Los familiares y amigos del fotoperiodista que fue gravemente herido por un disparo de gas lacrimógeno en la cabeza durante una protesta en Plaza Congreso confirmaron que la intervención “salió bien” y agradecieron “los rezos, las energías y toda la buena vibra que enviaron”.

“A través de un procedimiento endoscópico por las vías nasales se encontró la perdida y la sellaron. Ahora hay que esperar unos días para ver la evolución”, detallaron los voceros de la familia en la puerta del hospital Ramos Mejía, donde Pablo se encuentra internado en terapia intensiva desde el 12 de marzo, cuando un efectivo de la Gendarmería Nacional le disparó un cartucho de gas lacrimógeno que le impactó en la frente, provocándole una fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica.
“A Pablo se le van a realizar punciones lumbares para quitarle presión”, agregaron desde el entorno del fotógrafo y agradecieron “por los rezos, las energías y toda la buena vibra que enviaron”.
La causa judicial, que inicialmente no había avanzado, comenzó a moverse cuando la jueza federal María Romilda Servini pidió a la Gendarmería el legajo completo del cabo primero Guerrero, el agente involucrado en el ataque.
En el expediente judicial también se están recopilando fotos, registros públicos y grabaciones de las cámaras de seguridad de la Ciudad, que podrían arrojar luz sobre los hechos.
La familia y organismos de derechos humanos reclaman que se identifique a los responsables y se garantice justicia, para que el ataque al trabajador de prensa no quede impune.
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