El oficialismo logró la aprobación del proyecto, que volverá a ser tratado en el Senado la próxima semana. La articulación de la mesa política con los gobernadores, clave para consolidar la escribanía libertaria en el Congreso.

La ocurrente decisión de cenar en familia redujo en un santiamén el número de presentes dentro del recinto. El justicialismo empezó a oler sangre. Vía Whatsapp, se alertó internamente sobre la situación para evitar “avispar” al oficialismo. La distensión oficialista se contagió en los aliados del PRO y bloques provinciales, que aprovecharon el revuelo en el recinto para dar notas a la prensa televisiva que cubría la sesión desde los salones aledaños. Momento ideal para mostrarse a sus votantes. El peronismo esperó el momento justo y atacó.
En cuanto el tablero marcó 128 presentes, todo el bloque justicialista salió disparado de sus bancas y exigió el fin de la sesión por falta de quórum. Lo que vino después fue el caos. Mientras asesores y trabajadores de la Cámara corrían por los pasillos para ir a buscar a Menem y el resto de los diputados, Silvana Giudici tomó la posta y, con la cintura que La Libertad Avanza carece, salvó una sesión que volvió a tambalear por obra y gracia de la inoperancia. Mientras el peronismo se encimaba en el escritorio de la presidencia, la ex macrista solicitó una moción para adelantar la votación que, finalmente, se terminó dando cerca de las 2 de la mañana.
“Estuvimos verdes”, reconocen desde el gobierno frente a la circunstancia que casi les cuesta el cierre de las sesiones extraordinarias. Ésta no es la primera vez que el menor del clan Menem pone en riesgo los planes parlamentarios del oficialismo. En septiembre del 2025, con una oposición fortalecida, el sobrino del ex presidente tuvo que improvisar un artilugio para levantar la sesión en la que se aprobó la creación de una comisión investigadora por las muertes a causa de fentanilo contaminado, las coimas en ANDIS y la reforma a la ley de DNU.
Como aquella vez, el conocimiento del reglamento y los artilugios de la Cámara de su entorno fue lo que salvó al riojano de la guillotina. Cristian Ritondo, incluso, debió interrumpir estrepitosamente una entrevista con un importante canal de televisión para atender el revuelo que se había desatado a sus espaldas. Hubo reproches internos que llegaban desde dentro y fuera del Congreso. La reprimenda quedó en segundo lugar cuando en el grupo de Whatsapp que comparte la mesa chica del oficialismo se empacharon de halagos cruzados y consagraciones exorbitantes.
La plana mayor del Ejecutivo, encargada de llevar las riendas de las negociaciones con legisladores y gobernadores aliados, se trasladó desde temprano al Congreso. El ministro del Interior, Diego Santilli; el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt y el armador nacional, Eduardo “Lule” Menem caminaron desde temprano los pasillos del palacio y manteniendo constantes reuniones con el presidente del recinto. Casi a la hora de la votación se sumó el jefe de gabinete, Manuel Adorni, quien se mantuvo activo durante la mañana brindando una entrevista y luego continuando su agenda de trabajo en Casa Rosada.
Sin condicionamientos, todos los integrantes de la mesa política reportaban cada uno de los movimientos a la secretaria general de la presidencia, Karina Milei, quien optó por no acompañar a su hermano a su catorceava gira por Estados Unidos donde participó de la primera cumbre del Board of Peace que preside Donald Trump. Minutos antes de que comenzara la votación en general, El Jefe llegó al Congreso escoltada por sus colaboradores y se situó en el palco del recinto, desde donde festejó junto a los funcionarios de su hermano el deseado éxito legislativo. El único que no se sumó a la foto fue el asesor presidencial, Santiago Caputo, quien siguió la sesión desde su despacho en el Salón Martín Fierro.
Para un integrante de la mesa política, la coordinación de todas las facciones del gobierno fue clave para lograr la aprobación del proyecto. Primero, con las negociaciones que Patricia Bullrich llevó adelante en el Senado, donde el gobierno pretende volver a tratar la semana que viene el proyecto tras la eliminación del fatídico artículo 44 que buscaba descontar un porcentaje del salario a los trabajadores que se vieran obligados a tomarse licencia por cuestiones de salud percibidas fuera del horario laboral.
Pese a las presiones que ejerció el autor del artículo, el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, ganó el dialogismo. Y las encuestas. Según reconocieron desde el oficialismo, el tracking sobre el texto de la discordia fue avasallantemente negativo. Suficiente para dar el volantazo. El movimiento del nuevo espacio Amague y recule libertario generó un más oleaje interno, que nuevamente tiene al Coloso en el centro de la escena. No son pocos los funcionarios que lo apuntan internamente como un cuentapropista enfocado en trabajar en pos de intereses ajenos y no pensando en conseguir éxitos legislativos para el presidente.
El ex funcionario de la Alianza, por su parte, empieza a sospechar de sus compañeros de espacio por la numerosa cantidad de noticias con información interna que se publicaron en los últimos días sobre su esposa, María Josefina Rouillet, y las contrataciones poco claras que Cancillería tiene con la Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI) que preside la cónyuge del ministro. Sobran las versiones sobre un operado desgaste para forzar su salida. Nadie, por ahora, se atreve a confirmarlo.
Con todo el trasfondo por delante, Santilli y el clan Menem se pusieron al hombro las negociaciones con los gobernadores para intentar destrabar un proyecto que desde el inicio tuvo un sinfín de complicaciones. Gustavo Sáenz (Salta); Osvaldo Jaldo (Tucumán); Raúl Jalil (Catamarca) y Hugo Passalacqua (Misiones) volvieron a ser claves para habilitar la sesión. Aportaron sus diputados, que sufrieron un apedreamiento público, y el cumplimiento de las promesas de nuevos Aportes del Tesoro Nacional y resoluciones de conflictos provinciales empezaron a tomar forma. Favor con favor se paga.
Pese a la pantomima, los catamarqueños Fernanda Ávila, Fernando Monguillot, y Sebastián Nóblega votaron en contra de la reforma. El tucumano Javier Noguera, por su parte, abandonó el recinto cuando todavía se estaban llevando adelante los discursos de cierre. Junto a sus coterráneos, los norteños fueron el centro de las críticas de sus ¿ex? compañeros del justicialismo. El abandono, sin embargo, no tuvo injerencia alguna en la aprobación final del texto. Desde temprano, en el gobierno sabían que los legisladores sólo iban a colaborar con el quórum, pero no apoyar la votación. El oficialismo se llevó una ley y las provincias la llave para seguir negociando. Win-win.
Aunque el triunfo fue celebrado en todas las facciones, la unificación no es un hábito que La Libertad Avanza pueda sostener en el largo plazo. Dos horas antes de la votación en general, el diputado nacional y armador bonaerense, Sebastián Pareja, se adelantó a la foto oficial del triunfo y logró hacerse de una postal con Karina Milei, la diputada nacional y armadora santafesina, Romina Diez, y Sharif Menem, el más jóven del clan riojano que oficia como junior de sus tíos dentro del recinto. La presencia del veinteañero disipó las versiones sobre el aparente alejamiento entre el menemismo y el bonaerense.
Desde hace meses, el presidente de La Libertad Avanza en la Provincia de Buenos Aires protagoniza una puja silenciosa con Santilli por la bendición de la hermanísima para competir por la gobernación en 2027. ¿Cómo le habrá caído al ministro la postal de su colega con la dama que ambos batallan por conquistar? Dicen que no muy en gracia. Pareja, por su parte, no perdió el tiempo. También posó junto a Lilia Lemoine, a quien en las redes los opositores internos del armador destrozaron y catalogaron como “traidora” por subirse al juego del enemigo declarado de Las Fuerzas del Cielo.
Santilli, en tanto, se llevó una nueva foto en el palco del recinto. Junto a Karina, Adorni, Devitt y “Lule” Menem, el ministro festejó sin recordar ni por un segundo su pasado peronista. Aprobado el proyecto, la plana mayor del gobierno se trasladó a uno de los salones del Congreso para fotografiarse con los diputados que colaboraron con la hazaña y le pusieron el moño a una nueva mayoría casi automática que el oficialismo logró consolidar a costa del para nada moderno método de látigo y billetera con las provincias necesitas.
Después de más de diez horas de debate y con tensiones dentro y fuera del Congreso, la Cámara de Diputados aprobó el nuevo texto de la reforma laboral. Con 135 votos a favor, el oficialismo logró consolidar el apoyo de los aliados y se aseguró, al menos por ahora, el control en ambas cámaras. Sólo el tiempo sabrá cuánto durará la escribanía.
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