Las víctimas y testigos del ataque al merendero de Lanús reconstruyeron una noche de terror y confusión.

Tiempo visitó el merendero, ubicado en Murgiondo 622, entre la Avenida Hornos y José León Suárez , en una de las barriadas más humildes y carenciadas de Villa Caraza, a pocas cuadras del Camino de la Rivera, y dialogó con varios testigos y afectados. Más allá de la pueblada frente a la comisaría 5ª de Villa Diamante que se produjo el viernes, las consecuencias políticas, sociales y también judiciales para la administración Grindetti continúan: vecinos y militantes marcharán este martes por la tarde al municipio para exigir justicia y castigo a los autores y responsables del ataque y represión, mientras los concejales opositores del FpV-PJ repudiaron lo ocurrido y anticiparon que pedirán la interpelación del secretario de Seguridad del municipio, Diego Kravetz, presente en el operativo. A esto hay que sumar las denuncias que los dos detenidos y varias de las personas que estaban esa noche en el merendero efectuaron contra los autores de la represión, el ataque y el «paseo».
«Parecía el tiempo de los militares, algo horrible, tiraron balas sin piedad», reconstruyó María Laura Ferraiuolo, mientras buscaba la vianda de su hijo discapacitado de 23 años.
Kravetz intentó justificar lo sucedido señalando, entre otros puntos, que «no había chicos» en el merendero, y que buscaban a un prófugo «con pedido de captura» vigente, quien presuntamente «entró por la ventana» del merendero. Se refería a Eduardo Delgado Gómez, un trabajador de la cooperativa Amanecer de los cartoneros que esa noche llegó en su Ford Falcon rojo al merendero para llevar a otros colaboradores a trabajar a un predio de reciclado en Barracas. El auto fue rodeado por los efectivos que le solicitaron los documentos. Delgado entregó la documentación, pero en circunstancias no aclaradas, discutieron.
El abogado Juan Grabois aclaró que Delgado, aunque tiene antecedentes penales, «no tiene ningún pedido de captura». Lo concreto es que posteriormente los efectivos «reventaron» el merendero. «Cuando se meten hacia el fondo del merendero estaban todos los chicos, acorralados, apuntaban y tiraban gas pimienta. A la dueña la tenían apuntándole con una escopeta en el pecho, diciéndole ‘si te movés te quemo’. Había una nena con silla de ruedas, la tiraron. Les pedíamos por favor porque había criaturas. En la calle otro oficial saca la nueve milímetros, apuntando hacia acá, disparando. Tiraban gas pimienta hasta en las ollas de comida», lamentó Gabriela Salazar, cocinera y testigo. «Desde la calle uno de los policías de la Municipalidad tiraba. Tiraba para arriba, para acá. ¿Y si le pegaba a los chicos? Otro apuntó a un señor mayor, que tiene cáncer. Estamos volviendo a la época de la dictadura, aseguró. «
Grindetti-Kravetz, un vínculo con historia
Diego Kravetz comenzó a rediseñar su perfil político hace tres escasos años, como titular del Instituto de Políticas de Pacificación, una ONG desde donde esculpió su discurso sobre seguridad con una propuesta que ya quedó en el olvido: la creación de fuerzas policiales de pacificación para controlar las villas porteñas. Fue la plataforma que luego le permitió poner a prueba sus postulados «pacificadores» en Lanús desde diciembre de 2015, cuando el exministro de Hacienda porteño Néstor Grindetti se transformó en intendente de Lanús. Entre el actual jefe comunal y su encargado de Seguridad existe una añeja relación tejida dentro de la Legislatura porteña. Entre 2003 y 2009 Kravetz fue titular del bloque del FpV y después de distanciarse del kirchnerismo tuvo su propio espacio. Desde la llegada de Mauricio Macri a la Jefatura de Gobierno porteño en diciembre de 2007, Kravetz fue uno de los interlocutores legislativos de Grindetti, cuya misión central consistía en obtener la aprobación anual del Presupuesto porteño sin sobresaltos. Lograrlo siempre tuvo sus costos dentro de una Legislatura donde el PRO nunca tuvo quórum propio, ni los números necesarios para evitar una cuestionada negociación con la oposición. Kravetz siempre jugó un rol moderado y dialoguista que le permitió cultivar una cercanía con Grindetti que finalmente lo insertó en su Gabinete comunal. La cercanía no es solo política, sino también económica, según reveló Tiempo, a través de Signica SRL la firma de la que Kravetz fue socio gerente y que cobró millonarios contratos del gobierno porteño.
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