El cantautor cubano se presentó ante un estadio repleto y comandó una noche de clásicos y emociones profundas. “Yo te quiero libre”, “Óleo de una mujer con sombrero”, "La maza" y "Mujeres" abrieron paso a algunos de los momentos más intensos de la noche.

El trovador cubano alegró la noche de miles de espectadores que el viernes se acercaron al tradicional estadio porteño para escuchar su impecable voz. Con una puesta sencilla y una banda de músicos precisos, Silvio cumplió con las expectativas y renovó el romance que lo une a la Argentina desde hace más de cuatro décadas.
“Yo te quiero libre” fue el tema elegido para abrir un concierto donde la mujer ocupó un lugar central. Las canciones que hablan de sus derechos, explicó Rodríguez. “Y de su belleza también”, añadió. El auditorio vivó los temas de los últimos veinte años y cantó con emoción los clásicos como “Óleo de una mujer con sombrero”. Pero probablemente el momento más emotivo de la noche fue cuando el cubano cantó “Eva” y recitó que “deja de ser costilla”. Los pañuelos verdes crearon una gran bandera que cubrió el estadio con la consigna de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Las luces del escenario se apagaron mientras los músicos aún ejecutaban y los focos se volcaron a la audiencia cuyo mensaje comulgaba con la letra.
La complicidad del artista con su público llegó al punto en que Rodríguez se retiró del escenario apenas su banda empezaba a tocar el tema “Mujeres”, dejando que un coro inmenso la entonara de principio a fin: “Me estremecieron mujeres que la historia anotó entre laureles y otras desconocidas gigantes que no hay libro que las aguante”.
Lo que siguió fueron ofrendas. «Pequeña serenata diurna», «La maza», «El necio» y «Ojalá», entre otras esperadas canciones que Silvio regaló. Y su gente retribuyó el gesto con un canto permanente, una ovación creciente y un cariño inagotable. Ese que les impedía retirarse aún después de que en la tercera despedida Silvio recordara que dos días después los vería nuevamente en Avellaneda, gratis y al aire libre.
Pero no era suficiente. Nadie quería irse aunque las luces los echaran. Y Silvio volvió. Todos sabían que lo mejor pasaba ahí adentro.
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