
Es cierto que hay una “Pesada Herencia”, pero es incorrecto centrarla en los supuestos “gastos descontrolados” del gobierno populista anterior. Más bien, la crisis actual muestra un legado de condicionamientos estructurales de la economía argentina que condiciona su estabilidad y desarrollo.
De hecho, una mirada seria vería que los gastos no fueron el detonante del déficit fiscal del gobierno popular que mantuvo un superávit operativo hasta 2012. Por el contrario, la tendencia de desequilibrio fue desatada por los cambios del escenario internacional que impactaron sobre la endeblez de la estructura económica argentina.
Quizás haya que sumar un sistema de cartelización en la obra pública, que es nacional, con empresarios que corrompen a funcionarios del Estado, por lo que es necesario profundizar mecanismos de transparencia. Algo difícil de lograr cuando estos mismos empresarios están hoy en el gobierno. Aún así, el nivel de desvío de fondos es importante pero su monto no es crucial.
Nuestro país tiene una “Pesada Herencia”, que no es su corrupción, sino su dependencia exportadora de productos primarios, con marcada volatilidad de precios en el mercado internacional, sumado al alto endeudamiento externo, provocado por sangrientas dictaduras militares en nombre del liberalismo, con montos impagables. Lo que provoca el deterioro constante del sector externo que se profundiza con la liberalización del mercado de divisas.
Asì, la crisis del 2008, provocó cambios en los flujos de dinero y las tasas del sistema financiero internacional, que sumados a la baja de precios de exportaciones de bienes básicos (commodities), como la soja o petróleo, provocaron el deterioro de los Balances de Pagos de los países dependientes, concepto que algunos quieren enterrar pero que sigue vigente y es necesario comprenderlo.
Los países dependientes como Argentina no pueden ni deben regalar su política económica a la dictadura del mercado de divisas, porque expone la economía a los temblores de precios internacionales, a las ondas financieras, a las convulsiones especulativas y a la fuga de capital. Es esto lo que hay que afrontar, con la necesaria reorientación de la política económica. Algo difícil, porque el panorama actual favorece a quienes la conducen, ésa es la “Pesada Herencia”.
* Prof. Economía Política. CNBA – CPEL – UBA.
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