Darío Lipovich escribió su nueva obra a partir de la detención de su padre y del derrotero judicial que le sigue, la obra fue construida como una crónica-ensayo sobre la experiencia de caer en el sistema penal.

Lipovich escribió su nueva obra a partir de la detención de su padre y del derrotero judicial que le siguió. Fue construida como una crónica-ensayo sobre la experiencia de caer en el sistema penal. También indagó en el funcionamiento concreto y en sus efectos sobre el detenido y su entorno. Es un trabajo que resulta muy significativo en materia de Derechos Humanos.
Durante la presentación el autor estará acompañando por Martín Alderete, abogado; Paula Gastaldi, editora. Andrea Casamento, fundadora de la Asociación Civil de Familiares de Detenidos en Cárceles Federales (ACiFaD); Matías Cordo, editor y moderador.
En ese marco, Tiempo entrevistó a Lipovich, quien contó las razones que lo motivaron a escribir su libro. Además, agradeció a todas las personas y organismos que lo inspiraron a concretar su obra, cuya tapa es una pintura del artista Pablo Ziccarello.
– ¿Qué lo motivó a escribir el libro?
-Siempre tuve una mirada crítica sobre el sistema judicial en general, en particular en el penal, que se construyó de manera desordenada y poco rigurosa a través de lecturas. Y de algo más intangible, del orden de lo afectivo, que se expresaba y expresa en una clara angustia frente al hecho de leer o enterarme de situaciones de encierro, ya sea en noticias, o incluso referido a personajes históricos. También, y entiendo que esto puede ser polémico, en relación a seres siniestros como los militares. Me llevó no poco tiempo aceptar que pueden convivir en mí el horror y la lucha frente a esos crímenes con la angustia que me genera toda situación de encierro, incluso la de este tipo de personas. Al fin, creo que entendí que lo que me sucede es que siento el sistema penal y la cárcel como un fracaso de la humanidad. A lo anterior se sumó la experiencia directa que tuve al pasar seis días preso y, sobre todo, el caso de mi padre, preso durante tres años y medio, que en su derrotero penal sufrió todo tipo de arbitrariedades y fallos por fuera de la ley. El intercambio y la relación que se construyó con Martín Alderete, quien asumió la defensa de mi papá, me ayudó a consolidar algunas ideas y, sobre todo, animarme a escribir sobre un tema tan complejo y del que hay toneladas de libros. Fue una manera de ordenar y, quizás, a la vez, construir un refugio donde poder resistir los embates de inconmensurable poder e impunidad del Poder Judicial.
– ¿Cuál es el objetivo de tu libro?
-No lo sé, prefiero creer que encontrará su camino, su lugar y sus resonancias. Sí puedo decir que me gustaría que contribuya a pensar que todo en nuestra cultura y sociedad, hasta lo que tenemos tan internalizado que se nos confunde con lo natural, son construcciones que responden a momentos históricos. También luchas de intereses y disputas de poder; y que, entonces, pueden y deben entenderse como tales y ser factibles de repensarse, desarmarse y reconstruirse para hacer otras mejores, más humanas.
– ¿Hay una hipótesis disparadora en el libro?
-Partiendo de la crónica del caso de mi viejo, pretendo plantear que el sistema penal es una herramienta represiva del Estado democrático, contrariamente a lo que muchas veces se dice: que es un buen sistema mal ejecutado. Funciona perfectamente bien porque cumple con el objetivo para el que fue creado y es sostenido. En todo caso, los operadores que intentan que esto no sea así son una inmensa minoría luchando en soledad dentro de un aparato que constantemente intentará obturarlos.
– ¿Cuáles son las obras que lo inspiraron?
-Quiero mencionar el trabajo de ACiFaD, fundación creada por Andrea Casamento que, en un movimiento con muchas cosas en común con las Madres y Abuelas, lucha por mitigar el calvario al que son sometidas –lo menciono en femenino porque en ACiFaD son casi todas mujeres– quienes visitan a sus familiares en las cárceles. La pena recae no solo sobre el condenado, también, y de manera extremadamente dura, sobre su entorno familiar. También quiero mencionar la película «La mujer de la fila», de Benjamín Ávila, que a través de Natalia Oreiro en el papel de Andrea Casamento, cuenta la creación de ACiFaD. Tengo el honor de que Andrea sea parte de la presentación del libro. Por último, mencionar y agradecer a Editorial Triángulo y a su directora Paula Gastaldi, quien desde Córdoba, y llevando adelante un proyecto tan difícil en este momento como es una editorial independiente, confió en el proyecto. El libro se consigue a través de la web de la editorial, que lo envía a todo el país, o en un punto de retiro en CABA.
El presidente clausuró las especulaciones sobre la salida de su jefe de Gabinete tras las…
El Tribunal Oral Federal 7 además reprogramó la declaración de Jorge Bacigalupo.
El beneficio extraordinario del 25% se suma al que ya reciben 4,7 millones de usuarios…
La jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado se empieza a diferenciar…
El ejecutivo pidió el nuevo nombramiento del juez Víctor Pesino un día después de que…