El periodista fue premiado por su ciclo político "Industria nacional", que se transmite por Gelatina. Sus palabras eludieron todo protocolo y se lucieron a plena ironía y filo.

La categoría reunía a algunos de los espacios políticos más visibles del streaming argentino, con programas de líneas editoriales bien definidas y fuerte presencia en la discusión pública. En una terna atravesada por tensiones ideológicas, el triunfo de Gelatina funcionó como algo más que un reconocimiento al formato o a la audiencia: fue leído como una toma de posición dentro de un ecosistema cada vez más politizado.
Lejos de un discurso de agradecimiento clásico, Rosemblat optó por un comentario irónico y filoso que apuntó directamente a uno de los canales identificados con el oficialismo. La alusión a los fondos reservados de la SIDE, más allá de su literalidad, introdujo en la gala un tema incómodo que muchos prefirieron esquivar y dejó en evidencia que el streaming también es un terreno de disputa por el sentido y el poder.
El episodio se inscribió en una ceremonia marcada por señales políticas claras. El Martín Fierro de Oro para un proyecto del CONICET y varios gestos críticos frente al ajuste cultural y científico contrastaron con el discurso del Gobierno de Javier Milei. En ese marco, la frase de Rosemblat no sonó aislada, sino alineada con un clima general de cuestionamiento.
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