
Demanda masiva y cautiva, oferta desregulada y sin controles, el mercado inmobiliario de alquiler en la Argentina crece verticalmente porque las únicas formas de acceder a la vivienda son por alquiler o por ocupación de tierra; excepcionalmente, por un crédito hipotecario (que está visto los riesgos que conlleva en el marco de la especulación financiera).
El alquiler de vivienda está privatizado y el mercado es un zafarrancho que te puede perjudicar, favorecer, estafar o exprimir hasta que tu salario sea destinado íntegramente al gasto de alquiler. Cuando no existe norma ni ley que regule, alquilar es una cuestión de suerte. La libertad de mercado es así: “si no te gusta, te vas”, dicen los que trabajan para el rentista.
La nueva ley de alquileres es urgente y necesaria, al menos para frenar la movilidad descendente que toda familia inquilina experimenta estos años.
Estas cinco razones, apenas, son suficientes para saber que no es en vano seguir denunciando que los alquileres en Argentina son los más caros de la historia; que cuatro cada diez inquilinos siguen teniendo problemas para pagar o continuar su alquiler; que casi la mitad de los inquilinos están por debajo de la línea de pobreza porque el alquiler se traga la mitad de la canasta familiar básica; que es hora de empezar a asumir que la vivienda es un derecho y que no somos un país de propietarios.
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