El presidente en su laberinto

Por: Marcos Salgado

A 22 semanas del despliegue militar en el Caribe, es el presidente de EE UU el que aparece más condicionado que el venezolano.

Ya lleva 22 semanas el despliegue militar de los Estados Unidos en el Caribe. Desde el principio y hasta ahora, los titulares se apilan vertiginosamente, condimentados por operaciones de prensa, las cloacas de las redes sociales y una pléyade no tan famosa de podcasters en busca de visitas y seguidores.

Las versiones se suceden atolondradas, pero todas en el mismo sentido: que Nicolás Maduro se fue a Qatar, que el avión presidencial va hacia Nicaragua y hacia Cuba… o a todas partes al mismo tiempo. Buscan transmitir una imagen de presidente débil, acorralado por la ofensiva del magnate presidente del norte. Y prefigurar así el fin de época.

Pero en Venezuela se conjura todos los días esta guerra psicológica. Primero, las apariciones del mismo presidente venezolano, en función de gobierno. Los temas centrales que propone Maduro en su agenda: la consolidación de la estructura de las comunas y los consejos comunales y la unión popular-militar-policial como clave de organización para la defensa.

Así, Maduro aparece un día bailando en una tarima un remix con su propia voz reclamando “Peace, yes. War, no”. Pero en el mismo acto advierte que Venezuela no aceptará nunca “la paz de las colonias”. Al día siguiente, revisa los planes de defensa en las montañas que separan Caracas del Caribe, y se congratula porque las armas para la defensa ya están distribuidas y en posición.

El otro gran conjuro lo protagonizan las venezolanas y los venezolanos cada día. La presión militar y la guerra en redes no ha logrado que la población se retire de las calles y de sus quehaceres. Por el contrario, como cada diciembre, por ejemplo, se desbordan de aficionados los estadios de la Liga Profesional de Béisbol, mientras otros corren maratones nocturnas por el Día de los Muertos.

Un párrafo aparte para la forma en que los caraqueños y las caraqueñas han recuperado la ciudad de noche, gracias a un aumento de la seguridad ciudadana nunca visto en todo el período de la Revolución Bolivariana

La llamada

Mientras la mediática insiste en la inminencia de un ataque reinterpretando las bravatas evasivas del presidente estadounidense, en paralelo sigue un complejo trabajo para mantener abiertos los canales de comunicación entre Washington y Caracas.

Fue el mismo Trump el que dijo a periodistas y sin que nadie le preguntara, ya hace un par de semanas, que estaba dispuesto a un diálogo directo con Maduro. Lo dijo el mismo día que su secretario de Estado, el furibundo antivenezolano Marco Rubio, anunciaba que se designaría al inasible Cartel de los Soles como organización terrorista internacional.

Después, la confirmación de la llamada llegó también del mismo Trump. En lo que tal vez sea una danza de mensajes públicos con destinatarios privados, solo varios días después la confirmó el propio Maduro. El presidente venezolano dijo que había sido una conversación “en un tono de respeto” y hasta “cordial”. Afirmó que, si esa llamada abría pasos hacia un diálogo respetuoso de “Estado a Estado, de país a país”, el diálogo y la diplomacia eran bienvenidos porque “siempre” buscaría la paz.

Así, desmintió las versiones que echó a rodar el mismísimo Departamento de Estado, sobre un supuesto ultimátum de Trump. Ultimátum que, por cierto, como vimos más arriba, el bolivariano desmiente con apariciones comprobables (muchas callejeras) casi todos los días.

Así, 22 semanas después, es Trump el que aparece más condicionado que Maduro. Al dilema de cruzar o no la línea y atacar en el territorio venezolano o en las aguas contiguas, se le suma la fuerte ofensiva demócrata que busca, directamente, anular por completo la operación Lanza del Sur.

En ese marco, no la está pasando nada bien el secretario de Guerra, el mediático Peter Hegseth, entrampado en sus propias declaraciones sobre el primer bombazo a una supuesta “narcolancha” en el Caribe, el 2 de setiembre, cuando remataron a dos sobrevivientes en un segundo ataque.

¿Qué hará ahora Donald Trump? ¿Huirá hacia adelante y atacará o se retirará después de alguna acción simbólica, como el ataque a instalaciones nucleares en Irán, meses atrás?

Sobre lo que sí no hay duda, es que la ahora oficial reinstalación de la Doctrina Monroe tiene en la República Bolivariana de Venezuela el principal escollo. «

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