Líneas rectas, abstracciones y marcos de laqueado como espejos, contrastan con rosas, gotas de agua y figuras femeninas pintadas y la inmensidad de un desierto de Atacama cada vez más seco por la explotación del litio en las nuevas exposiciones del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), con obras del reconocido artista platense César Paternosto, el alemán Gerold Miller, la argentina Ornella Pocetti y la chileno-peruana Ivana de Vivanco, reunidos en San Telmo.
En concreto, el museo presenta hasta noviembre la retrospectiva “Imaginación geométrica” de una de las figuras centrales de la abstracción como es César Paternosto y la primera exposición individual en América Latina de Miller bajo el nombre «Superficie y presencia», en una vuelta sobre el arte geométrico y el minimalismo como gran tema del museo. Pero, lo menos usual, aunque como una deriva de la exposición previa, “Continente oscuro”, es que se presenta a Ornella Pocetti y su especial “Curada de espanto”, para dar paso a de Vivanco y la metafórica “¿Cómo suenan las lágrimas antes de secarse?”.
El color y la forma: César Paternosto
Sin embargo, para quién no tuvo la oportunidad de visitar la exposición de César Paternosto (La Plata, 1931) entre marzo a julio en La Plata, el desembarco en San Telmo de la retrospectiva, que proviene del Centro de Arte de la Universidad de La Plata con unas 45 obras, es toda una ocasión. Más aún, cuando en marzo, al artista se le otorgó el máximo reconocimiento académico del doctorado Honoris Causa en la universidad donde estudió, la UNLP, en reconocimiento a la trayectoria y el aporte al arte argentino y latinoamericano.
Curada también por Natalia Giglietti, la itinerante “Imaginación …” se circunscribe a las dos salas del subsuelo del museo porteño, aportando una singular mirada de la mano del autor del libro Piedra abstracta. Algunos jalones de la historia del artista marcaron su trayectoria hacia la abstracción: el aprendizaje de pintar óleos a los 11 años; su encuentro con Jorge Raúl Mieri en 1956, el profesor de la Escuela de Bellas Artes que le enseñó “a ver, más que a pintar” y a “jugar con las sombras”; así como los viajes a la región andina; las becas y premios y exposiciones, y la vida transcurrida a partir de 1967 en Nueva York (Estados Unidos) y desde 2004 en España.

El viaje a los Andes influyó de modo decisivo en su pensamiento: “El viaje que realiza a la región andina, noroeste argentino, Perú y Bolivia en 1977 y 1979, motivado por el terror que reinaba en Buenos Aires en el contexto de la última dictadura cívico-militar, implicó una influencia decisiva en su trabajo intelectual y en su producción artística”, explica la curadora. Es así que la experiencia del encuentro despierta en Paternostro el interés “hacia los márgenes” instalando una mirada no eurocéntrica y descentrada que lo lleva a definir “marcos teóricos” que priorizan lo precolonial y dan cuenta de “las imágenes visuales latinoamericanas y su derecho a la contemporaneidad”, indica Giglietti.
“La Imaginación…” esta planteada en cuatro núcleos y presenta una selección de obras recientes donde convergen pintura, escultura y el espacio arquitectónico en las más de seis décadas de producción sintetizadas en una “búsqueda incansable y una convicción: que el mundo puede ordenarse de otro modo”.
Además, el título de la muestra retoma una idea clave en la obra de Paternosto que abreva en el universo andino: “la imaginación geométrica como capacidad humana de inventar”.
Entre las 45 obras expuestas están los recientes trabajos con papel en relieve, las esculturas de cemento, y algunos cuadros entre los que se destaca uno con el frente en blanco y los bordes del bastidor pintados de verde, naranja y marrón, de principios de los 70. Otras obras son de sus “Investigaciones tectónicas”, las tensiones lineales, y cuadros pinturas-objeto que obligan al espectador a descubrir la obra al desplazarse.
Ahora bien, la obra de Paternosto entabla un posible diálogo intergeneracional entre el artista que a sus 94 años desde Segovia sigue creando abstracciones geométricas en papel, y la práctica minimalista de Gerold Miller (Altshausen, Alemania, 1961), al menos según lo cree el artista alemán. Es que Miller quedó deslumbrado por la obra de Paternosto hace una década en Madrid y al respecto sostiene: “Somos de diferentes generaciones y continentes, pero es la misma mirada, compartimos la misma idea”. Por primera vez de visita en Buenos Aires, para Miller, se trata de distintas soluciones para una misma búsqueda.

El artista alemán que vive y trabaja entre Alemania e Italia, los marcos, los vacíos y laterales de cuadros de Paternostro dialogan con sus marcos de acero o aluminio que eluden lienzos, jugándose entonces, en ambas muestras, una hermandad difusa.
Nacido en un pueblo rural, Miller supo desde joven que quería ser artista y se construyó como tal. Estudió escultura en la Academia Estatal de Arte y Diseño de Stuttgart, graduándose en 1989, obtuvo becas y realizó residencias en distintos países; y es conocido por sus superficies mate, espejadas y brillantes recubiertas con laca industrial y colores puros y la simplicidad de las formas que concibe.
“Para mí, es importante que todo sea sencillo, claro y real”, declara al tiempo que define su obra como “un minimalismo industrial”.
En Miller, los marcos a dos colores o las esculturas de metal cuya base es parte de la obra y su contenedor, defiende un cuestionamiento sobre si se trata de una obra o un objeto, pero sin definirlo, e invitando, en cambio, a percibir esa diferencia al recorrer el espacio arquitectónico.
En esta primera muestra individual de Miller en América Latina se explicita una práctica que indaga “los límites de la percepción, el espacio y la relación entre el objeto y el espectador”, según el museo.
Las sobrias series elegidas por el artista para el público argentino son Set y Verstärker, de los últimos años, y una variante de Monoform (2024): una fotografía de su torso donde se lo observa con los brazos cruzados y puños cerrados mostrando dos líneas negras dibujadas en ambos antebrazos, a modo de declaración.
Curada de espanto
Ya en el primer piso, la gran instalación de Ornella Pocetti invita a entrar en un universo donde los cuerpos femeninos, las gotas de agua, los moños y las rosas y objetos en madera y pintura introducen el deseo y un nuevo rumbo de autosustento de la artista que trabaja en el barrio de La Boca. En la muestra, curada por Carlos Gutierrez, las obras figurativas articulan el misterio y narran historias, invitando a “elegir tu propia aventura”. Allí se dan cita las historias de misterio, lo femenino y lo pop como gran influencia, así como “el surrealismo, y algo del paisaje como una puesta en escena, como ficción”, según la joven artista.

¿Cómo suena el llanto de la serpiente?
En una sintonía bien diversa, la pintora Ivana de Vivanco (Lisboa, 1989, de madre peruana y padre chileno) propone la instalación ¿Cómo suena el llanto de la serpiente? La muestra deriva de un proyecto expositivo mostrado este año en Alemania (Villa Merkel, Esslingen), país en el que reside desde hace 13 años. Es egresada de Bellas Artes en la Universidad de Chile en Santiago y realizó un postgrado en la Escuela de Arte de Leipzig, donde enseña.
La muestra, que estará disponible hasta el 30 de septiembre y cuenta con apoyo del IFE alemán, se ubica en el sexto piso del museo, en el espacio MACBA Kabinet. Con obras textiles que la acompañan, se trata de una instalación visual y sonora que busca llamar la atención sobre la destrucción del medio ambiente y pone en diálogo la tradición andina con el extractivismo occidental.
De Vivanco dispone tres pantallas como una sucesión narrativa como parte de un cuerpo de serpiente, símbolo de la sabiduría y la naturaleza. Allí están los sonidos del desierto de Atacama y la voz en off de la artista que construyen un paisaje mítico y simbólico que une tiempos de buena coexistencia con los de la desaparición de la vida: el desierto está muriendo por la extracción del litio y la desaparición del agua: “En Atacama, el lugar más seco del mundo, el equilibrio de la vida es frágil», apunta la voz.
Además, el video que dura unos 28 minutos se acompaña con un par de trajes de la serie “Protest shirts”, algo que sería bueno tener a mano: una cota de malla con una cacerola,tapa y cuchara colgando, ideal para un cacerolazo.
El diálogo y tensión entre América y Europa se expone desde un occidente donde el futuro es un ir hacia adelante a diferencia del saber ancestral americano donde caminar hacia atrás -como hace la protagonista del video- implica “cultivar la memoria porque allí está el material para construir el futuro”, explica la artista que agrega: “es tratar de imaginar otras formas de habitar el mundo que tan generosamente nos da tanto”.
Con estás exposiciones el MACBA ofrece un pasaje extraño que va de la abstracción a los ensueños y que adquiere la plenitud del desierto de Atacama, con personajes míticos y el extractivismo como sello propio que avista desde el sexto piso del edificio el barrio e impregna de luminosidad la instalación de de Vivanco, en un atrapante periplo estético.
Con entrada general de 10.000 pesos, las tres muestras pueden visitarse hasta el 8 de noviembre, en Av. San Juan 328 (CABA), de 12 a 19.