Reynaldo Sietecase: “En realidad, soy más un ‘dudante’ que un escéptico»

Por: Mónica López Ocón

El escritor y periodista publicó recientemente "Cabrón", un libro diferente de su producción anterior en el que habla de su padre muerto hace años partir de los objetos que éste dejó. Un texto íntimo, sensible y fragmentario que escucha la voz de las cosas.

“Durarán más allá de nuestro olvido; /no sabrán nunca que nos hemos ido”. Estas palabras son un fragmento del poema de Jorge Luis Borges Las cosas Son también el acápite del último libro de Reynaldo Sietecase, Cabrón, un texto muy distinto de todos los que escribió anteriormente.

Se trata de un libro íntimo en el que narra su relación con su padre muerto hace 20 años y lo  hace, sobre todo, a partir de los objetos que quedaron de él, desde un par de anteojos a una radio. Estos objetos conforman ese amplísimo conjunto de lo que llamamos “las cosas” y que suponemos inanimadas y, por lo tanto, mudas.

Sin embargo, por alguna razón recuerdo en este momento el famoso título de Foucault Las palabras y las cosas y me refiero específicamente al título, no al contenido. Es que las cosas no son silentes sino que hablan en un idioma que a veces no entendemos y, convertidas en recuerdo, son narraciones que nos cuebtan de nosotros mismos, son parte de nuestra identidad. 

Sietecase lo comprobó el día en que, de golpe, los objetos que dejó su padre comenzaron a contarle historias. Quizá antes no las escuchaba. Es “que hay que saber escucharlas” dice hoy, luego de que, repentinamente, comenzara a comprender su lengua que se caracteriza por tener un solo tiempo verbal, el pasado.  

Reynaldo Sietecase

-Supongo que todo el mundo debe preguntarte cómo pasaste de escribir novelas policiales a hacer un libro tan íntimo. Yo no voy a ser la excepción.

-Mirá,  la verdad es  que no lo no sé. Fue un cruce del destino, del azar, no sé cómo definirlo.  Cursé la maestría de escritura creativa de la UNTREF.

. Vengo  escribiendo novelas policiales desde hace varios  años.  Por  suerte,  mi novela La Rey quedó como finalista del Premio Hammett y estoy muy entusiasmado con el hecho de consolidarme en la literatura criminal, como la llamo yo, porque son novelas con crímenes pero  no necesariamente policiales tradicionales.

Yo venía pensando en  el próximo proyecto del que  ya tenía algo esbozado. Pero cursé  la maestría en escritura creativa de la UNTREF y en el medio de la maestría me dieron un ejercicio queconsistía en escribir a partir de un recuerdo y empecé a escribir sobre la guitarra de mi padre, de la que me acordaba perfectamente. Pero me di cuenta de que no me acordaba de su  voz. Sentí una gran angustia, ¿Cómo era que no me  acordaba de la voz de mi papá? Claro, era una época donde no había tantas filmaciones.

-Dicen  que lo primero que se olvida se una persona es su voz.

-Es cierto o, por lo menos en mi caso es cierto. Así que me puse a buscar y encontré una filmación en la que él está comprando una cámara, fue muy impactante. Entonces me puse  a buscar los objetos que tenía de mi viejo en mi casa, que eran bastantes y  los tenía desde  hace 20 años porque  mi papá murió hace 20 años. Lo que pasaba es que esos objetos nunca me habían hablado, pero  en ese momento me empezaron a hablar.

Esto me generó la necesidad de empezar a escribir sobre esos objetos: el anillo, los anteojos, el reloj de ajedrez, la radio…Ya no podía parar de escribir. En el marco de la maestría había que hacer una tesis y yo pensaba hacerla  sobre un policía.  Como era escritura creativa también había que hacer una especie de prólogo justificando por qué escribía ese libro y con qué elementos lo hacía, es decir había que poner en juego lo que había aprendido.  Yo pensaba hacer una novela policial pero, finalmente. digo, «no, ese libro que tengo que escribir voy a escribirlo sobre mi padre.

Foto: Prensa Alejandra López

-¿Y cómo comenzaste?

-Empecé un trabajo como de arqueología,  porque era sobre los objetos. Terminé el trabajo, presenté la tesis y seguí escribiendo. Cuando ya tenía bastante material  hablé con mis editores en Alfaguara, les dije «no sé si tengo un libro o no tengo un libro, pero sí tengo un montón de textos sobre mi viejo.» Me contestaron  que les mandara el material, lo vieron, y me respondieron “claro que es un libro, un libro personal, muy íntimo, pero función”.

  Mientras tanto, yo venía leyendo muchos libros sobre el padre, que hay una cantidad enorme. Diría que la escritura sobre el padre  es un género. Tiene que ver con el  patriarcado, una figura que nos afecta a todos. Así que te diría que el proceso que culminó en Cabrón fue  muy azaroso.

-La lectura de Cabrón me hizo pensar  en otros escritores que  narraron en torno a objetos: un poeta como Francis Ponge, un narrador como Georges Perec.

-Sí, Cabrón está muy influenciado por Perec. En un principio, yo dudaba, me parecía que estaba escribiendo un rompecabezas y me preguntaba si ese rompecabezas se iba a poder armar en algún momento. Pero, de pronto, pensé en Perec y me pregunté por qué tenía que hacer  un libro tradicional.

“Está bien que este libro sea así –dije-, el desafío es que cada parte cuente el todo”, que era lo que lograba Perec. Me dio mucha libertad darme cuenta de que podía hacer un libro de esas características porque  yo venía  escribiendo novelas con trama, personajes y todos los requisitos que exige la novela, si uno quiere ser riguroso. Pero la  memoria es fragmentaria y lo que yo hice es, justamente, recordar.

-Enrique Vila-Matas dice que el fragmento es la única literatura que puede narrar el caos de nuestra realidad. Por lo tanto, la novela del futuro será necesariamente fragmentaria.

– Es muy interesante esa observación

– Cabrón tiene un gran trabajo de edición que contribuye a que los fragmentos sean también un todo. Cada fragmento, como por ejemplo, el referido a la brocha de afeitar de tu padre, podría leerse como un texto en sí mismo porque  tiene un sentido completo. ¿Cómo fue el proceso de ordenar los fragmentos?

– En ese sentido fue muy importante el trabajo con mi editora que es Magalí Etchebarne.  Ella también es escritora  y me ayudó mucho. Yo iba escribiendo y ordenando como me salía, la cronología era más caprichosa. Con su mirada ella lo fue ordenando de otra manera, sugiriéndome otros lugares. Yo dudaba mucho porque había textos muy cortos, otros más largos y no sabía si eso estaba bien. En un momento me dijo: «Tenés cosas distintas que  debés ponerlas igual. Ella fue la gran arquitecta del libro.

Las charlas con ella me ayudaron a darle el orden que tiene, que quizá  podría haber sido otro.  Una característica del  libro es que lo podés  abrir en cualquier lado y leer un fragmento independientemente del resto.

Foto: Prensa Alejandra López

-Leyendo Cabrón pensaba qué importantes son los objetos. Algunos van pasando de generación en generación y en ellos está depositada parte de nuestra identidad. Creo que en mayor o menor grado los objetos son muy importantes para todos. Por eso hay exposiciones de objetos de un que pueden ser desdeun escritor  famoso hasta un prócer.

-Sí, es cierto.  Los objetos de los que hablo en el libro  estuvieron  conmigo mucho tiempo y nunca  me habían hablado. Lo que pasa es que hay que saber escuchar. Pero de pronto se abrió una rendija, y entonces todos los objetos comenzaron a decirme algo. Antes yo miraba la radio Itachi y no era más que la radio Itachi de mi papá.

Fue con el proceso de escritura de este libro  que empecé a preguntarme qué me pasaba a mí con ese objeto. Fue  un proceso muy singular, muy vertiginoso. Todavía estoy un poco asombrado porque,  además, Cabrón  se recorta mucho del resto de mi producción. Eso me daba mucha incertidumbre, me preguntaba si le iba a interesar a  la gente. Hoy,  por las devoluciones me doy cueneta de que interesa porque le mueve a cada persona  la relación con su propio padre, e incluso, como en mi caso, su propia paternidad.

-Es como si todos los objetos escondieran una narración.

-Ésa un poco era un poco la idea, descubrir qué me contaban.También trabajé mucho el tema delcómo contar para que fuera algo emotivo, que no perdiera humanidad  pero que no fuera sensiblero. Además, que fuera algo directo, sencillo, que no hubiera una escritura excesiva, eso también lo cuidé, lo cuidé mucho.

-Además de objetos, en Cabrón incorporás también otros elementos.

– Sí, en un momento me di cuenta de  que los objetos no me iban a alcanzar para contarlo a mi padre. Entonces incorporé también a personas y después sumé ese viaje que hicimos juntos a Sicilia que para mí fue fundamental. Mi intento era recomponerlo a él con su familia, con su padre que lo abandonó de muy chico. Ese viaje me hizo volver a acercarme a mi padre, después de tantas peleas, sobre todo por desacuerdos políticos. Es viaje es un parte aguas  y por eso aparece justo en la mitad del libro.

¿Ese viaje es también un intento de reafirmar tu propia identidad?

-Sí, me impactó mucho, por ejemplo, una prima que cuando se enteró de que estaba escribiendo algo sobre mi padre, me alcanzó las cartas de amor que le escribía a mi abuela ese hombre que luego la abandonó, que  abandonó a mi papá, ese abuelo que no tuve. Esto habla de la complejidad de la vida. La familia, no importa como haya sido, es parte de nuestra identidad. Creo que, como dicen los sicilianos“la sangre no es agua”.

-Otro eje del libro es tu necesidad de creer en algo superior, de tener una religión, aunque tengas todas las razones para ser un escéptico.

-En realidad, soy más un “dudante” que un escéptico. Me  gustaría creer pero no me da el cuero, no me da la fe.

Narrar la intimidad sin reparos

-Vos sos una persona de mucha exposición pública. ¿En algún momento tuviste reparos en contar cosas tan íntimas como la relación con tu padre o tu debut sexual?

-No, nunca pensé en eso. Este libro es un producto de la necesidad, me doy cuenta de que tenía la necesidad de escribirlo. Lo que sí saqué son algunos fragmentos que sólo tenían que ver conmigo, no con mi padre, como mi llegada a Buenos Aires, mi relación con Lanata y algunas otras situaciones muy  personales. La idea era contar a mi padre y, en todo caso, lo que tiene que ver conmigo en la relación con mi padre. Es cierto que tengo mucha exposición pública  como periodista, pero yo vengo de la literatura antes que del periodismo. La gente me conoce más por la tele y por la radio, pero yo escribo desde los 17 años, escribo desde toda la vida.

 

El llanto de un hombre duro

-Creo que es imposible que el lector de Cabrón no se involucre de alguna manera. Quizá en el momento de la escritura no te diste cuenta de lo que estabas escribiendo

-Hay cosas que estoy reviendo ahora en función de lo que me estás diciendo vos. El otro día me pasó, por ejemplo, que me hizo una nota Mario Pergolini, que me conoce desde hace mucho y siempre tiene la amabilidad de darme una mano en la difusión. Al final de la nota  me pidió que leyera un fragmento de Cabrón. Yo no estaba preparado, entonces leí el comienzo del libro, que empieza con los anteojos de mi padre. De pronto, miro a Mario y estaba llorando. Me quedé helado porque Pergolini es durísimo, siempre es muy irónico. Luego me enteré de que no se hablaba con el padre. En ese aspecto creo que me va a dar más satisfacciones que mis libros anteriores por lo que genera en la gente. En lo otro hay una historia que puede estar bien contada, que la gente la disfruta. Pero este libro  me parece que toca cosas muy íntimas.

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