Reúnen y editan las columnas que Fontanarrosa escribió durante los mundiales de 1998 y 2002

Por: Claudia Lorenzón

Bajo el título de "Quiero verte otra vez", el libro agrupa relatos protagonizados por un periodista deportivo que, en la piel del propio escritor, narra su experiencia en esas copas del mundo, recreando la pasión de los argentinos por la Selección.

A 15 años de la muerte del dibujante, escritor y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa, la editorial Planeta se propuso reeditar su obra completa y dar a conocer textos inéditos del autor comenzando con la publicación de «Quiero verte otra vez», un libro de relatos que tienen como protagonista a un periodista deportivo que, en la piel del mismo Fontanarrosa, narra su experiencia en dos mundiales de fútbol, con un humor inteligente y efectivo que hace la delicia de los lectores recreando la pasión futbolera de los argentinos por la Selección nacional.

Si bien la obra de Fontanarrosa fue reeditada en 2012 por Planeta, la flamante directora del sello editorial, Adriana Fernández, cuenta a Télam que «en esta nueva puesta en valor de su obra aparecieron relatos inéditos en los archivos de su esposa, Gabriela Mahy y entonces además de trabajar en la reedición de su obra, estamos con un plan de recuperar textos, de los cuales ‘Quiero verte otra vez’ es el primero», dice a propósito de la flamante edición que reúne bajo la edición de Miguel Russo materiales que habían sido publicados en Clarín sobre los mundiales de fútbol.

Fontanarrosa inició su carrera en revistas de Rosario, trascendió a nivel nacional por la originalidad de sus dibujos y la rapidez con que los ejecutaba, de ahí que su producción gráfica fuera tan prolífica o abundante. En la década del 70 comenzó a dibujar en las revistas Hortensia, Satiricón y en el diario Clarín, donde trascendió con sus personajes «Boogie, el aceitoso» -que llegó a publicaciones de Colombia y México-, y el gaucho Inodoro Pereyra, siempre unido a su perro Mendieta.

Hincha de Rosario Central y fanático del fútbol, también escribió varias obras con este deporte como temática, como el cuento «19 de diciembre de 1971», en el que relata la victoria de Central sobre Newell’s en la semifinal de un torneo nacional, «El ocho era Moacyr», o las historias sobre la hermana Rosa, una mentalista excéntrica protagonista de relatos relacionados con los eventos en los que jugaba la Selección Nacional, que retoma en esta nueva colección de textos.

En este caso, el autor elige como protagonista de las historias a un periodista deportivo que sigue los pasos de la Selección argentina en las eliminatorias de los mundiales de Francia y de Corea/Japón, y en los encuentros deportivos de esas contiendas futbolísticas, donde vuelve a aparecer la Hermana Rosa, que va anticipando con poco éxito los resultados deportivos de la Selección albiceleste; e incluye al analista y dermatólogo Juan José Serenelli, quien intenta derribar con aguda lógica pensamientos simplistas que todo hincha puede tener.

En estos escenarios, Fontanarrosa se vale de comparaciones, a veces hiperbólicas, al montar situaciones en las que algunos partidos recuerdan una contienda bélica, o al aludir a coreógrafos para dar cuenta de la habilidad deportiva que ciertos jugadores de equipos contrarios portan y que será necesario derribar en el campo de juego. En esos relatos, la prosa del autor se destaca por la vastedad cultural que revela tener y que siempre puso en juego el popular creador de «El mundo ha vivido equivocado», «No sé si he sido claro», «Nada del otro mundo», «El mayor de mis defectos» y «Uno nunca sabe», nacido el 26 de noviembre de 1944.

«El Negro era poseedor de una biblioteca entera dentro de su cabeza. Sabía tanto de fútbol como de historia, geografía, pintura, literatura, técnicas de levante y de desplante (masculino y femenino), música, cafetería, sociología, psicología, charlatanerismo, filosofía, esoterismo, pragmatismo, sindicalismo, política, botánica, insectología. Es decir, sabía de todo. Y, de todo, mucho», afirma Russo en diálogo con Télam.

«Quiero verte otra vez es una prueba más de esa sabiduría. Una mezcla desopilante de todas y cada una de las ciencias humanas (y no tanto) homogeneizadas por una técnica narrativa impecable que tiene, como todos los otros libros suyos, la notable característica de hacerle fácil al lector lo que parece imposible de discernir. Una característica muy difícil de encontrar en la literatura universal», agrega Russo, que como periodista entrevistó a Fontanarrosa en muchas oportunidades y recuerda con cariño la primera vez que lo hizo.

«Antes de arrancar mi primer reportaje a Fontanarrosa, me preguntó por qué lo entrevistaba. Cuando le dije que lo hacía por el libro de cuentos que acababa de publicar (en aquel entonces por De la Flor), que quería entrevistar al narrador Fontanarrosa, largó una carcajada y me dijo, sincera y notoriamente avergonzado: «¡Eh, pero yo no soy un escritor!». Nos encontramos diez o quince veces más, y siempre recordaba lo que él seguía llamando »la tarde del asombroso malentendido'».

«Disfruté todos y cada uno de sus libros con una voracidad que, lo admito, sólo me proporcionaron contadísimos escritores. Cada uno de ellos, leídos en los continuos viajes en tren de mi casa al laburo, me hacía depositario de la mirada de asombro de todo el pasaje que me rodeaba sin poder creer que un libro pudiera ser el causante de las risotadas que no podía ni quería reprimir», recuerda el periodista y editor.

Fontanarrosa fue protagonista de estos viajes hasta donde llegó la Selección argentina y en encuentros por las eliminatorias, lo que es recuperado en «Quiero verte otra vez». Russo cuenta que el autor había viajado «al Mundial de Francia y a varios puntos donde se desarrollaron las eliminatorias de los dos mundiales que abarca este nuevo libro. Sin embargo, a los sitios donde no viajó en el preciso momento de los partidos los describe con una certeza impecable, como queriendo demostrar que todos los lugares del universo son siempre el mismo lugar que su Rosario natal. ‘Casas más, casas menos, igualito a mi Santiago…’, parece decir parafraseando al tema que popularizaron Los Chalchaleros», agrega el periodista.

En cuanto a las nuevas obras que la editorial piensa publicar por primera vez, Russo señala que «entre los muchísimos papeles inéditos rescatados por la familia de Fontanarrosa, hay una enorme cantidad de cuentos, apuntes, proyectos, poemas, esquemas de relatos, variantes posibles de narraciones, historias, relatos autobiográficos y ayudamemorias que estamos clasificando para armar nuevos libros».

Ante esta vastedad de materiales encontrados, el editor evalúa que «luego de verlos todos, habrá no menos de tres o cuatro libros nuevos. Las temáticas abordadas son tan amplias como las de los otros libros del Negro, siempre con un ojo atentísimo puesto en las idas y venidas del ser nacional. Salvo los relatos en los que cuenta partes de su vida (sus relaciones, sus amistades profesionales y no profesionales, sus gustos, sus placeres, sus sueños, sus pesadillas), temática no abordada en ningunos de los libros editados hasta el momento».

Fontanarrosa publicó tres novelas y quince libros de cuentos, muchos de los cuales fueron dramatizados, convertidos en obras teatrales y llevados al cine o a la televisión. La admiración, el reconocimiento y el valor por la amistad que cultivó a lo largo de su vida lo hicieron depositario, luego de su muerte el 19 de julio de 2007, de gran cantidad de homenajes que pasaron desde un documental sobre su propia vida, esculturas de su figura y de sus personajes más emblemáticos como Boogie el aceitoso, Mendieta e Inodoro Pereyra, hasta la creación de un centro cultural que lleva su nombre en la ciudad de Rosario.

Para Russo, editor de la obra desconocida que dejó Fontanarrosa, la posibilidad de editar su material inédito «es una de esas caricias fantásticas que la vida te ofrece en medio de tanta paliza. Ver sus papeles viejos, algunos manuscritos, otros tipeados a máquina con correcciones hechas a mano, me otorgaron la maravillosa sensación de volver a verlo a él (de ahí el entrañable, futbolístico y no tanto, ‘quiero verte otra vez’), de escucharlo contar sentado del otro lado de la mesa y de estar ante la presencia de las historias de uno de los pilares de la literatura argentina, a pesar de lo que él pensaba de sí mismo», concluye.

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