El periodista brasileño edita Asia Times y dirige TheCradle.co., de lectura indispensable.

Es en Hong Kong donde parece que reside Pepe Escobar, “nuestro hombre en Oriente”. Si bien comienza como crítico musical en la prensa del San Pablo natal, a partir de los años noventa conoce el concierto de las naciones orientales, desde todas las riberas del Mediterráneo hasta el mar de China sin olvidar las costas de Vladivostok. Encuentra una melodía de notas disonantes según lugares y costumbres, armonías difíciles de ejecutar por historias pasadas e intereses recientes, todo al ritmo que quiere imponer occidente, un imposible en sí mismo. Vaya desafío. Sólo queda combinar desiertos y palacios, arrestos y liberaciones, palabras que son noticia. Como el artículo que Pepe Escobar escribió el 30 de agosto de 2001: “¡Detengan a Osama! ¡Ahora!”. Los hechos posteriores le valieron un justo reconocimiento. En la actualidad es editor de Asia Times y dirige TheCradle.co. –de indispensable lectura.
Ahora Pablo Escobar nos dice: “Irán avanza en una guerra total contra Israel”. En efecto, el ataque occidental sobre los yacimientos de South Fars el 18 de marzo marca un punto más de no retorno en la confrontación. Es que South Fars, que Irán comparte con Qatar, es una de las reservas de gas natural más importantes del planeta, que abastece a Irán y también a otros países de la región, como Turquía. Hasta el momento, no se habían atacado las instalaciones petroleras persas, habida cuenta de la esperada respuesta militar iraní. Que no se hizo esperar. Así es como las instalaciones de la refinería de Ras Laffan en Qatar “fueron blanco de ataques con misiles, causando grandes incendios y daños considerables», según QatarEnergies. Por suerte no hubo víctimas. Bueno, sí, una baja de consideración. Un tren de GNL.
¿Qué es eso? “Un tren de GNL (Gas Natural Licuado)”, nos dice Pepe Escobar, “consta de componentes diseñados para procesar, purificar y convertir gas natural en GNL. Se denominan «trenes» debido a la disposición secuencial de los equipos (trenes de compresores) que se utilizan en el proceso industrial para procesar y licuar el gas natural”. “En la práctica” continúa, “se trata de instalaciones vinculadas a EE UU y Occidente, por lo que constituyen objetivos legítimos para Irán”. Lo que pasa, afirma, es que “en el mundo sólo existen 14 trenes, y no es exagerado afirmar que la civilización occidental depende de todos ellos. Reemplazar un tren lleva entre diez y 15 años. Estos 14 trenes están fácilmente al alcance de los misiles balísticos e hipersónicos de Irán. Al menos uno de ellos fue destruido durante el contraataque iraní. Así de grave es la situación”.
En cuanto al cierre del estrecho de Ormuz, que ha ganado fama internacional, se debe más al pánico financiero de las aseguradoras occidentales que a las medidas iraníes. Toda nave que pague en petroyuanes y circule por las aguas territoriales de Irán no recibirá daño alguno. A futuro, señala Escobar, los iraníes piensan en establecer un peaje que compense las pérdidas ocasionadas por el bloqueo occidental, algo impensado antes de la guerra. Pero hay más. El poder de Israel, nos dice, es que es una fortaleza. Pero como fortaleza tiene puntos débiles: el abastecimiento. Escobar señala las cinco plantas desalinizadoras; la central eléctrica de Orot Rabin; los puertos de Haifa y Ashdod, “esenciales para las importaciones israelíes del 85% del trigo que necesita; y la decapitación energética: centrada en las refinerías de Haifa, la única fuente israelí de petróleo refinado, y un objetivo aún más clave después del ataque a South Pars”. Todo esto en el contexto que la producción de misiles iraníes es más barata que la posible contención israelí, sobre todo frente a ataques hipersónicos. Eso es complicado en una guerra de desgaste, donde la iniciativa parece haber pasado del lado de Teherán. El ataque iraní a la base que occidente tiene en Diego García es más simbólico que efectivo, pero a 4000 km de distancia vale la pena descifrar los signos.
Nunca sabremos qué hubiese resultado de una imposible charla entre Graham Greene y Pepe Escobar, ni en qué lugar del mundo hubiese sido. Sin duda, en alguno en donde sucede la historia. Greene le hubiera convidado un trago creado por él mismo en los tiempos de Hanoi: una medida de London dry Gin, un toque de Noissy Prat, una sospecha de Creme de Cassis. No sabemos que hubiese opinado Pepe Escobar. Un drink nunca tan amargo como lo que ya está en marcha. «
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