Sebastián Piñera, Jeanine Áñez, Jair Bolsonaro, Luis Lacalle Pou, Mario Abdo Benítez. Si por ellos fuera, además de la restauración neoliberal ya estarían volviendo, también, a los tiempos del Plan Cóndor.

¿Y Abdo Benítez? Marito. Porque Mario era su padre, uno de los mejores delincuentes acuñados por la dictadura (1954-1989). Con una sonrisa pícara, y ante un vaso vacío que lo liberó de toda precaución, el 20 de julio el presidente paraguayo aprovechó un corte de cinta para volver a expresarle su admiración al dictador Alfredo Stroessner. ¿Por qué ese día? Por pura fidelidad, porque tenía ganas. En la sobremesa, tras inaugurar en San Pedro una sede del Instituto de Previsión Social, dijo que allí iniciaba un tour que lo llevaría a la ciudad de 3 de Noviembre. “Ipu porá la 3 de Noviembre, ¿nahaniri? (Suena bien la canción 3 de Noviembre, ¿no?)”, exclamó al referirse a su próxima escala. Antes, ese día, fecha del nacimiento del dictador, uno de los pilares del Plan Cóndor, el Partido Colorado y sus fieles le rendían homenaje al general. Sin rubores, como antes, con absoluta convicción, el vecino recordó con amor al asesino que durante 35 años regó al país con sangre de su pueblo.
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