La paradoja de un país que se autopercibe salvaje

Por: Juan Pablo Cinelli

PSG, el equipo de París, acaba de salir campeón de la Champions League y unos cuantos miles de sus simpatizantes salieron a celebrar a la calle. Se lo merecían. Pero la cosa no terminó bien, algo que no es infrecuente en las manifestaciones multitudinarias en la capital francesa, una ciudad con enormes brechas sociales. El resultado fueron 692 incendios, destrozos, saqueos, una represión policial brutal, casi 200 heridos y unos 600 detenidos. Por desgracia, dos personas perieron la vida.

Celebrar, represión, paradoja

Los datos son de EFE, la agencia de noticias francesa, y de la BBC, el pretigioso multimedio público británico. Entre los que salieron a festejar este sábado en la noche parisina estaba la pobre Marcela Tynaire, de visita en la Ciudad Luz, quien con evidente angustia contó en X (antes Twitter) lo feo que es ser gaseado por la policía en los Campos Eliseos. Lo mismo que reciben sus compatriotas jubilados todos los miércoles frente al Congreso Nacional. Solo que ellos no están de paseo ni festejando, sino que protestan contra la miseria que cobran para poder sobrevivir.

Festejar, multitud, paradoja

Cuando Argentina se consagró campeona del mundo en 2022, 5 millones de personas festejaron en la calle, sin ahorrar en efusividad. Se lo merecían. Lo más grave que pasó fue que vandalizaron el Obelisco, que se rompieron algunas paradas de colectivos, semáforos y otros elementos emplazados en la vía pública (en general no por maldad, sino por exceso de fervor, digamos).

También hubo algunas personas que se golpearon feo por haberse trepado de forma imprudente a postes de luz, monumentos o columnas (30 heridos). Y, por supuesto, no faltaron robos y situaciones repudiables que dejaron un saldo de13 detenidos. Al fin y al cabo, Buenos Aires también es una ciudad con una brecha social enorme. Sin embargo, dada la magnitud humana de aquella movilización única en la historia, todo eso podría ser considerado estadísticamente inexistente. Aun así, por desgracia, una persona murió.

Foto: Télam

Los datos consignados en el párrafo anterior fueron tomados del portal de noticias TN, del grupo Clarín, multimedio especializado en alimentar el morbo de los que siempre quieren ver en las expresiones populares una prueba irrefutable de nuestra barbarie. Eso sí, por las dudas aquella vez Marcela Tynaire prefirió quedarse en su casa. Mejor, para qué exponerse.

Quizás deberíamos empezar a ser más justos en la forma en que nos autopercibimos. Menos propensos a afirmar que todo en este país es una mierda, que hay que cambiarlo todo, que el otro es un enemigo al cual odiar, arrinconar y hacer desaparecer. No nos fue bien hasta ahora pensando de esa forma.

A todo esto, resulta inevitable preguntarse que hubiese pasado con los festejos si la final del Mundial de Qatar la ganaba Francia y ellos hubieran sido los campeones del mundo.

Al parecer les hicimos un favor.

De nada.

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