Columna de opinión.
En fin, el hombre dice ejercer el periodismo, y de hecho lo hace. Lo hace en una profesión bastardeada, degradada y pauperizada, en la que versiones, filtraciones y escuchas son manejadas con extrema irresponsabilidad y se las exhibe como fuentes irreprochables. También sin el menor pudor. Por caso, el supuesto exabrupto de Claudio Tapia a Edgardo Bauza, que el propio presidente de la AFA admitió que sí la dijo tras reunirse con el Patón, pero que iba dirigido a otro
Sí, la Selección no juega a nada -siquiera al poco lustroso «método Bauza», feliz en resultados, aunque sólo en el pasado pero el fruto de puntos cosechado recientemente, deja al equipo al borde del abismo, y encima él se despacha con declaraciones insólitamente elogiosas. Por todo eso, dijeron, le iban a soltar la mano.
Pero los dirigentes se reúnen con el entrenador, salen a los besos y reparten definiciones que no definen nada. Y así, de buenas a primeras, el actual entrenador de la Selección, quien tiene absoluto derecho a ejercer la potestad de su contrato, permanece en su cargo y, al menos, continuará así hasta que el Chiqui viaje esta semana junto a Marcelo Hugo Tinelli a España para charlar con Lionel Messi y Javier Mascherano, a confirmar en persona que ellos optan por Jorge Luis Sampaoli para remplazar al Patón y, consecuentemente, se entrevisten al actual DT del Sevilla.
¿Se trata de un operativo desgaste? ¿Una interna Angelici-Tinelli? ¿Se dieron cuenta de que le aún deben una fortuna al entrenador anterior (Gerardo Martino), que si echan a éste duplicarán el rojo, y que para quitarle a Sampaoli al club español deben desembolsar otra fortuna? ¿Se decidieron, al fin, a ejercer una coherencia de estilos futbolísticos, o simplemente van detrás del técnico de moda? ¿A la Selección la conducen los jugadores? ¿A la AFA la conducen los dirigentes, o ellos solo replican los mandatos del poder real, llámese la Casa Rosada, o los medios periodísticos influyentes?
Por supuesto que el juego de los equipos de Sampaoli es mucho más seductor que el de los de Bauza. Pero sería un gesto bochornoso, casi truculento, que en un fútbol en bancarrota, gasten más de U$S 2,5 millones en un mero cambio de técnico. Y que nadie se sorprenda que eso sucedería en un país que, entre otras calamidades, transita tiempos en que dos millones de personas son arrojadas a la pobreza y que buena parte de los habitantes de once provincias hoy mismo se debaten bajo las aguas
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