En un tramo de la letra que escribí allá por el 2006, a la que mi compañero de ruta Juan Subirá le puso música, y la que sin querer iba a ser la primera dedicada al 10, decía y dirá para siempre:
…Ahí va el zurdito apilando
tanto penas como marcas,
revolotean los garcas
que se imaginan ganando,
lo que nunca laburando
pero el padre que acompaña,
sabe entender la calaña
y aunque no sobre la guita,
no será él quien permita
su vuelo a la telaraña…
(«El Zurdito»).
Yo tenía la ventaja de verlo jugar seguido porque vivía en España en esos años. Juan, por muchas giras con la Bersuit, también lo tenía muy cercano. El amor por el fútbol hizo lo demás.
Estábamos ante un distinto, un mago de la pelota. Cuando lo empezamos a hacer tocando en vivo en Buenos Aires, se producía un murmullo cargado de ironía despectiva. Más allá de lo anecdotario de que cantara o no el himno y esa rémora de compararlo con el Diego, metían la cuchara popular en el puchero misterioso de los mitos. Por eso dejamos de hacerlo. Me daba bronca. Ya van a venir con el caballo cansado, decía mi madrina. ¡Y vaya si vinieron! Me queda el sabor de la justicia y la visión, no sé si decir de artista, en este caso.
Porque fui un zurdito mandado a tratamiento hormonal mucho antes, pero mi viejo, que también acompañaba, no permitió que me metan caño. Hoy sigo estando más alto que ancho. No estuvo mal, querides viejo y vieja, también por la decisión.
Lo importante será ahora la presencia de su ausencia sobre el verde césped y quien tomará el mástil de la bandera nacional que el fútbol representa en un país como el nuestro. La sombra del petiso será enorme. Hizo todo fácil, te la dejaba redondita y limpia o te la ponía en un ángulo. Y cuando creías que no estaba esa pulga, se transformaba en una picazón repentina pero calculada. Su velocidad mental era acompañada por la zurda y hasta la otra que no era de palo. Presumo que esa velocidad hizo que no le pudieran entrar duro y meterle lesiones bravas. El Diego gambeteaba de otra manera y era más fácil dar en el negro.
Se nos va el zurdito y ahora se vienen las apiladas de imágenes, veremos cómo se arregla con la marca de no estar ahí. Pero estar, estará ya siempre, sabemos cómo es esto, hay experiencia, las nuevas generaciones lo aprenderán. Vendrán comparaciones extrañas con sus limosnas de necesidades comerciales tormentosas y teorías conspirativas. La emoción y lo grabado más allá de los ojos del alma lo dejarán siempre sin necesidad de IA.
Sin la celeste y blanca en su cuerpo pero en nosotros sí, será una eterna piel de orgullo y pasión. Piel que lleva también desde hace años tanta gente de fronteras e idiomas diferentes. No creo que a él le sea indiferente, tal vez nos sorprenda con eso que en España llaman «regate».
Aunque se quede en Catalunya, o vuelva a Rosario, Messi ya es una comunidad celeste y blanca en movimiento y un reino a la vez.
Como cada hincha de Argentina, para terminar esta crónica, me hubiera gustado que jugara con la de mi equipo. Nos dejó con las ganas. Ya es de todas y todos.
Nos va a costar, Lío.
Te acompañaremos como tu viejo a vos.
Gratitud.
Besos de esquina y abrazos de cancha. «