Písala de nuevo, Paredes: el as que ilumina el juego de Boca

Por: Roberto Parrottino

Desde su regreso no sólo se ajusta la cinta de capitán: lidera a un equipo que gira a su alrededor. Atrae a los rivales, abre líneas de pase y torea en rodeos ajenos. Pero sabe, por carácter futbolístico y solidaridad con sus clubes de baby, lo que le enseñó Miguel Russo: “Nadie puede solo y todos necesitamos del otro”. De ahí las titularidades de Delgado y Aranda.

Leandro Paredes disputa la pelota dentro del círculo central. La recupera con la punta del botín derecho y esquiva a un rival. Después recorta con la cara externa, la pisa con la suela y mete el pase-gol. Es 2002, tiene ocho años –el pelo largo atado con cola de caballo– y juega en la cancha de baby fútbol del Club Social y Deportivo Parque, en el barrio porteño de Villa del Parque. El video inédito, publicado por el sitio Historia de Boca, se viraliza en las redes. Algunos notan una barrida idéntica a la que le extirpó la pelota a Kevin Castaño en la final de la Copa América 2024. Otros un pase calcado al que le dio a Giovani Lo Celso en la misma jugada del gol de Lautaro Martínez. Gestos técnicos inalterables, estéticos, movimientos que perduran. Hasta que Lucho Magliocca, a cargo de las redes de Independiente, recuerda algo sobre su paso anterior en el baby fútbol, en un club de Matadores: “Cuando era chico jugamos contra Brisas del Sud y mi familia me cargaba porque una nena me había hecho diez goles. Era Paredes”.

Ahora, Paredes, con la cancha de frente, pisa la pelota en el círculo central y la arrastra hacia atrás, dando saltos cortos sobre el pie izquierdo. Atrae a los rivales (los engaña) y abre líneas de pase. Lo hizo en el 1-2 de Boca ante Universidad Católica, el martes en Chile, su debut absoluto en la Copa Libertadores, a los 31 años, con clase y gol (Boca recibe el martes a Barcelona de Ecuador). Lo había hecho en el 0-1 ante Talleres en Córdoba por el Apertura 2026. Desde su regreso a Boca post Mundial de Clubes 2025, Paredes, un futbolista que es un sistema en sí mismo, ilumina el juego de Boca. No sólo por su injerencia en las titularidades de Milton Delgado (lo apodó “Pulmoncito”) y Tomás Aranda (y antes, en la del Changuito Ezequiel Zeballos), todos surgidos de las inferiores como él. También porque es el as de espadas –o de basto, si intercambian los anchos con Ángel Di María (Rosario Central)– del fútbol argentino. Y porque lidera positivamente a un equipo, no solo se ajusta la cinta de capitán. En Chile, después de que metiera un manotazo salvador, Paredes felicitó, efusivo, a Leandro Brey, el joven arquero que suma minutos como titular en Boca. Son detalles.

Rodolfo Arruabarrena debutó en Boca a los 17 años. Había llegado en infantiles, como Paredes. La noche en que jugó su último partido en Boca, después de haber salido campeón de la Libertadores 2000, Carlos Bianchi dijo: “Es un verdadero jugador de la cantera de Boca”. Desde Oropesa del Mar, a 30 kilómetros de Villarreal, y luego de una década como entrenador en equipos de Oriente Medio, el Vasco me dice: “He tenido discusiones cuando estaba en el club sobre el ADN del jugador de Boca. Siempre decía lo mismo: ‘¿Cuál es? Porque el máximo ídolo de Boca es Román’. Todo lo achacan al ‘huevo’, a esa garra. El jugador de Boca tiene que tener personalidad porque no es fácil jugar por todo lo que concierne alrededor”. Y acerca de Paredes, Arruabarrena señala: “Desde que llegó, Boca empezó a tener más tenencia de pelota, a tratar de buscar esos pases filtrados para romper línea rival que antes no se hacían. El otro día, por el torneo local contra Talleres, hay un pase filtrado de (Marco) Pellegrino, uno de los centrales, y se ve en la acción que Leandro lo felicita. Es un jugador con mucha experiencia, y de la casa. Y que sabe lo que significa la Copa Libertadores para este grupo y para este momento. Tenés que basar el juego en estos jugadores”.

Paredes, bicampeón de América y campeón del mundo en Qatar 2022, es también un verdadero jugador de la cantera de Boca. Con la personalidad para torear en rodeos hostiles, a lo Riquelme en las noches de Libertadores. Y con pases de gol de tres dedos, inesperados, como el que habilitó a Miguel Merentiel para el 0-3 frente a Lanús por el Apertura. Contra la Católica, además de desenvainar un derechazo para abrir el marcador, dominó el juego: fue el futbolista con más intervenciones (110) y el de más pases concretados (82). En el repertorio de sutilezas hay verticales, en profundidad y entre líneas. Son los más difíciles: los más valiosos.

El jueves, Miguel Ángel Russo hubiera cumplido 70 años. “Hoy mandan las redes sociales, los videoanálisis y está bien, es todo real eso. Pero no es la única realidad. Muchas cosas pasan por las sensaciones, la interacción, la intuición, el contacto. Eso nunca pasa de moda”, supo decir en una entrevista en 2023. Y también, en 2008: “Nadie puede solo y todos necesitamos del otro. En donde vamos perdiendo la solidaridad y la humildad, imposible. Toca pito el referí y empezamos perdiendo; no hay equipo, por más buenos jugadores, superestrellas que tengas”.

Paredes, muy cercano a Russo, lo sabe por carácter, diálogo y sensibilidad futbolística. Y por solidaridad. Matancero nacido en San Justo, comenzó a jugar en La Justina, antes de Brisas del Sud y Parque. Y siempre volvió a los clubes y colaboró, como cuando compró materiales para revocar las paredes y arreglar el piso de la cancha de La Justina. En la previa al debut en la Libertadores, había dicho: “Los clubes de barrio ayudan muchísimo a crecer no solo como jugador sino como persona. Tuve la oportunidad y la suerte de llegar de muy chico a un club que se llama Brisas del Sud, que lo manejaba Rosario Nania, y que fue una de las personas más importantes en mi carrera. Los clubes de barrio me han inculcado la pasión y el respeto por compañeros y entrenadores, por este deporte”.

Paredes aún juega como si fuese aquel niño de pelo largo.

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