El calendario de efemérides futboleras ya tiene una nueva fecha, el 2 a 1 a Inglaterra en Atlanta. El equipo ganó con su estilo, ganó a lo Messi aunque Messi no haga un gol. Ya no le queda nada más por hacer.

Este día va a quedar para siempre, el día en el que Argentina le ganó 2-1 a Inglaterra en semifinales del Mundial 2026. El 15 de julio va a ser una nueva fecha para el calendario de efemérides futboleras. Lo que viene ahora es otro asunto, pero primero hubo que atender este, un partido que impone sus propias condiciones. Es como si fueran muchos partidos condensados en uno, se van jugando a cada rato, en cada minuto y con cada simbolismo. La selección argentina los ganó todos.
Fue el resultado, fue la instancia, fue el contexto histórico y fue el desarrollo del juego. En cada uno de esos casilleros quedó el tilde argentino. Fue una lección acerca de cómo se juega esto. Primero lucha, después fútbol. Puede ser primero fútbol y después lucha, pero en Atlanta salieron a pelear, a revolcarse por el piso, a mirarse mal. Cada pelota fue un juramento para los argentinos, cada jugada fue una estrofa del himno. Los ingleses lo sintieron.
No se entiende el segundo tiempo sin el primer tiempo, sin esos minutos que fueron entre dos equipos agarrados sobre un tatami, con nervios, como dos luchadores de sumo. Fue Leandro Paredes hablándole a Jude Bellingham. Fue Cuti Romero rigoreándolo a Harry Kane. A los tres minutos ya estaban todos a los empujones, un trabajo sucio, intenso, que despejó el camino para lo que vendría después.
Lo que vendría después sería el desmonte inglés, un equipo argentino a los hachazos del bloque defensivo a través de la pelota, superándolo territorialmente. El gol que hizo Gordon fue una excepción dentro de ese paisaje que se desplegaba, un error del sistema que hubo que reparar. Eso hizo el equipo, que no tiene dudas sobre lo que busca, sobre lo que quiere, ninguna duda. Puso antes las semifinales que el partido con Inglaterra, que no era lo mismo, tenía otra dimensión. Hay que entenderlo.
Pasaron veinticuatro años del último partido mundialista con Inglaterra, en el Mundial 2002, una derrota con el penal de David Beckham. Pasaron veintiún años desde el último amistoso, una escasez que alimentó la rivalidad. No es común algo así, no es común tener este partido. En el estadio de Atlanta se sintió esa energía desde los himnos. Los himnos no se escucharon, se gritaron, se taparon, se cantó que el que no salta es un inglés.
Fue toda una olla a presión, lo que engrandece el partido que ocurrió después, el gol de Enzo Fernández, una comba imperfecta pero que fue hermosa, y el gol de Lautaro Martínez, justicia para un jugador que siempre lucha por el reconocimiento. Hay que recopilar todos los momentos que esta selección entregó a la épica. Nos pasamos casi un mes gritando goles con desesperación, hay que agradecerle a la selección esta cuestión. Te hace sufrir para regalarte lo mejor que podés tener con los tuyos, que es gritar un gol en el final del partido.
Ya son tres finales en los últimos cuatro Mundiales. Toda de Messi, de Lionel Messi, Su Majestad Messi. Se valió de un remate precioso de Enzo y también de un cabezazo de Lautaro. A los dos les dio la pelota él, lo tienen que contar como asistencia. A Lautaro esto le debe resultar una revancha de Qatar 2022. Ya nadie puede decirle que no hace goles en partidos importantes. Lo hizo en la final de la Copa América, lo hizo contra Inglaterra.
Los Mundiales son de Messi, las finales son de Messi, pero esto es de todo un equipo. De tipos que saben jugar a la pelota y que generan una fiesta. Esta selección le dio a los argentinos un tiempo de celebración. Nos dimos más abrazos en estos días, fuimos más felices, nos dolieron menos las cosas, incluso las importantes.
Messi tuvo que ser un poco más maradoniano para pasar a los ingleses. Lo imaginamos así. Pero el equipo ganó con su estilo, ganó a lo Messi aunque Messi no haga un gol. Ya no le queda nada más por hacer, no le pidamos más. Son demasiadas alegrías. Porque así como Messi nunca fue Maradona, este equipo nunca quiso ser el del 86. Es otra la historia. Este equipo fue lo que quiso incluso en su mensaje, mostrando una bandera por Malvinas. En silencio, siempre en la suya. Está claro que es superior, que lleva más años compitiendo en la elite, con los mejores, en la Copa América y en el Mundial. Decían que acá solo se cruzaba con equipos fáciles y se topó con Inglaterra. Quizá lo fácil es difícil para esta selección. Quizá todo sea al revés. Está en la final. Viene España.
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