«Poco ortodoxa»: un mundo asfixiante y un sueño de libertad

Por: Leonardo Murolo

La serie alemana retrata la historia de Esty, una joven de 19 años que escapa de una comunidad judía jasídica para aventurarse a una nueva vida. Las complejidades del universo laico quedarán para la próxima temporada.

Inspirada en la autobiografía de Deborah Feldman, titulada Unorthodox: the scandalous rejection of my hasidic roots, Poco ortodoxa se transformó en una de las series del momento. La historia explora en cuatro capítulos la vida de Esther “Esty” Shapiro (Shira Haas), una joven de 19 años que decide abandonar los mandatos religiosos y culturales de una comunidad judía jasídica de Williamsburg en Nueva York para aventurarse a una nueva vida.

El relato comienza con Esty en su habitación con un puñado de cosas, su pasaporte, algo de dinero y una fotografía, con las que emprende viaje hacia Berlín. Huye de un matrimonio arreglado con Jacob “Yanki” Shapiro (Amit Rahav) con la obligación de solamente ser madre y esposa. Esty conoce en Berlín a un grupo de jóvenes músicos que la incluyen en las más cotidianas y novedosas actividades propias de su edad. Al mismo tiempo que la animan a aplicar a una beca para estudiar piano, descubre la libertad en las relaciones de amistad y en experimentar su sexualidad desde el deseo.

Por su parte, Yanki es un joven sumiso que se ve obligado por su familia y su rol de varón a buscar Esty junto a su primo Moishe (Jeff Wilbusch), un logrado personaje que dinamiza la acción de la serie y en diferentes escenas encarna la doble moral religiosa.

Desde allí el relato se construye con elementos del género coming-of-age, una suerte de rito de iniciación que propone abismarse junto a la protagonista hacia su crecimiento personal. Los recursos de la metáfora, el monólogo interior, los silencios y los flashbacks son propios de estas historias que relacionan desde la empatía a las audiencias con los personajes. La potencia de la historia, a su vez, se asienta en un guión simple, por momentos previsible, con estructura lineal y formas ya probadas en comedias dramáticas.


La serie cuenta dos mundos que parecen estar divididos más por el tiempo que por culturas o distancias. El puente de Brooklyn separa la comunidad de Williamsburg de la imponente Manhattan, por lo cual no es necesario viajar a Berlín para estar bajo las radiantes costumbres de Occidente. Esty confiesa a sus nuevos amigos que necesitaba irse lo más lejos posible y allí se encuentra el sentido temporal de la distancia: tradiciones que parecen arcaicas frente a la modernidad de las prácticas juveniles, un contraste que el relato elige mostrar como descripción y por momentos como crítica.

La gran actuación de la protagonista se enaltece enmarcada en una pequeña gran historia que narra detalles y cuidados signos de una cultura que no todos conocemos. El despliegue de producción se encuentra en el gran ritual del casamiento jasídico, pero también en los detalles: las tradiciones de vestimenta, los usos del propio cuerpo, la autoridad patriarcal, la relación con las tecnologías, en definitiva, en la endogamia de la comunidad. La serie apela a la constante denuncia de la imposición que sufren las mujeres a ser sólo madres y esposas. Esa caracterización se consagra con mayor fuerza en las escenas en las que Esty y Yanki intercambian silencios cuando los presentan y en sus pautadas relaciones sexuales más cercanas al cálculo que al deseo. Potentes imágenes que nos señalan una cultura que deposita la culpa en los cuerpos y sanciona el placer.

La liberación de Esty se da bajo la metáfora del alivio por un nuevo bautismo, mientras que su marido experimenta el cambio con angustia y resistencia. Quitarse la peluca o cortarse los rizos simbolizan en un caso despojarse de la opresión y en el otro, de los privilegios de ser varón en su comunidad.

Además de las buenas actuaciones y el despliegue de producción, el nuevo éxito de Netflix reside en que proviene de un libro autobiográfico, por lo cual la cercanía con el personaje principal se halla también en que pone en debate la condición humana: el cambio de vida y la realización de los sueños personales.

Las costumbres del judaísmo ortodoxo son tratadas bajo crítica en diferentes películas y series. El documental One of us y la película Desobediencia tematizan de manera puntual historias de personas que, huyendo o expulsadas, dejaron la comunidad por no adaptarse a sus imposiciones. Es cierto también que el lugar que se representa como la libertad es la vida laica, la cual en definitiva también se encuentra tiranizada por otros mandatos de género y opresión hacia las mujeres y disidencias. Sin embargo, es donde Esty puede elegir su peinado, usar Internet, estudiar, ser música y no casarse.


Poco ortodoxa

Guionistas: Anna Winger, Alexa Karolinski y Daniel Hendler. Elenco: Shira Haas, Jeff Wilbusch, Amit Rahav, Alex Reid y Ronit Asheri, entre otros. Disponible en Netflix.

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