Tras sufrir un gravísimo accidente automovilístico al regresar de una temporada teatral que lo tuvo al borde de la muerte —con meses en terapia intensiva e internación—, hoy todo es celebración para Roly Serrano. El actor no solo superó el proceso más crítico de su recuperación, sino que regresó con fuerza a los escenarios y actualmente se encuentra de gira por el interior del país con la obra Yepeto.
«Me siento muy bien. Todavía estoy en un proceso de recuperación, vamos día a día mejorando, pero siento que estoy bien, con ganas. Estoy contento porque ya poco a poco estoy empezando a hacer actividades. Empecé con el teatro, que era lo que más ganas tenía de hacer. Fue algo muy fuerte lo que pasó. De hecho, estoy escribiendo un libro sobre esta experiencia para poder ayudar a que no bajen los brazos aquellos que aman la vida como yo», comparte el actor.
Serrano encarna el personaje inmortalizado originalmente por Ulises Dumont en Yepeto, la emblemática comedia dramática de Roberto «Tito» Cossa. La trama expone el cruce entre un joven y un profesor maduro al que acusa de disputarle el amor de su novia, en un juego donde colisionan lo físico y lo intelectual, la sabiduría y la belleza, la juventud y la vejez. Bajo la dirección de Nicolás Cabré (quien integró el elenco de la adaptación cinematográfica dirigida por Eduardo Calcagno), la actual puesta suma en escena a Demián Bello y Luisina Arito.

«Era de esas obras sobre las que yo mismo me decía: ‘Un día me gustaría crecer como actor para poder hacerla’. Esto es cumplir un sueño. Cossa es un autor único, extraordinario, y esta versión adapta la historia a nuestros días. La obra quedó hermosísima; la gente sale exultante y es emocionante lo que pasa al terminar la función: cómo aplauden, cómo disfrutan, cómo no se quieren ir de la sala. Se quedan escuchando y es como si estuviéramos haciendo algo nunca antes visto, aunque sea un clásico. Se ve que hacemos un buen trabajo», expresa con satisfacción.
Para Roly fue clave el aporte de Cabré en la dirección: «Como actor con experiencia —imaginate que tengo más de cien obras hechas y conozco directores de todo tipo y color—, noto en su forma de trabajar algo especial. Veo en él a un gran director que nos va a dar muchas satisfacciones en el futuro. Además, generacionalmente coincide con el tenor que se le quiso dar a la pieza, y todo fluyó de la manera correspondiente», admite. Asimismo, destaca la vigencia del texto: «Más allá de la trama y de los celos del joven con el profesor, la obra va a lo profundo: habla del amor, del talento, del respeto a la juventud, del cuidado y del perdón. Es un texto potente con una alta calidad teatral, algo que siento que se está perdiendo. No tengo nada contra los nuevos materiales, pero las nuevas formas a veces buscan el efecto apelando a la liviandades o a comedias superficiales para hablar por hablar y reírse nada más. En cambio, esta pieza, escrita hace tanto tiempo, es una muestra de que se puede hacer algo divertido pero que apele a la emoción y a la reflexión».
Serrano y el compromiso artístico
El actor ratifica en cada proyecto su compromiso artístico, convencido de que el valor central reside en aquello que el espectáculo moviliza en los espectadores: «Nuestro rol como artistas, más allá del ego, es acompañar este proceso complejo que nos toca atravesar como sociedad. No a modo de revancha ni buscando provocar a aquellos que nos quisieron callar, sino para reivindicar el hecho cultural de contarnos historias; siempre sin lastimar al otro ni decir algo hiriente. Vivimos un momento de mucha agresividad y conflicto, por lo que hay que ponerse en acción», reflexiona. Y añade sobre el valor de las instituciones y la cultura: «Estar en contra de las universidades, de la salud pública o de las personas con discapacidad me parece atroz. Son momentos muy duros y el teatro es un espacio desde donde se puede ejercitar una protesta de manera poética e indirecta. El arte es belleza, el teatro es belleza, el cine es belleza, y eso es algo que algunos no entienden».

Sin esquivar posiciones, el actor nacido en Salta sintetiza: «No todo tiene que ser popular y extremadamente fácil de digerir; se pueden hacer cosas interesantes y curiosas que le generen otras sensaciones al público. A pesar de todo lo que quieran decir de los actores, somos la expresión de muchas de las cosas que nos pasan como comunidad».
Respecto al panorama socioeconómico actual, mantiene una mirada atenta: «Pienso totalmente diferente a este gobierno. No deseo que a una gestión le vaya mal, porque si un gobierno fracasa la que la pasa mal es la gente. Más allá de estar de acuerdo o no con una idea, si al gobierno le va bien, le va bien a la sociedad, y eso es lo que todos queremos. Me preocupa cuando parece que no están dispuestos a hacer cambios o escuchar lo que siente la gente; esa cerrazón es peligrosa».
De cara a lo que viene, concluye con optimismo: «Me siento muy bien, con ganas de seguir trabajando y espero tener salud para eso. No está fácil, pocos tienen la vaca atada y hay que apostar a seguir creando. Un país culturalmente frenado y callado es inviable. La cultura y la educación son una apuesta a futuro, no algo de lo que se pueda esperar únicamente un rédito económico, al igual que la salud. Hay que alejarse de la violencia como método y dejar que lo catártico del arte disipe las diferencias cotidianas. En el fondo, todos sabemos que el camino no es la agresión».
Yepeto
De Tito Cossa. Dirección: Nicolás Cabré. Con Roly Serrano, Demián Bello y Luisina Arito. Domingos de agosto a las 21 en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636 (CABA). Gira federal: 13/08 en Moreno, 22/08 en Pacheco. Confirmar más fechas en https://www.instagram.com/yepetoteatro/