Levantar un programa de cara al futuro

Por: Juan Carlos Schmid

Hay que construir una Argentina solidaria, con memoria histórica, donde el hombre valga por su condición y no por su cuenta bancaria.

Antes del 17 de octubre de 1945, si bien existían los sindicatos, éstos no eran considerados como actores políticos. Desde aquella fecha en el escenario nacional, la clase trabajadora tuvo su protagonismo tanto en democracia como en dictaduras.

Además, el gobierno peronista diseñó un plan de industrialización cuyo impacto moldeó un sujeto obrero que cambió el patrón de consumo en el país. Los cines, teatros, comercios, tiendas, lugares de recreación de repente fueron “invadidos” por la nueva clase trabajadora generando un cambio cultural y social nunca antes vivido. 

El rol de la Confederación General del Trabajo estuvo condicionado por el contexto político: una cosa fue en democracia; otra muy distinta durante los gobiernos militares. Sin embargo, la CGT nunca pasó desapercibida. La prueba está en que el golpe de 1976 atacó al corazón del sindicalismo secuestrando y encarcelando o eliminando dirigentes y delegados de base. 

Todavía somos empecinados. Todavía creemos que no son los tecnócratas ni los comunicadores sociales los hacedores de la historia. Nos resistimos a clausurar aquel 17 de octubre y a abandonar la idea de construir una Nación. Porque de eso se trata: de levantar un programa de cara al futuro. Significa construir una Argentina solidaria, con memoria histórica, donde el hombre valga por su condición y no por su cuenta bancaria. Donde se distribuya la riqueza en lugar de esparcir la miseria. Esta es la brecha que nos separa de aquella epopeya.  

La vigencia del vínculo entre Juan Domingo Perón y los sindicatos es un fenómeno de memoria histórica, de lealtad con el ideario justicialista y mucho de mito eterno. 

Si revisamos el acontecer político de los últimos 80 años no se podrá evitar una referencia al peronismo más allá de sus matices, algo que no sucede en ningún lugar del mundo. 

Los liderazgos mundiales de post-guerra -como lo fueron los de Winston Churchill en Inglaterra, Charles De Gaulle en Francia, Mao Tse Tung en China, entre otros- pasaron todos a segundo plano. Sino olvidados. Perón y Evita todavía suenan vigentes en la Argentina.

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