Por Natalia Florio, periodista
El magnetismo es porque Delpo está de vuelta con la celeste y blanca, y eso a los argentinos de manual les (nos) encanta. Y él conoce el manual: la bandera, los colores, la Davis, los Juegos son un sacudón de popularidad que el circuito no regala. En parte porque logró pasar esa barrera de frialdad, de distancia, de parecer más suizo que argentino. Se reinventó con su revés y su retórica. La versión madura de Del Potro le permite estar suelto: llora, habla sin cassette, toma el liderazgo del equipo, se la juega, arriesga, emociona y contagia. Es tan argentino como el argentino quiere que sea. Como el llanto de Messi tras el penal a las nubes y la renuncia que no fue, como aquellos calzones que nunca le pudo sacar a Nadal, como volver y buscar revancha.
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