La banda comandada por el exlíder de Cópula sigue apostando a su estética electropop, pero le agrega nuevas dosis de audacia y refinamiento. Lo presentará este martes en el C.C. Rojas.

Foto: gentileza Nicolás Colombo.
De sonoridad envolvente, por momentos hipnótica, sugerida con la distancia de una cámara lenta, las nueve canciones que componen el disco se referencian en un concepto muy logrado, y nada inocente: solo con suavidad y altura podrá afrontarse el “nuevo orden” que nos ha tocado vivir. Javier nos define el álbum, en el cual trabajó con el productor Pablo Catania, como “un manifiesto sonoro sobre estos tiempos inciertos y distópicos en el que las melodías enlazan un costado tecnopop, un pulso rocker y cierta densidad heredada de los ochenta”.
En efecto, la filiación artística de la banda va de lleno a los ochenta, aunque también se inspira en una poética retrofuturista del devenir. Recordemos que Javier Rendo también es un arquitecto admirador de la Bauhaus, lo que le ha aportado una mirada estética de gran amplitud. En el disco, resonancias de Melero, Cerati, Virus, o de Charly García, cuya “Pasajera en trance” es nombrada en el tema “Whisky solo”, se conjugan con influencias europeas (Kraftwerk, New Order, OMD) afinadas no obstante por un imaginario propio, que se acopla a la perfección en nuestro desbordado presente.
“¿Cuándo haremos algo mejor?”, se pregunta en el tema de apertura, “Eclipse”. La respuesta: hemos de “sintonizar la misma canción” (“Desenfreno”) dado que “nada permanece, solo el amor”, según canta en “Nada es real”. El arte se expone necesariamente como antídoto amoroso, manto de belleza, deleite y fraternidad frente a la tensión de un porvenir en crisis: “No sé dónde está el futuro, sueño melodías que me llevan”. Tres de los temas que componen el álbum ya habían sido estrenados con anterioridad en plataformas: se trata de “Secreto Alivio”, “Paraíso artificial” y uno de los temas más logrados, “La última llamada”, todo un himno en torno a la urgencia de detener la ciega locomotora del progreso sin fin.
“La mañana verde”, una de las joyas del disco, apunta con su complejidad sonora y su lírica de la extinción a evocar las amenazas que se ciernen sobre la humanidad y que demandan acciones sin paliativos. “El desasosiego de la época, inconscientemente, de todos modos, nos entrega al baile”, nos comenta Javier Rendo, cuyas voces, teclados y secuencias marcan la senda de guitarras punzantes e impresionistas ejecutadas por Fidel Araujo y Marcelo Dice, y de los bajos de Nelson Colllingwood, artífice de ritmos bailables hasta el ensueño.
Rendo presenta Suave y arriba en el marco del ciclo Ciclo Visagë. También toca Reina y el Príncipe heredero. Curaduría: Fabián Jara. Martes 7/11 a las 20:30 en el Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038.
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