El espectáculo reúne relatos históricos, sonidos, proyecciones y escenas distópicas para pensar el clima contemporáneo. Matías Umpierrez construyó una puesta híbrida que ya empezó a circular internacionalmente.

En la obra, Umpierrez es el único intérprete en escena. El espacio combina proyecciones, paisajes sonoros, discursos políticos, conversaciones telefónicas, casetes, esculturas, radios y marionetas. También aparecen relatos que van desde la Francia del siglo XVIII hasta la inteligencia artificial. La obra podrá verse del 8 al 23 de mayo. La puesta funciona como instalación y también como desmontaje, en términos del propio creador, de “la sociedad teatral en que vivimos”. El formato dialoga con géneros históricamente marginales, como el esperpento, el teatro de variedades y la conferencia en clave no académica, entre otros.
“Nosotros, los artistas, creo que en gran medida trabajamos justamente sobre la sensibilidad y la percepción. Ampliar la percepción es una misión: uno, de pronto, va a ver una película y descubre un tema que desconocía; eso te amplía la percepción y, cuando volvés a encontrarte con esa problemática, cambia tu mirada. Cuando ves una realidad a través del prisma del arte y podés cruzarla con tu propia sensibilidad, hay algo que se amplía y se complejiza. Y eso quise hacer sobre la violencia y los discursos de odio”, asegura Umpierrez, quien hace once años vive en España y allí también percibe el uso de la violencia como recurso discursivo, algo que presenta en escena de distintas maneras.
“Yo sigo manteniendo mucha relación con Buenos Aires, sigo viniendo a hacer proyectos con una plataforma de creación que tengo, llamada Plataforma Fluorescente, donde trabajo como curador o acompaño proyectos de otros artistas. Y como esto es un mal que nos afecta a todos, era algo para compartir sin importar las fronteras. Es una coproducción entre Arthaus y Conde Duque, un centro de creación contemporánea en Madrid, y también cuenta con el apoyo de la UNAM de México. El espectáculo primero se estrenó en Madrid, ahora llega a Buenos Aires y después irá a Ciudad de México. Luego sigue por Suiza, en Lugano, dentro de un festival. Va haciéndose un camino como puede. Y es interesante porque nos interpela a todos, a nuestro tiempo.”
Hoy la violencia discursiva es cotidiana. “En este momento, muchos políticos que insultan o degradan están apoyándose en la cultura del entretenimiento y de la espectacularidad, porque la lógica del entretenimiento trabaja sobre el aburrimiento y el ocio, que es justamente lo que ellos quieren. En cambio, el arte está concentrado especialmente en el problema de la sensibilidad de nuestra época. Entonces, cuando esos mismos políticos recortan la cultura por todos lados, uno entiende que lo que intentan inhibir en la sociedad es justamente la sensibilidad, para no ser cuestionados. El arte siempre cuestiona, aunque no necesariamente actos políticos concretos: cuestiona la forma en que nos relacionamos con la vida y cómo la realidad afecta nuestra experiencia. Por eso deberían ser mucho más responsables y dejar de generar semejante nivel de incomodidad social a partir de la violencia económica que producen.”
Para él, deberían generarse espacios que ayuden “a asimilar esta realidad, a tratar de estar bien y a mantener el aparato sensible lo suficientemente sano como para generar pensamiento crítico. Si los poderosos apoyaran el arte, lo primero que haría la sociedad en cuanto se recuperara sensiblemente sería echarlos del lugar, porque la gente no quiere vivir mal: quiere vivir bien. La gente no quiere vivir odiando; quiere pasarla bien con sus seres queridos. Por eso hay que confiar en que el arte tiene hoy una gran tarea, que es ponernos en acción”.
Para Umpierrez, todo parece una distopía. “Muchos políticos se han vuelto personajes de ficción. La gente ya no vota políticos: vota personajes que crean contenidos en redes sociales casi como si fueran cómicos, aunque con métodos muy agresivos. Por eso un espectáculo como este expone el avance de los discursos de odio como recurso. Entonces el arte hoy ocupa un lugar muy importante frente a la sociedad y realmente creo que puede ayudar muchísimo. Evidentemente, la educación también es fundamental, pero si uno se fija esos espacios están siendo asediados por algo. La educación, la sensibilidad a través del arte y la memoria también están siendo atacadas mediante el maltrato a las personas mayores, maltratándolas sistemáticamente y económicamente para lastimar, en realidad, nuestra memoria y hacernos olvidar quiénes somos y por qué llegamos hasta acá”, afirma Umpierrez.
Mientras construía este archivo fue advirtiendo que, cada cierto tiempo, aparece una especie de pereza política de las ideas. “A lo largo de la historia, cada tanto los políticos vuelven a caer en la incitación al odio. Y lo que no saben es que, más allá de las atrocidades que terminan generando -y que luego la historia revisa y reformula cuando analiza esos períodos oscuros-, quienes incitaron al odio siempre terminaron mal. No solo terminan mal las sociedades que sometieron, sino que sus figuras quedan asociadas al repudio histórico. Finalmente son recordados justamente por el odio que produjeron. Por eso creo que hay una enorme falta de destreza política, diplomática y también una ausencia de verdadera vocación de ayuda hacia el otro. Todas estas políticas tan individualistas, basadas en la libertad individual y no en la libertad colectiva -que es la única que puede generar un cambio real-, no dejan nada nutritivo.”
Las sociedades, luego de atravesar estas tormentas, terminan recuperándose y fortaleciéndose. Eso cree Umpierrez. “Aunque lamentablemente vuelvan a caer en estas posiciones, siempre aparece algo que pone las cosas en su lugar. Por eso este archivo finalmente me dio esperanza. Esperanza y tristeza, al mismo tiempo, por formar parte de un momento histórico que vuelve a encontrarse con personajes tan ignorantes. Pero también esperanza de saber que siempre se sale de estos lugares de oscuridad.”
De Matías Umpierrez. El 9, 10, 14, 15, 16, 17, 20, 21, 22 y 23 de mayo a las 20 en Arthaus, Bartolomé Mitre 434.
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