El exministro de Cultura de Macri imagina una construcción política que se inspire en el acercamiento de Cafiero y Alfonsín contra el levantamiento carapintada en 1987. Su visión sobre 2027.

Avelluto se define como “liberal democrático” o “liberal progresista”. El jueves posteó un mensaje en la red social X con cierto aire de cuenta regresiva. “Armar algo, juntarnos, conversar, pensar, imaginar, soñar con un gobierno diferente que deje atrás la noche oscura de la democracia argentina. Audacia, solidaridad, justicia social y desarrollo para ganarle al autoritarismo. El tiempo se acaba”, fue lo que escribió.
De esa convocatoria, que Avelluto imagina pluripartidaria y con una inspiración en el acercamiento de Antonio Cafiero y Raúl Alfonsín ante la amenaza carapintada, giró el tramo inicial de esta entrevista.
“Para decirlo brevemente y tal vez ingenuamente, creo que esto va a ser de abajo para arriba. Va a ser la gente”, dijo Avelluto. En su análisis, será una franja cansada y angustiada de la sociedad la que impulsará a sus representantes a desdibujar ciertos límites y crear otros nuevos. El eje de articulación, sostiene, será impedir un nuevo mandato de Javier Milei. “El punto de convergencia no es el pasado, que en todo caso es irremediable y discutible”, amplía durante la charla con Tiempo. Y agrega que la polarización entre las dos identidades surgidas del 2001, el kirchnerismo y el macrismo, “ya no tiene sentido”. “No gobierna ninguno de los dos”, arriesga.
Avelluto afirma que la narrativa clave del mileísmo, la convocatoria al sacrificio en el presente en pos de una prosperidad futura, entró en crisis. “En pos de una prosperidad futura en el mejor de los casos o de la prosperidad de otros en el peor”, acota con ironía. Y añade: “Ese es un relato que en Argentina se escuchó muchas veces y otras tantas fracasó”. Como otros participantes del debate público, el exfuncionario del PRO observa un fuerte deterioro en las condiciones de vida: relaciona ese tobogán cotidiano -que se hace visible en malestar, cansancio, falta de perspectivas- con un curioso tuit del propio Milei, habitualmente eufórico. «Sabemos que estos últimos meses fueron duros», posteó el presidente el último jueves.
A partir de ese horizonte de incertidumbre, Avelluto se muestra escéptico sobre la posibilidad de que resulten exitosas alternativas electorales que propongan algún tipo de continuidad mileísta, pero excluyendo al propio Milei (ante un desgaste de su figura). Cuando este diario le preguntó por una hipotética candidatura presidencial de Patricia Bullrich o por la figura del empresario Jorge Brito (h), que de todos modos no expresan lo mismo, el periodista y escritor recordó una frase que le escuchó alguna vez a Jaime Durán Barba. “Hay una regla que aprendí trabajando en la campaña de Macri del 2015, que es de Durán Barba: ‘El Círculo Rojo siempre se equivoca’. Nunca hay que creer en lo que el Círculo Rojo percibe, en sus movimientos, en sus tácticas. Las hipótesis del Círculo Rojo suelen salir mal”, subrayó.
-Las encuestas muestran a Milei en su peor momento. Además, está enemistado con nombres importantes de la gran burguesía, como Paolo Rocca y Madanes Quintanilla. Entonces aparecen versiones sobre Patricia Bullrich, que mide muy bien, o sobre el titular del Banco Macro. ¿Cómo ve esas alternativas?
-Me deprimen todas. Una más que la otra. En 2015, había una fuerte presión para que Mauricio Macri se aliara a Sergio Massa para ganarle a Scioli. El establishment, o sea los empresarios y las personas con intereses en la política, presionaban en ese sentido, y había un gran lobby. Pero sin embargo (Macri) fue sólo y ganó esa elección, por poco.
–El economista Ricardo Arriazu recientemente habló de las ventajas comparativas de algunos sectores (minería, petróleo y gas no convencional, más el agro y sus derivados); también de las desventajas de la industria, a la que definió atrasada y sin competitividad. Dijo que la destrucción es más rápida que la creación y que en los próximos años habrá bolsones de pobreza, de descontento y desempleo…
-Con ese modelo hay un montón de gente que se queda afuera. Porque no todos podemos ir a vivir a Vaca Muerta. Yo plantearía mil observaciones a lo que dice Arriazu, que es un pensamiento arraigado. Es un hombre escuchado en el establishment argentino y es de los que comparten el espíritu, el rumbo, de este gobierno. Es un relato que en Argentina se escuchó muchas veces y otras tantas fracasó. Mientras tanto, la gente ve la dificultad que tiene para poder pagar sus cuentas. La dificultad para sostener su trabajo, su comercio, su actividad profesional. Y aunque la tasa de inflación es menor, la misma plata te alcanza para menos. La inflación sigue existiendo y sigue creciendo por encima de los ingresos de las personas. En cuanto al mileísmo, creo que están descubriendo tardíamente, como le suele pasar a los gobiernos, que no todos los que los votaron lo hicieron por la batalla cultural. No es que la mitad de los argentinos se volvió autoritaria, antidemocrática con rasgos fascistas. La gente no se trata como Milei trata a los argentinos que no piensan como él. Esto se ve en las encuestas y en la abrumadora caída de simpatía en los sondeos, donde hoy tienen más de seis de cada diez argentinos están en contra del gobierno Milei.
-Hasta la recuperación democrática de 1983 se decía que el Partido Militar era el último resguardo de las élites más regresivas. Algunos planteos sostienen que el rol que tenían los golpes y los militares hoy lo tienen los jueces y los fiscales. Que hay un doble estándar la hora de condenar a dirigentes peronistas o del arco no-peronista. ¿Qué dice de esto?
-El problema del poder judicial no es que todos los tiros van para el mismo lado. El problema es que los tiros van de acuerdo a intereses y no de acuerdo a lo que las causas y la jurisprudencia deberían determinar. Ese es el problema. Yo creo que la solución ideal para eso es que logremos tener un poder judicial en el cual todos podamos creer más allá de nuestra posición política. Por otro lado, quien tuvo durante décadas el control de los nombramientos de los jueces en la Argentina fue el peronismo. Una amplísima mayoría de los jueces hoy en actividad pasó por un Senado dominado durante muchísimos años por el peronismo. La función que cumple el poder judicial en nuestro sistema tripartito de poderes es precisamente que nos quedemos tranquilos con los fallos judiciales. Y yo sé que una gran cantidad de gente que simpatiza con Cristina siente que eso no ha sido así en su caso. Creo que muchos lo sienten en relación a muchos casos, y no sé si necesariamente sólo entre los peronistas o los kirchneristas. En definitiva, no sé si hay más de dos estándares. Creo que hay muchos estándares…
-Usted formó parte del gobierno de Macri. Durante esos años se denunció el funcionamiento de una mesa que coordinaba la gestión judicial del entonces ministro (Germán Garavano).
-Las oposiciones construyen narrativas. La idea de que el gobierno le decía a los jueces lo que tenían que hacer es algo que yo no vi nunca, más bien tuvimos unos cuantos dolores de cabeza con los jueces por las implicancias (de sus fallos) en el funcionamiento de la economía.
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