentina, Mark Kent, a quien le entregó una nota de protesta que definió como enérgica y donde se exigió que el RU se abstenga de concretar dichas maniobras.
La decisión que tomó el gobierno inglés es posible considerarla como una prueba de que la llamada hoja de ruta o comunicado de prensa, como lo bautizó Malcorra y que la Cancillería inglesa define como acuerdo, sólo se limita a una lista taxativa de los intereses que pretende el gobierno inglés y no otra cosa.
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