En un pueblo del sur, un hombre intenta dejar atrás un conflicto familiar. Gustavo Bayley protagoniza esta obra donde algo llega para impedirlo.

Entonces uno se pregunta cómo suceden esas cosas. No porque haya respuesta, sino porque las conjeturas desatan las imaginaciones. “En Paulo hay mucha tristeza, mucha nostalgia; lo traté de abordar desde ese lado. Con alguna rémora de comicidad, porque uno tiene que seguir viviendo sin perder, tampoco, la resignación que también le intenté imprimir. No tiene mucho que ver con el contexto de las desapariciones forzadas de personas en sí. Pero en el medio llega un viejo amor al pueblo. Y básicamente hay algo ahí que se le revuelve también, aunque ya no es el mismo Paulo”. Porque, como bien sabe cualquiera que haya nacido en estas tierras, “las personas que sobrevivieron a desapariciones de parientes dejan de ser las mismas”.
Y a Paulo, como a cualquier hijo de vecino, le corre “una culpa interna”. La idea de que “quizás podía haber hecho algo más y no haber podido, no haber sabido” lo pone mal. “En la historia Paulo tenía una muy linda relación con su hermano, previa a su muerte. Así que no intenté abordarlo desde el reclamo del hermano muerto hacia Paulo, sino más desde una culpa interna, desde que podría haber hecho algo más; es ese remordimiento que uno tiene ante cosas que se salen de control”. Incluso cuando se sabe que no se puede controlar todo.
Como el regreso de ese personaje que viene del pasado. “Somos muchas personas durante los años que vivimos. Hay ciertas convicciones que, a pesar de envejecer, está bueno sostener. Y eso por ahí es lo que reconfirma, o lo que creo que a Paulo le puede servir esta aparición del amor viejo. Porque encima ese viejo amor vuelve completamente cambiado, o de una manera en la que Paulo no se podría haber imaginado 20 años antes”.
Al escuchar a Bayley se tiene la sensación de estar escuchando a Paulo. Pero es solo una sensación: la de perturbar con la simpleza. “Había dejado el teatro independiente y con esta obra volví”, dice como una de las cosas más relevantes que ya le cambió Ruido de mar. “Mi alejamiento fue autoimpuesto, en el sentido de que yo también quise abordar otros lenguajes, por ahí más audiovisuales. Entonces intenté ir por ese camino también. Acá me gustó el guion, la propuesta de la gente de la que venía: mucha gente muy preparada, muy criteriosa, muy laburadora. Incluso también personas que conocía de antaño, compañeros y compañeras. Así que, básicamente, me encantó volver a reencontrarme con eso. Había pasado un año”. Dan ganas de hacer el chiste de volver al primer amor, como la chica que llega al pueblo de Paulo, pero por suerte se contienen las ganas. “Y además estaba la cámara como entrenamiento teatral anual. Eso del entrenamiento siempre está, paralelamente a todos los proyectos que pueda hacer. Por eso, no es que volví al teatro independiente: solo no había actuado desde hace un año”.
Además de actor, Bayley es periodista. Así que el teatro es también para él una forma de “interpelar, seguir reflexionando, seguir contando historias: soy un comunicador. Es algo que me atraviesa completamente, y son aristas que voy a seguir utilizando, y herramientas que voy a seguir utilizando, porque me encanta, por mi pasión”.
Entonces se puede decir que, a ambos lados del mostrador, a Bayley le atraen las obras “tiernas, poéticas”, como define a Ruido de mar, cuya historia está sostenida en vivo con música en escena de Juli Figueroa: “unas hermosas canciones escritas y compuestas por él”. “En estos tiempos es necesaria la poesía, es necesaria la música, es necesario compartir la comunión, pero la buena comunión, la comunidad con buena leche. Y el teatro te lleva a lugares poco previstos, te saca un poquito de la Matrix. Siempre hay cositas que el espectador se lleva cuando ve el vínculo entre los roles o los actores, cuando es parte de lo que está sucediendo ahí”.
Dramaturgia: Hernán Molina. Dirección y puesta en escena: Valeria Camino. Actúan: Gustavo Bayley (Paulo), Lucas Tamer (Jorge), Federico Ventosa (Marinero René), Alejandro Ríos (Marinero Goyo), Juli Figueroa (Fonseca / Relator), Azul Hermo (Clara), Juan Fernando Richat (Beto), Juan Manuel Oviedo (Capitán Aondi), Lulai Paulini (Andrea). Desde el 4 de abril, sábados a las 19:30 en Espacio Callejón, Humahuaca 3759 (CABA).
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