
Pingüino de la nieve, muchacho peronista, desde Río Gallegos y Santa Cruz a la Rosada y últimamente en el Congreso ocupó muchos estamentos del protocolo político. En vida, convirtió en ganadora a una década y algo más en la que muchos nos sentimos felices. Desafió a Clarín y puso rojo a los círculos que tanto le temen al populismo con frases como esta: «Que el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona». Tras su muerte, devenido EterNéstor, hasta hoy soportó múltiples operaciones de ocultamiento y revanchismo: que fue asesinado, que está vivo en Venezuela, que su cadáver no estaba en el cajón, que su mausoleo en el sur está lleno de dinero mal habido y tantas otras chicanas. Al Centro Cultural Kirchner quisieron bajarle el precio llamándolo por sus iniciales y a una represa santacruceña le borraron su nombre y le pusieron Condor Cliff.
Sumó para siempre al nomenclador político argentino a la palabra kirchnerismo, que en boca de amigos y enemigos debe traducirse como el mejor peronismo. De diez años para acá nadie lo olvidó y fue millones de cosas: torneo de fútbol y hospitales, escuelas y aeropuertos, centros sociales, culturales y deportivos, calles, avenidas, puentes y plazas, libros a favor y en contra y documentales. Fue, y es, remeras, posters, memes: Insoportablemente vivo; Se cerraron dos ojos y se abrieron millares; Bajando un cuadro formaste miles. Y un canto, bien de cancha, lo sigue mostrando como el dueño de la pelota: Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo, la puta madre que lo parió. «
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