Los últimos veranos europeos se caracterizaron por una suba significativa de las temperaturas, con efectos nocivos que van desde la proliferación de incendios en distintas regiones, como suba de mortalidad en determinados sectores etarios, con devastadoras incidencias en la vida cotidiana. El avezado investigador y militante ecosocialista Ramón Contreras López es un profundo conocedor de ese escenario. Formó parte de distintas organizaciones como, por caso, Transformando la Energía en Navarra. Y es columnista de varias revistas europeas, entre ellas la histórica de la izquierda española, Viento Sur, donde publicó la columna «Cuando el cielo arde».
Resume, al comienzo de la charla, que “este verano ha sido catastrófico para el Estado español. El fuego se ha extendido por toda la península, incluido Portugal. Extremadamente virulento. Un fuego diferente, por la velocidad y la imposibilidad de frenarlo. Sobre todo en el centro de la península, en la región castellana, la más perjudicada. Casi todas las provincias han tenido incendios. Andalucía, Cataluña, Galicia, Navarra, Extremadura, todas. Lo que intento es que la gente vea lo que estamos viviendo: el humo, los 40°, incendios, noches que no podemos dormir. No es un episodio aislado, es la fotografía de un momento histórico muy complejo. Debemos situarnos en una escala global, la del capitalismo y su fase actual. Estos incendios nos están gritando que el ecosistema está a sus límites físicos. Que lo que está por venir es peor de lo que estamos viviendo. Eso es lo terrible.

-Transitamos una encrucijada global de los efectos del cambio climático.
-La realidad está pegando tantas bofetadas que todos, hasta las instituciones, deben reconocer la gravedad. Se ha roto una premisa histórica del discurso capitalista: el crecimiento económico es infinito, la idea del desarrollo sin límites. Nosotros denunciamos pero no se gestiona en forma colectiva y democrática la salida verdadera. Estamos dejando que las mismas lógicas que están provocando la crisis nos vayan adaptando a la misma. Se privatiza el agua en nombre de la eficacia, se levantan macrogranjas y centros de datos en nombre de la innovación, se construyen trenes de alta velocidad en nombre del progreso. Es el mismo patrón, convertir la catástrofe en oportunidad de negocios. Hoy son minoritarios los sectores que siguen negando el cambio climático. Pero el problema es que el mismo «capitalismo verde» está planteando una lógica similar.
-Esta situación no es producto de la casualidad, sino de políticas de años de un modelo destructor del medio ambiente y el ecosistema.
-La crisis climática no viaja sola, viene acompañada de guerras, migraciones forzadas y de una relación colonial con el territorio.
-La paradoja es que los gobiernos exigen responsabilidad individual, mientras las grandes corporaciones energéticas y multinacionales acumulan grandes beneficios a como dé lugar.
-El modelo sigue siendo el mismo. Quieren convertir estas catástrofes en oportunidades o nichos de negocios.
-Este desarrollo sin límites genera xenofobia en los países. Como con los migrantes marroquíes en Ceuta.
-La reacción de Europa es: «Cuidado, se nos vienen aquí». Se hace abstracción de que el cambio climático genera sequías, hambrunas y desplazamientos poblacionales, lo mismo que el extractivismo, alterando el ecosistema como efecto del accionar de las grandes corporaciones. Con efectos gravísimos en las cosechas y alterando la vida de millones de habitantes en el continente africano. Ante estas graves alteraciones vivenciales la gente no desaparece, intenta sobrevivir, desplazándose. Y se encuentra con los límites de las fronteras. Además una continuidad colonial que no podemos obviar. Son esos territorios que han sido saqueados de sus recursos durante siglos. Los que sufren con más dureza el colapso ecológico, mientras las economías del norte global siguen extrayendo litio, cobalto, tierras raras, para alimentar la supuesta «transición verde».

-¿Cuál es tu posición ante los pactos climáticos?
-Crear normas para poder llevar a cabo este capitalismo verde. Julien Recondo, quien es muy experto, dice: «La respuesta debe ser gestionada por el accionar de las organizaciones locales». En el pueblo de Salinas, al lado de Pamplona, donde vivimos ambos, hubo un incendio que amenazaba al pueblo y en cinco horas se atajó. ¿Por qué? Porque había una organización del pueblo de vecinos y vecinas que sabían dónde estaban las bocas de riego y cuáles eran los puntos de mayor riesgo. Reaccionaron rápidamente desde un primer momento, logrando atajar el fuego, antes que llegaran los bomberos y protección civil. Este conocimiento local permitió crear la diferencia entre una emergencia controlada y una catástrofe que se evitó. En otro pueblo, Legarda en el 2022, hubo un incendio que arrasó todo: la gente, en vez de lamentarse, creó un mecanismo, puso un plan en marcha, con un enfoque comunitario pensado por los lugareños, y combinó tecnología de gestión psicopastoral, con las denominadas «vacas bomberas» de ganadería extensiva que reducen las pasturas secas que alimentan los incendios forestales. La clave creo que es que participe la misma gente del lugar con sus saberes. Existen diversas experiencias en Gran Canarias. Frente a un sistema que privatiza la energía, abandona el medio rural y gestiona el territorio priorizando la rentabilidad, la salida es fundamentalmente lo contrario: el conocimiento local combinado con la autoorganización.
-Nos hablan en esta dinámica de crecimiento sin límite, de la economía verde y de la sustentabilidad.
-Venta de humo. Una huida hacia adelante. Es no querer reflexionar sobre la problemática actual en unos términos reales que cuestionen el modelo. Siguen planteando el mismo modelo de crecimiento ilimitado, cuando estamos en un mundo limitado.
-Habría que lograr entender que detrás de todas estas catástrofes está un proyecto civilizatorio desde hace siglos.
-Mientras ese proyecto siga en pie, ese es el problema. Pero no es el momento de rendirse. Lo que intentan ponernos sobre la mesa es la parálisis, mostrarnos que el problema es tan grande que no hay nada que hacer. Que no hay alternativa o que lo dejemos en sus manos. Toda vez que el movimiento sindical y el movimiento ecologista se han unido de verdad, no en una foto sino en la práctica, han podido concebir proyectos, abrir grietas, cambiar agendas. Lo que hoy parece inevitable, el crecimiento sin límites, la energía privatizada, las fronteras cerradas para unos y abiertas para el capital, fue en su momento una decisión política. Y lo que se decidió ayer se puede decidir de otra manera. No estamos en una ley divina. Por eso digo que «cada incendio es un acta de acusación» pero también puede ser un punto de partida. La pregunta es si este planeta puede proseguir sosteniendo este modelo irracional o si somos conscientes colectivamente de tomarlo en nuestras manos. «