De la pandemia a la crueldad: el devenir de la sociedad argentina en estos años

Por: Equipo de Información General

En estas 500 tapas se narró el ajuste macrista en 2016-2019, que sentó las bases para la actual motosierra de La Libertad Avanza. Lo que significó la llegada del Covid-19, fenómenos sociales en ascenso y la crueldad mileísta contra los más vulnerables.

Si hablamos de qué pasó a nivel sociedad desde el primer número cooperativo de Tiempo hace poco menos de diez años hasta hoy, caeríamos en el lugar común de que pasó una vida. Aunque no estaríamos faltando a la verdad. En abril de 2016 no se hablaba de Inteligencia Artificial, el Garrahan no era objeto de ataques, la Argentina no había desmantelado su sistema de desarrollo satelital y nuclear, y nadie conocía qué era una pandemia.

En el medio pasaron cosas. Y nuestro diario, ya bajo un nuevo modo de hacer periodismo y autosustentarse, buscó siempre contarlas con una mirada singular y tratando de mantener una agenda propia. Ciencia, educación, salud pública, vivienda, urbanismo, ambiente, represión, fenómenos sociales y desigualdades que se profundizan. De todo eso estuvieron plagadas las páginas de Información General de Tiempo en estos años cooperativos.

Así, por ejemplo, dimos cuenta del ajuste macrista en Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires entre 2016 y 2019, que sentó las bases para lo que hoy es la motosierra mileísta. Ya en esos años se atacaba a las universidades, se cerraba el Conectar Igualdad, se reprimía en las marchas, con idénticos funcionarios a los de hoy.

Tiempo siguió el caso Santiago Maldonado, contó las muertes de Sandra y Rubén en la escuela de Moreno, con advertencias desoídas (“hay muchas otras escuelas que en cualquier momento pueden explotar”); narró el drama de la falta de vacantes en escuelas y jardines públicos de CABA; los negociados del macrismo como los bolardos, por los que se pagan millones de pesos en licitaciones con empresas “amigas”, y relató fenómenos como los ricos y la aristocracia al gobierno, escenificado en Mercedes de las Casas, la diputada Pro que enseñaba cómo conseguir mucama.

En la sociedad se extendía la telemedicina, el negacionismo, los barrios cerrados, las fake news. Aparecían matanzas institucionales amparadas en la mano dura, como la madrugada del 20 de mayo de 2019 en San Miguel del Monte, cuando cuatro policías persiguieron y dispararon contra un auto en el que viajaban cinco jóvenes. Cuatro pibes murieron. También asesinatos que marcaron a la sociedad, como el de los rugbiers a Fernando Báez Sosa el 18 de enero de 2020 en Gesell. Hasta que llegó el Covid-19.

Un antes y un después

Todo cambió en la sociedad. La primera pandemia en un siglo. Al principio se aplaudía a médicos, doctoras y enfermeras que enfrentaban eso desconocido en el campo de batalla. Se miraban las cadenas nacionales donde Alberto Fernández compartía con mandatarios de diferentes signos políticos. Las diapositivas. La pregunta tan ingenua como destemplada era si íbamos a salir mejores.

Virtualidad. Lo bien que hubiese venido Conectar Igualdad para achicar la brecha digital. El Estado presente. Trabajadores esenciales. Barbijo. Distancia de dos metros. Las novedades de cuándo iban a llegar las vacunas. El pedagogo italiano Francesco Tonucci decía entonces a Tiempo: «Cuando empecemos de nuevo, deberemos inventar otra escuela».

Pero la cuarentena se extendió, las muertes se multiplicaron (aunque la Argentina fue el país de la región con mejores números en cuanto a cantidad de fallecimientos evitados), escándalos oficiales como el de las vacunas y “la foto de Olivos”. Cambió el clima de época, creció el negacionismo, los antivacunas, las marchas opositoras lideradas por Patricia Bullrich, las redes como el territorio en el cual se dirimían y se amplificaban las discusiones y los temas. La pérdida de la calle. Una juventud fragmentada, desconexión social, desigualdad, la salud mental como reflejo de época, la automedicación.

Con periodistas como Luciana Rosende, Nicolás G. Recoaro, Gastón Rodríguez, Federico Trofelli, Gustavo Sarmiento, Gabriela Figueroa, Martín Suárez y Javier Borelli, colaboradoras/es como Solana Camaño, Facundo Lo Duca, Pablo Díaz Marenghi y Magdalena Biota; y la edición exacta y formadora de Pablo Taranto durante los primeros 6 años cooperativos, Tiempo daba cuenta desde el territorio sobre temas invisibilizados en los grandes medios, devenidos en empresas con intereses económicos que exceden largamente a lo periodismo.

Así aparecían la sequía del Paraná (“crónica de un río seco”), la lucha por un pedacito de tierra en Guernica, la extranjerización de la tierra (los dueños del país que nunca cambian), el viaje a los pueblos fumigados y al “jujeñazo desde la tierra del Emperador Morales” a mitad de 2023; los incendios forestales que terminan siendo negocios inmobiliarios, como el caso de Córdoba; pueblos que luchan contra la minería, de Neuquén a la Puna, desde el fracking hasta el litio que se exporta como materia prima sin valor agregado ni industrialización. Nostalgias de colonia.

Foto: Agencia Presentes

En estos años decidimos crear micrositios como Activo Ambiental, Tiempo Universitario, Tiempo Rural, y sumar columnistas como Valeria Edelsztein y Claudio Cormick con Ciencia para Llevar, para agudizar miradas, profundizar debates y agendas inexistentes en los grandes medios. Y entonces llegó Milei.

La crueldad como política de Estado

Con La Libertad Avanza todo se sumergió en una pendiente social de la cual desconocemos el final, ni cuándo ni cómo será. Pero seguro no será gratuito. Universidades asfixiadas, ciencia desmantelada y vendida al extranjero, el Estado dejándole el territorio al narco; el fin de la causa por el saneamiento del Riachuelo y de la obra pública, rutas como la 3 que se vuelven caldo de cultivo para choques, vuelcos y fallecimientos diario.

Ya no hay Fondo Nacional de Incentivo Docente (con el que hoy las maestras y maestros hubiesen tenido más de 2 millones de pesos en sus cuentas), sí hay desregulaciones como mantra de gobierno que tienen su Lado B en más de cien muertos por fentanilo; discapacidad, pacientes oncológicos y Garrahan como banderas contra la crueldad que ya se volvió política de Estado. Y movilizaciones históricas como las Marchas Federales por la educación, la salud y contra el odio y el fascismo.

Foto: Edgardo Gómez

Contamos hitos científicos como el de Gabriel Rabinovich y la proteína Galectina-1, clave en la lucha contra el cáncer de páncreas, o la reciente expedición submarina del Conicet, en tiempos de demonización a la ciencia nacional. Contamos fenómenos sociales como la persistente baja de la tasa de natalidad, el drama de los alquileres que motivó a numerosas personas volver a vivir con sus padres; el ascenso sin control de la Inteligencia Artificial y el ChatGPT, las apuestas online, la automedicación y los alarmantes récords negativos de vacunación, con un Estado que evita campañas y políticas de territorio.

Informamos las cifras de personas en situación de calle en CABA que triplican a las oficiales y no paran de crecer. Y realizamos entrevistas a diferentes personalidades y personajes que dan testimonios de época como el investigador Alberto Kornblihtt, de reconocimiento mundial, que nos aseguró: “Lo que quiere Milei es brutalizar a la población, que no se use la cabeza”.

Quizás la mejor síntesis de esta época pueda ser una crónica sobre el desfinanciamiento de los comedores que publicó Tiempo en 2024. El título habla de esa lucha diaria de gente anónima que da la vida para que pibes y grandes puedan comer con un gobierno deliberadamente ausente. Pero habla de mucho más, de todos nosotros, de la Argentina, de estos tiempos. Son tres palabras: “Rascar la olla”.

Foto: Soledad Quiroga

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