La ley consagra un modelo imposible de encarnar para cualquier ser finito: el de una salud perfecta y permanente.

¿A qué llamamos capacitismo y cuál es su vínculo con el capitalismo? Fiona Kumari Campbell define al capacitismo como “una red de creencias, procesos y prácticas que producen un particular de sí mismo y de cuerpo (el cuerpo estándar) que es proyectado como el tipo perfecto de la especie y por ende el esencial y plenamente humano”.
Este proceso consolida lo que Robert McRuer llama el «sistema de capacidad corporal obligatoria»: fija expectativas y exigencias sobre cuáles son los comportamientos posibles, cuáles los cuerpos y mentes deseables. Como señala Macarena Marey, el estándar capacitista se identifica con el adulto funcional, definido en base a los imperativos del mercado de trabajo. Este último instituye de manera compulsiva la asociación entre normalidad, salud y productividad, penalizando a las personas con discapacidad o enfermedades crónicas mediante la exclusión de la fuerza de trabajo o la precarización. Como explican Marta Russell y Ravi Malhotra, el empleo de trabajadores no-estándares supone costos adicionales, por lo que no suele ser redituable para la clase capitalista (a menos que sus salarios sean inferiores a los de un trabajador estándar). En el plano ideológico, sin embargo, su segregación y pauperización se justifican apelando a sus supuestas características individuales. Así, la discapacidad o la enfermedad aparece como un infortunio privado cuya resolución se traslada a la responsabilidad individual.
La modificación del régimen de licencias médicas refuerza la compulsión de la norma capacitista y empeora las condiciones materiales de quienes no nos adecuamos al estándar de capacidad y salud. Reduce tanto el plazo de las licencias como la remuneración percibida durante este período, fijándola a un 50% del salario en caso de que la enfermedad o lesión sea resultado de un ‘acto voluntario’, o en un 75% en caso de que no lo sea. Estas disposiciones impactan materialmente a quienes sufrimos de enfermedades crónicas y debemos ausentarnos regularmente de nuestro lugar de trabajo.
Sin embargo, también perjudican a quienes más se aproximan al cuerpo estándar, confirmando así la obligatoriedad de la norma capacitista.
La ley consagra un modelo imposible de encarnar para cualquier ser finito: el de una salud perfecta y permanente. Irónicamente, responsabiliza y penaliza con más severidad a quien procure mejorar su estado físico, si se lesiona accidentalmente al practicar un deporte. En esa aparente ironía se pone de manifiesto el verdadero objetivo de la norma: disponer y controlar el cuerpo del trabajador en función de la acumulación de capital.
La autora fue diagnosticada con enfermedad de Crohn en 2023.
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