Un plebiscito de un modelo

Por: Demián Verduga

Si el PJ logra un respaldo fuerte, será una derrota del modelo y no sólo de Milei.

Hay dos contiendas que se libran en la elección de medio término de este domingo 26 de octubre. Una es la más evidente: se plebiscita el gobierno de Javier Milei, un experimento con ribetes delirantes, una expresión fundamentalista del proyecto histórico de la derecha argentina.

El gobierno llega a la elección con una situación económica calamitosa para la mayoría de la población. El indicador más importante es lo que ocurre con la evolución del consumo masivo. En septiembre, según la consultora privada Scentia, el consumo masivo cayó 3,7% respecto del mismo mes del año pasado. El punto es que en el 2024 había caído casi 15% respecto del año anterior por el impacto de la megadevaluación del peso que Milei aplicó cuando asumió. Para resumirlo: los argentinos compran un 25% menos de comida, agua y artículos de limpieza que hace dos años. El consumo masivo analiza esos productos.

Esta realidad contrasta con los miles de argentinos que viajaron a Miami para el mundial de clubes o el récord de ventas de autos importados. Una franja de población, insertada en ciertos lugares del Estado, como el Poder Judicial, y en algunos sectores específicos de la economía como bancos, empresas que exportan algunas materias primas, disfruta de que sus sueldos medidos en dólares crecieron. No es más del 10% de la población. Es suficiente para llenar las playas de Brasil. El resto-eso es lo que muestra el consumo masivo-vive peor con Milei que con Alberto y el 200% de inflación que tuvo en el último año de su mandato. 

El experimento libertario prueba que en la historia humana no hay algo así como tocar fondo. Siempre se puede estar peor.

Con esta perspectiva, el plebiscito de Milei no tiene el mejor pronóstico. Pero hay que ponerlo en un contexto político cultural. Argentina tiene entre un 35 y un 40% del  electorado que pase lo que pase votará en contra del peronismo.

Del otro lado ocurre lo mismo. Ejemplo: Sergio Massa decía en reserva cuando era ministro de Economía que si no lograba bajar la inflación no podía ser candidato presidencial. Terminó siéndolo igual por diversos motivos y en la primera vuelta sacó 37%, el núcleo duro del peronismo.

El mileísmo tuvo un éxito político. Destruyó a Mauricio Macri y al PRO. Eso lo dejó como el principal faro del antiperonismo. Por eso es que, aunque las perspectivas del presidente sean malas, hay un piso que difícilmente se rompa. Ese núcleo duro votará mayoritariamente a La Libertad Avanza, más allá del resultado de su gestión económica. A la destrucción de Macri se suma además la debacle del radicalismo, que parece haber retrocedido 20 años, a las elecciones de 2003, cuando estuvo al borde de la extinción como partido.

La interna de la derecha

Así como la demolición de Macri fue un éxito político de Milei, el manejo de la relación con los gobernadores que le dieron respaldo al inicio de su mandato fue la semilla de su fracaso. La idea de constituir al mileísmo como una nueva identidad política populista de derecha la compartían todos dentro de LLA. No es ahí donde radicó la diferencia entre Santiago Caputo y Karina Milei. Nadie tenía como proyecto construir una coalición de identidades antiperonistas, al estilo Cambiemos. La diferencia estuvo en cómo construir esa nueva expresión política que Caputo imaginaba como el nuevo contrapeso del peronismo.

La hermana del presidente y los primos Menem decidieron armarla en todas las provincias de manera independiente a los gobernadores, incluso aquellos que habían respaldado las leyes de Milei en el Congreso. El asesor presidencial, tomando el ejemplo del propio peronismo, que es una suma de identidades provinciales, la pensaba negociando con los gobernadores para que no se sientan amenazados sus terruños.

Los resultados están claros: el mileísmo perdió en casi todas las elecciones que se libraron este año en las provincias que renovaron parte de sus legislaturas, en la constituyente de Santa Fe, y en Corrientes que eligió gobernador. 

Esta estrategia política fracasada es la que empujó la creación del frente Provincias Unidas con seis gobernadores: Martín Llaryora (Córdoba) Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Gustavo Valdés (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy), Claudio Vidal (Santa Cruz), Ignacio «Nacho» Torres (Chubut). Fue una mala noticia para el proyecto de un mileísmo que reemplazara todo lo anterior en el sector antiperonista.

Provincias Unidas muerde votos de los dos troncos que forman la política nacional los últimos 80 años, pero absorbe más electorado antiperonista. Fue diseñado y promovido por sectores del establishment local, como el Grupo Clarín, que tienen pendiente ciertas negociaciones con Milei, en este caso quedarse con el casi monopolio de la telefonía.

El frente de los gobernadores ya se prepara para negociar con el presidente porque para eso fue concebido. No es un espacio opositor. Forman parte de la “racionalidad” del modelo de saqueo financiero que volvió a gobernar el país. En este sentido, el análisis del resultado de la elección de este domingo tiene varias opciones. Si Milei pierde, pero la suma de la Libertad Avanza y Provincias Unidas es mayor al respaldo que logren los diversos frentes peronistas, el presidente seguirá gobernando con dos muletas prestadas, los dólares del Tesoro estadounidense y el apoyo político de este grupo de gobernadores que lo va a condicionar. Sería un reacomodamiento de las relaciones de fuerza dentro del mismo modelo de país.

En cambio, si el peronismo consigue más respaldo que la suma de LLA y Provincias Unidas, el equilibrio de poder en la Argentina tendrá un cambio profundo. Sería una derrota del modelo y no sólo de Milei. Hablarán las urnas. «   

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