El economista y licenciado en Comunicación acaba de publicar un ensayo y una novela. Aunque pertenecen a géneros distintos, ambas obras dialogan alrededor de una misma inquietud: la crisis del pensamiento contemporáneo, el avance de la tecnología y la necesidad de recuperar el sentido de la experiencia humana.

«La novela surgió de un impulso, de la necesidad de capturar el flujo de mis vivencias y culminó escribiéndose a sí misma. Tiene algo de magia cuando uno se deja llevar y se entrega totalmente. Luego, tras revisarla una y otra vez, caí en la cuenta de que ciertas especulaciones merecían ser racionalizadas. De allí nació el ensayo, que había estado incubándose por muchísimos años», explica el autor.
El resultado son dos publicaciones recientes que, aunque editadas por sellos diferentes y escritas desde registros completamente distintos, parecen dialogar permanentemente entre sí. Una noósfera envenenada, publicado por Editorial Prometeo, propone un recorrido filosófico sobre la crisis del pensamiento contemporáneo, la inteligencia artificial, el dataísmo y el vínculo entre ciencia, tecnología y espiritualidad.
El Testigo, editado por Diotima, elige la literatura para explorar la memoria, la pérdida, la violencia política, el amor y la búsqueda de sentido. La novela entrelaza historia reciente e intimidad para mostrar cómo los grandes acontecimientos —las dictaduras, las guerras o el exilio— siguen actuando mucho después de haber ocurrido, modelando vínculos, decisiones y silencios.
La preocupación de Kozulj no se limita al desarrollo tecnológico ni a los debates sobre inteligencia artificial. Su ensayo parte de una inquietud más profunda: qué está ocurriendo con la conciencia humana y con nuestra capacidad para distinguir el bien del mal en un mundo cada vez más mediado por algoritmos, automatizaciones y discursos que relativizan los valores.
En ese marco plantea la hipótesis de una «cuarta gran humillación» de la humanidad: la posibilidad de que la inteligencia artificial no sólo transforme el trabajo o la economía, sino que termine desplazando aquello que históricamente hizo singular al ser humano. Sin embargo, cuando se le pregunta por el origen de esa reflexión, sorprende con una respuesta que se aleja de cualquier discusión tecnológica.
«Creo que fue cuando me di cuenta de que ni la filosofía, ni la historia, ni las teorías científicas podían dar una respuesta satisfactoria a mis preguntas acerca de qué es la conciencia y qué cosa vine a hacer yo a este mundo tan lleno de vida y de belleza», afirma.
Es justamente allí donde aparece la novela. Mientras el ensayo intenta comprender racionalmente la crisis contemporánea, El Testigo explora esas mismas inquietudes desde la experiencia íntima de sus personajes, en una narración donde la memoria, la espiritualidad y la violencia histórica se entrelazan con una fuerte dimensión existencial.
Aunque insiste en que ambas obras fueron creadas de manera independiente, Kozulj reconoce que comparten un mismo núcleo de preocupaciones. «Fueron concebidas como dos obras distintas que dejan traslucir, más que un proyecto intelectual, un núcleo duro de temas que me apasionan. Y luego el motor ha sido y es siempre el mismo: la indignación frente a quienes vienen a robarnos nuestra dignidad, nuestra esperanza y diría hasta nuestra divinidad«, sostiene.
Esa indignación atraviesa buena parte del ensayo, donde cuestiona la naturalización de las guerras, los genocidios, las desigualdades extremas y la concentración del poder tecnológico. Para el autor, uno de los síntomas más inquietantes del presente es la pérdida de sensibilidad frente al sufrimiento ajeno.
«No creo que haya un solo síntoma. Es más bien un conjunto de síntomas como cuando a uno le duele todo el cuerpo. El más peligroso es que naturalizamos masacres y genocidios; injusticias extremas; abusos y explotación. Que sin percibirlo estemos avalando nuestra extinción como especie y no sintamos ya el orgullo de ser humanos», reflexiona.
Con una trayectoria vinculada a la economía, la comunicación, la investigación científica y la reflexión filosófica, Kozulj ha publicado más de un centenar de artículos y varios libros sobre desarrollo, crisis civilizatoria y conciencia humana. En paralelo, desde hace algunos años comenzó a construir una obra narrativa que ya incluye tres novelas.
«Aunque no suelo ya pensar mucho en qué cosa busco provocar en quienes lean mis obras, creo que en el fondo deseo que se encienda una cierta pasión por conocer; que lleguen a interesarse por cosas que de otro modo tal vez no se interesarían; que descubran el misterio que es la vida; que se conmuevan tanto frente al dolor ajeno, como frente a la belleza«, resume.
Tal vez allí resida el verdadero punto de encuentro entre Una noósfera envenenada y El Testigo. No en el hecho de pertenecer a géneros diferentes, sino en compartir una misma convicción: que la literatura, la filosofía y el pensamiento crítico todavía pueden dialogar para interpelar un tiempo atravesado por la incertidumbre tecnológica y la necesidad de recuperar el sentido de lo humano.
Aunque el rodaje ya comenzó en Buenos Aires, la mayor parte de la producción permanece…
Organizaciones feministas y Amnistía Internacional dieron detalles de la denuncia contra la gestión del intendente…
El frío se extremará el jueves y viernes, con temperaturas que rondarán el grado cero.
Afecta a más de 250 chicos de un colegio de Agronomía y se suma a…
Luego de las victorias de potencias como Brasil y Francia, el certamen define los últimos…