Se hace muy difícil, si uno camina por las calles del centro de San Sebastián, evitar ser mirado por Ricardo Darín. Es que el póster de esta edición del festival de cine de esa ciudad es un primer plano de su cara, con sus ojos azules mirando intensamente a cámara. Se trata de un gesto severo, casi enojado, que parece más cercano al de su personaje en El aura que al de la comedia que vino a presentar aquí. Salvo que sea por alguna foto histórica -posada o de una película-, no hay muchos actores cuyas caras sean el póster de un festival de cine. Y la presencia de Darín como imagen de un evento en un país que ni siquiera es el suyo dice mucho acerca de la importancia del actor argentino. No solo de su fama, sino de lo que él representa.

“No hay escapatoria”, dirá Darín con humor, riéndose un poco de la particular situación que lo encuentra sintiéndose observado por él mismo. “Me había dicho el director del festival, José Luis Rebordinos, que quería homenajear al cine argentino en su último año en el cargo. ‘Para mí la síntesis es tu cara y lo hablé aquí y todos coincidieron’, me dijo. Primero me quedé un poco, pero lo pensé y le dije: ‘Bueno, dale’. Es un abrazo al alma más de los tantos que le han dado Rebordinos y este festival al cine argentino y al latinoamericano”.

Ricardo Darín: “El codo a codo del cine con el humor es contagioso y liberador”
Darín y Diego Peretti son psicólogo y paciente.

Darín está en el Hotel María Cristina, donde todos los invitados del festival se cruzan entre sí, uno que hasta tiene una alfombra roja para entrar y salir, y a decenas de personas apostadas permanentemente en sus puertas para tratar de conseguir una foto o algo de las figuras que visitan la ciudad y el evento. Y si bien por acá este año pasó hasta Brad Pitt, ver al actor argentino  sigue despertando en la gente de Donosti el mismo entusiasmo de siempre. Darín lo sabe y firma, se saca fotos, sonríe y le ofrece a la gente una mirada un tanto menos amenazante que la del póster.

Vino a San Sebastián a presentar Lo dejamos acá, de Hernán Goldfrid, una comedia negra con toques de policial en la que interpreta a Ulises Verón, un reconocido psicólogo que está bastante harto de su profesión. El tal Verón es columnista de un programa de TV en el que da consejos y, en su práctica profesional, ha abandonado los métodos tradicionales de la terapia y prefiere actuar sobre las vidas de sus pacientes, metiéndose él mismo en la resolución de sus problemas, como si en lugar de terapeuta fuera una mezcla de coach y detective privado. Su mayor desafío lo tendrá cuando aparezca como paciente Martín Bouchard (Diego Peretti), un engreído escritor que enfrenta problemas con el alcohol en medio de una crisis creativa. Y Verón, quizás para resolver el problema de su paciente pero probablemente con otras intenciones, se meterá de lleno en su vida.

Ricardo Darín: “El codo a codo del cine con el humor es contagioso y liberador”
Darín es desde hace décadas una figura del cine internacional.

“La película nació como un tratamiento, unas páginas que seguían las desventuras de este tipo”, explica Darín acerca del proyecto surgido en la productora que tiene con su hijo Chino Darín, llamada Kenya. “Y lo llamamos a Hernán, con el que ya había trabajado en Tesis sobre un homicidio, para que nos diera su opinión. Nos juntamos y empezamos a trabajar juntos y a darle forma a la película. Hasta ahí solo eran un par de ideas que nos gustaban y nos causaban gracia. Y a partir de eso conformamos un grupo de trabajo y la terminamos sacando adelante”.

A Darín le gusta llamar a Lo dejamos acá una «incomedia»: “Una comedia incómoda”, dice. “Queríamos provocar, incomodar”, agrega. Y el film, en ese sentido, se plantea en buena medida como un duelo actoral entre él y Peretti, dos grandes profesionales enfrentados en una serie de (des)encuentros que Goldfrid intenta en todo momento sacar de cualquier atisbo teatral que pudieran tener. Lo irónico del caso pasaba por la inversión de roles, ya que Peretti, si bien no es psicólogo sino psiquiatra en la vida real, tiene más experiencia a la hora de estar en el otro lado de situaciones de este tipo. “Diego es el mejor compañero que se pueda tener -explica el actor de Nueve reinas-. Es difícil encontrar un compañero de ruta como él porque es un tipo que hace algo que no todos los actores hacen, que es estar al servicio de la contención del otro. Eso a lo mejor sí está relacionado con su pasado como médico psiquiátrico”.

Ricardo Darín: “El codo a codo del cine con el humor es contagioso y liberador”

-Se ve que escucha al otro, que presta atención…

-Sí, sí. Y aparte a mí me causa mucha gracia, yo lo adoro. Ya habíamos tenido una experiencia conjunta (Nota: en La señal, película de 2007) en donde realmente valoré y pude ver hasta qué punto el tipo es un gran compañero de ruta, de una lealtad única. Y la verdad es que fue una suerte que aceptara la invitación y contar con él porque yo valoro mucho no solo cómo es y cómo nos comportamos juntos en rodaje, sino el resultado de él en la película, me parece increíble. El arco de su personaje además es maravilloso y valoro muchísimo lo que él le aportó.

-¿Recordás haber tenido experiencias de terapia, digamos, problemáticas? ¿Alguna que te haya servido de inspiración?

-Yo tuve una muy fraudulenta que me decepcionó bastante. Por suerte después me enteré de que no era lo habitual. Al principio de mi carrera fui a plantear, precisamente, un tema de ego. Una actriz amiga, ya fallecida, me dijo: “Vos tenés que ir a ver a este psicoanalista amigo”. Fui a verlo y le planteé una cosa de ego que sentía y el tipo me dijo todo lo contrario a lo que yo buscaba: algo así como que yo era un fenómeno, que me tranquilizara. No fui nunca más. Y después me llamó para decirme que le debía dos sesiones y eso me lo terminó de confirmar (risas). Le pagué las dos sesiones y no volví más. Pero no fue la inspiración para el personaje, para nada.

Ricardo Darín: “El codo a codo del cine con el humor es contagioso y liberador”
“Diego (Peretti) es el mejor compañero que se puede tener. Es difícil encontrar un compañero de ruta como él”.

-¿Hay algo que te identifique con este personaje?

-El caso de la película es el de un tipo que corta por lo sano, agarra por un atajo que no tendría que haber agarrado, afectado por un caso personal con un paciente. Eso le pesa demasiado y dice: «Podría haber hecho algo más, podría haber tratado de estar más cerca de él para que no le pase lo que le pasó». Esa pregunta lo lleva a creer que los analistas no están haciendo lo suficiente y tienen que involucrarse más en las vidas de sus pacientes. Es un personaje dispuesto a todo que dice: “Hay que meter los pies en el barro”. Ese es el camino en el que se mete hasta que las cosas se le complican. Mi experiencia con la terapia me enseñó a escucharme a mí mismo, y este personaje tiene la particularidad de que no se puede escuchar a sí mismo. Habla y dice, pero no se logra escuchar.

-Tenés tu productora propia y proyectos nunca te van a faltar, pero ¿cómo se hace para financiar una película en las circunstancias actuales y con los recortes que viene sufriendo la industria del cine?

-Es difícil, pero hay que encontrar la manera, estás obligado a no quedarte quieto. Veremos para dónde dispara todo esto. Es un momento raro donde estamos tratando de averiguar cómo tenemos que hacer para pensar en muchos sentidos, no solo en la industria de cine. Las plataformas aparecieron como un bálsamo y una oportunidad, pero hay un modelo de trabajo en la Argentina que hay que intentar recuperar porque el cine es el cine. Tenemos que volver al cine.

Ricardo Darín: “El codo a codo del cine con el humor es contagioso y liberador”
«Este personaje tiene la particularidad de que no se puede escuchar a sí mismo. Habla, pero no consigue oírse».

–Lo dejamos acá es de Netflix y se verá solo en plataformas. De hecho, las comedias en general funcionan muy bien en cines porque el humor es contagioso. Si la ves en tu casa podés pensar que es mucho más densa…

-En San Sebastián será la prueba de fuego (Nota: allí la película se dio en salas de cine). Veremos si la gente se ríe o no…

-Cuando dieron Relatos salvajes en el Festival de Cannes todo el mundo se reía a carcajadas en esa sala enorme, y era algo muy distinto a ver la misma película en privado o con poca gente. La comedia funciona mejor con público…

-En Cannes fue una locura y una explosión. En el primer episodio, Pasternak, cuando el psiquiatra se acerca a la cabina y dice: “Yo era su psiquiatra”, la sala se prendió fuego de la risa. Y no bajó nunca de ahí. Por eso para nosotros es una prueba de fuego ver la película rodeados de gente. El codo a codo del cine con el humor es contagioso y liberador.

-Hay mucha ansiedad por  la segunda temporada de El Eternauta. ¿Cómo vienen los tiempos?

-Todo mi año que viene estará dedicado a El Eternauta.Supongo que se estrenará al siguiente. Hay que tener un poco de paciencia, pero ya va a llegar. «

Lo dejamos acá

Dirección: Hernán Goldfrid. Con Ricardo Darín, Diego Peretti e Inés Efron. Estreno: 16 de octubre.
Por Netflix.

Un descenso a los infiernos propios

“Queríamos incomodar -dice Hernán Goldfrid, director de Lo dejamos acá-. De eso se trataba: de provocar, de generar algo que no tenga un género absoluto, sino que se concentre en lo inesperado, en la posibilidad de generar un diálogo con el espectador para que se sienta identificado con alguna que otra de las aristas o algún detalle de los dos personajes y estar preparado luego para recibir el golpe, porque eso es un poco lo que propone este juego”.

El director de Música en espera menciona algunas de las películas que lo inspiraron a la hora de dirigir Lo dejamos acá. “Hitchcock, claro, que tiene muchísimo humor. Los hermanos Coen, Frank Capra, Billy Wilder. Poder ver el mundo desde la lupa del humor me parece siempre algo muy complejo y en la complejidad aparece lo interesante”, analiza.

Ricardo Darín: “El codo a codo del cine con el humor es contagioso y liberador”

La película, explica, “son los personajes y cómo esos personajes se nutren a partir de cada uno de los detalles. De eso se trata la puesta en escena que fuimos construyendo: que cada uno de los elementos dialogue con lo que pasa, que la ciudad sea un personaje más, lo mismo que su vestuario, su forma de andar, de decir. Cada uno de los elementos va construyendo un relato cinematográfico que funciona como una suerte de descenso a sus propios infiernos”.

A Goldfrid le preocupa también el futuro del cine nacional. “Somos voces y nos nutrimos de otras voces. Y si no hay nuevas voces que puedan expresar ideas, no hay nada más. Por eso necesitamos el apoyo estatal y el privado para seguir nutriendo eso que vamos construyendo entre todos, que es una identidad. Es muy importante que esas nuevas voces tengan la posibilidad de filmar y hacer películas que se puedan ver en el cine”.