La reconocida actriz recuerda su experiencia en la memorable novela "Rosa de lejos", su destacado papel en la película "Un lugar en el mundo" y analiza su activo presente.

–¿Cuál es el aquí y ahora de Leonor Benedetto?
–Me siento plena, sobre todo trabajando en esta obra de teatro. No es algo que me pase siempre, porque también hice cosas en teatro que fueron tan largas como Perdidamente, pero no llegué al estado de satisfacción en el que me siento ahora.
–¿Cómo eras de chica?
–Siento que era diferente desde siempre (risas). Era inquieta y muy curiosa para todo, y ahora también lo soy. Me gusta que me preguntes cómo era de chica porque en general me preguntan cosas sobre la edad, y siento que se quedaron atrasados. Hay modelos de seres humanos y la edad no determina la manera de ser, ni de vestirte, ni hablar.
–¿De qué manera llegó la actuación a tu vida?
-Cuando descubrí el placer de estar en el escenario. Fue más o menos a los dieciocho años, un día en el que me di cuenta que me daba placer actuar. De todas formas, al conservatorio lo comencé no muy convencida.
–¿Tus padres te apoyaron?
–Mi madre lo hizo toda la vida, pero mi padre sufrió mi abandono de la facultad. Luego se acostumbró y celebró que yo fuera como soy.
–¿Todavía te preguntan por el gran éxito que fue Rosa de lejos?
-Sí, totalmente, y prácticamente es lo único que me preguntan. Hice docenas de cosas exitosas más tarde, pero la gente no olvida. Si Elena Roger es Piaf, para la gente yo soy aquella Rosa. El público ve muchas de las cosas que hago, pero en el fondo de su alma ve a Rosa actuar de tal o cual cosa.
–A más de cuarenta años de ese personaje, ¿qué recordás de todo aquello?
-Aprendí la disciplina del trabajo. No es poco lo que hice en televisión, pero con esa tira de María Herminia Avellaneda aprendí todo. Son pilares de la vida que hasta el día de hoy llevo conmigo.
–¿Te sorprendió ese descomunal éxito?
-No me vas a creer, pero yo no lo sabía. Entraba al canal, salía de noche y no sabía lo que pasaba. Sucedía el éxito en toda Latinoamérica, en España y Estados Unidos, pero ni idea tenía. La temporada teatral me dio la verdadera dimensión de lo que sucedía, finalmente caí en lo que había pasado. Mientras Rosa transcurría yo no la podía ver porque la estaba haciendo, así que viví el éxito mucho después de su contemporaneidad. El gran éxito fue algo insoportable que no pude manejar y nunca busqué.
–¿Qué fue lo no placentero de esa situación?
-Las multitudes rodeándote permanentemente o perder libertades como salir a la calle y tener una caminata sola y tranquila. Eso es algo difícil de considerar en términos cuantitativos, y aun hoy no es algo placentero.
–Hiciste de todo en cine, teatro, televisión. ¿Cuál es tu ámbito favorito?
-Otras cosas que hice fue dirigir cine y fue un momento de felicidad absoluta, así que me gustaría mucho dirigir otra vez una película. Como actriz, el teatro me da un placer absoluto, una experiencia diferente con contacto del público y su energía. Eso es extraño y a la vez fantástico por el contacto que se genera. Sin embargo, lo que mejor me ha tratado ha sido la televisión, y soy hija de ese formato.
–¿De toda la cantidad de personajes que interpretaste a cuál volverías sin pensarlo demasiado?
–Tiene que ver con el cine, concretamente con la monja tercermundista de la película Un lugar en el mundo, un film de 1992 si mal no recuerdo.
–El año pasado te nombraron personalidad destacada de la cultura. ¿Cómo se reacciona a ese galardón?
-Así fue (risas). La verdad es que no sabía ni tenía idea dónde tenía que colocarme con esa distinción o reconocimiento. Va a parecer inmodesto lo que voy a decirte, pero yo siento que hace mucho tiempo soy una persona destacada en la cultura del país, algo que digo sin ruborizarme porque siento que, si no lo fuera, hubiera vivido en vano todo este tiempo trascurrido.
–¿Te cuesta reaccionar frente a los elogios?
-Sí, es verdad eso. Hay elogios extraños para mí. Una cosa que me elogian permanentemente es la voz, y ahí sí lo reconozco. Pero cuando me dicen “vos me salvaste la vida”, enseguida no entiendo qué me están diciendo. Ahora con las redes esa cosa se da mucho más porque ponen unos elogios desmedidos, y a veces es todo irracional. Por otro lado, si sirvo para curarle un poco el alma a alguien me encanta, pero nunca me pongo en el rol de decir que tal o cual cosa que pueda realizar le mejorará la vida a alguien.
–¿Cómo te llevás con las redes sociales?
-Cada uno tiene una relación diferente con eso, pero yo me llevó bien. Ahí me dedico a escribir y a publicar en Instagram los domingos. Es una especie de crónica que hago una vez por semana y mucha gente me sigue, al punto de que están esperando que suba las cosas. No opino sobre la realidad política ni psicológica o sociológica. No me interesa, pero sí me gusta mucho esta especie de relación que parece amistad y no lo es tanto porque escribo para gente no conozco. «
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