El alma en movimiento: Primal Scream llevó al éxtasis al C Art Media

Por: Abril Mosconi

El grupo escocés convirtió el C Art Media en una pista de baile y en una misa laica, entre beats electrónicos, rock y gospel. Bobby Gillespie volvió a levantar la camiseta de Maradona y a predicar el movimiento como forma de fe.

Hoy no se pelea en el C Art Media, se siente. “I’m gonna love the life I live”, reza el primer tema con el que inicia Primal Scream esta noche de lunes: “Don’t Fight It, Feel It”. También es el primero del exitoso álbum Screamadelica (1991). Y sentir significa bailar en el lenguaje de esta banda escocesa de los ‘90: “Gonna dance to the music all night long”, cantan con la suavidad del gospel las coristas Rachel Fury y Denise Johnson. Más aún: poner en movimiento la energía que el cuerpo es capaz de generar, percibir en la piel el desplazamiento de los otros. Aceptar, en el amplio sentido de la palabra. Hay un sonido pegadizo, electrónico y acid house que sale de los sintetizadores y que, en combinación con las voces profundas del coro, nos transporta a un espacio espiritual donde el vocalista y frontman de 60 años, Bobby Gillespie -en alguna otra vida también baterista de Jesus and The Mary Chain- parece invitarnos con sus ademanes. El paso es de una fiesta electrónica, pero las palmas en alto parecen salidas de una misa en Harlem. Se repite la misma plegaria: “Gonna get high ‘til the day I die / Rama lama lama fa fa fa”.

El dios Maradona es invocado en las remeras del público: la historia de amor entre nuestro ídolo y Bobby es bien conocida por sus fans. El cantante ha demostrado cariño y admiración, incluso escribiendo una crónica de duelo para Rolling Stone en 2024. También están entre nosotros el merch recién salido del horno de la bíblica banda Oasis, camisetas de fútbol y sacos que bailan al ritmo del soul. No sabemos bien qué, pero algo les está pasando a nuestras almas pecadoras mientras suena el grito primal.

Hace siete años que el grupo de Glasgow no visitaba Buenos Aires, pero este mes lo hace por duplicado. Primal Scream llega al C Art Media en un side show único, una noche después del tan aclamado Music Wins del domingo, que dejó “polémica” por la bandera pro Palestina que se mostró en vivo, estampitas de Bobby como Jesús y varias entrevistas.

La elegancia, la falta de etiquetas y la heterogeneidad -molesta e incómoda para algunos críticos- distinguen a Primal Scream de cualquier otra banda que haya visto antes el público argentino. Si fuera un animal, sería un camaleón. Si fuera una palabra, mutación. Psicodelia, rock, gospel, electrónica, indie y más.

Brillos, tacos y lentejuelas negras para el coro celestial y la bajista Simone Butler; traje blanco estilo setentoso para el príncipe Bobby, un verdadero extraño de pelo largo que se mueve sin preocupaciones; sombrero para el guitarrista Andrew Innes y estilo punk con mucho delineador para el saxofonista Alex White completan un escenario de gala.

La voz sexy, chill, indie y pegadiza de Gillespie se suma en el segundo track del show: “Love Insurrection”, del último y reciente disco Come Ahead (2024). Con una letra más política, llama al amor en medio de la guerra y un mundo en llamas. Todo se pone más sensual, bailable, movido, funky, con un sonido cercano a los Talking Heads. El ritmo nos hace sentir como en una fiesta. Bobby junta las manos en un rezo mientras canta el estribillo. Sus rodillas no dejan de moverse. Muchas palmas lo acompañan. Su cuerpo parece liviano, fluye con el ritmo de la música sin esfuerzo. Emana paz y amor. Se acerca al público y regala besos. “No pasarán”, dice la voz en off que da fin a la canción.

Sigue “Jailbird” para responder a las ganas de cantar y saltar de la gente del C Art Media. Con el rock vienen los pecados: mucha guitarra y el canto permanente del público: “I’m yours, you’re mine”, en repeat. Eran muchos los éxitos de Primal Scream, y muchos sus cambios de estilo de un disco a otro.

La setlist sigue camaleónica y el gospel regresa en “Ready to Go Home”, un temazo del álbum del 2024 que nadie puede negarse a bailar con su sonido casi disco. Recuerda a la banda Jungle. El estribillo queda pegado en el cuerpo. La repetición convierte a este show en una verdadera misa, pero con mucha onda.

“I’m Ready, I’m Ready”, canta el dúo. Palmas y palmas. “I’m Ready, I’m Ready”. Potencia de la palabra: hasta creerlas.

La oscuridad y el rock más pesado de “Deep Waters” aplaca por varias canciones estos momentos de fe. Nada permanece para la música de Primal Scream, que ha evolucionado sin resistirse al cambio, como da cuenta Come Ahead, que significa “adelante”. Los ánimos suben y bajan, se mueven y se tranquilizan.

Con “Loaded” llega el estallido. “A Diego Maradona”, dedica el tema Bobby. Buenos Aires es suyo. El clásico es un viaje a los ‘90 y el sonido es perfecto. Una remera del 10 es arrojada al escenario y da origen al momento más lindo de este show: la camiseta se alza en alto. La sonrisa cómplice del líder es sentida y triste, la misma que tienen todas las caras que lo observan. Y en cuanto empieza la voz, todo es pogo, salto, locura y baile. Siempre baile. Las emociones quedaron arriba y ya no se pueden bajar: “Swastika Eyes” y “Movin’ on Up” terminan esta triada increíble. Con este último podría haber acabado el concierto. Mantra gospel eterno de Primal Scream y manifiesto de lo que predican: moverse, en todos sus modos.

El cantante parece juntar y tocar la energía del movimiento de la gente con sus brazos, como si le estuviera dando forma a ese hilo que se arma entre los músicos y el público. ¿Será que lo puede tocar? Sube y baja los brazos. Los abre. Siente la vibra y nos hace sentirla, como si todos fuéramos adorados.

Para el final del show, con “Damaged”, “Come Together” y “Rocks”, Bobby ya no es un príncipe blanco: cambia de vestuario y ahora lleva la remera de Maradona.







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