Sin razones para festejar

Por: Carlos Heller

La realidad es que estamos ante más de lo mismo: seguimos acumulando más deuda.

Hace siete años, en mayo de 2018, el entonces presidente Mauricio Macri anunciaba la vuelta al FMI “de manera preventiva”.

En ese entonces no se sometieron a debate parlamentario las características del acuerdo con dicho organismo. En la actualidad, y estando vigente una ley que requiere la autorización del Congreso al endeudamiento del Gobierno nacional con el FMI, se volvió a vulnerar el rol del Parlamento al solicitar mediante un DNU la aprobación (meta lograda) de las operaciones de crédito público contenidas en el Programa de Facilidades Extendidas a celebrarse entre el PEN y el Fondo Monetario.

A partir de conocerse la formalización del acuerdo, con fuertes desembolsos de dólares de libre disponibilidad, la reforma en el régimen cambiario ha evidenciado, en sólo tres días transcurridos, y después de la suba inicial cercana al 12%, una baja en el valor del dólar oficial, y una gran reducción de la brecha con las cotizaciones del MEP y el CCL, fruto de las expectativas de los mercados.

Habrá que esperar para conocer si, a estos valores reducidos del tipo de cambio, los exportadores liquidarán divisas (a pesar de la confirmación de que a fin de junio finalizaría la reducción a las retenciones). Es uno de los riesgos del sistema implementado.

Adicionalmente, el BCRA autorizó a inversores extranjeros para ingresar dólares, cambiarlos por pesos, mantener esa inversión en el país por seis meses, y luego hacerse nuevamente de dólares para remitirlos al exterior sin ninguna restricción: una garantía para que hagan “carry trade” hasta octubre.

La realidad es que estamos ante más de lo mismo y, por lo tanto, no hay razones para festejar. Seguimos acumulando más deuda (en especial con el FMI) que implica un mayor costo financiero, y reforzando las condicionalidades que ya soporta la Argentina.

Recordemos que el crédito del FMI de 2018 fue el mayor de la historia, tanto para el FMI como para nuestro país, y ahora se agregan U$S 20 mil millones del mismo organismo: llegará a ser algo más del 50% del total de los préstamos otorgados a los países por el FMI. Una concentración impensable de ser aprobada, de no mediar una clara intención política por parte del gobierno de los EE UU.

Este escenario lleva a preguntarse, ¿por qué esta vez deberíamos esperar un final distinto a los que ya vivimos durante los reiterados endeudamientos externos en los que se embarcó nuestro país?

En el actual programa con el Fondo aparecen los condicionamientos tradicionales: flexibilización laboral, reforma previsional, apertura importadora. También se propone un impulso a las inversiones en minería y energía: se tiende a consolidar un modelo de economía dependiente del sector primario.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, comentó sobre el acuerdo: “La implementación decidida del plan de estabilización ha generado una rápida desinflación, una sólida recuperación económica e incipientes mejoras sociales”. Pero advirtió que el país aún enfrenta “vulnerabilidades externas y estructurales”, por lo que será clave mantener la “firmeza en las políticas y la flexibilidad para adaptarlas si el contexto global lo requiere”. Reflexiones que marcan la agenda del tiempo venidero de la gestión libertaria: reformas estructurales que ya fueron aplicadas en otras oportunidades y terminaron perjudicando a los argentinos/as.

Adicionalmente, Georgieva expresa que las mejoras sociales son “incipientes”, una visión optimista al tener en cuenta el deterioro en los principales indicadores sociales de nuestro país.

A partir de un nuevo informe del Indec, los datos muestran que, en el cuarto trimestre de 2024, el 42% de los/as trabajadores/as estaba bajo condiciones de informalidad laboral, un número que llega al 58,7% para las personas de hasta 29 años. Además, al tomar las ramas de actividad, trabajadores/as de casas particulares es la que tiene mayor tasa de informalidad con el 77%, idéntico valor que en la construcción, mientras que en comercio llega al 51,9%.

A más informalidad, menor posibilidad de aportar al sistema previsional, y menor calidad de los empleos disponibles. Si a esta realidad la asociamos con los requerimientos del FMI de avanzar en la reforma previsional y la flexibilización laboral, nos encontramos con un difícil panorama a futuro que impactará negativamente en la situación social.

Alineación incondicional con Estados Unidos

En la declaración conjunta del presidente con el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent el pasado lunes, Javier Milei comentó: “En nombre de mí mismo como presidente, de mi gran equipo, de los argentinos presentes y las generaciones futuras, muchísimas gracias, secretario, y muchísimas gracias también al gobierno liderado por Donald Trump. Que un funcionario de su calibre, entre tantas solicitudes de reunión que tiene hace semanas, haya elegido venir a nuestro país, marca un cambio de era en la cooperación entre ambos Estados. Confiamos en que el buen entendimiento que estamos construyendo entre nuestras administraciones será provechoso para ambas naciones”.

En verdad, Bessent arribó a nuestro país acompañado por el fundador y CEO de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), Matt Schlapp, y los empresarios estadounidenses Rob Citrone y Matt Dellorfano, quienes fueron recibidos por el presidente ese mismo lunes. No hay duda de que además del fuerte apoyo a la gestión del gobierno que implica la visita del secretario del Tesoro estadounidense, la misma estuvo signada por un fuerte componente ideológico y de negocios.

En la declaración conjunta, el mandatario argentino también expresó: “Hoy Argentina está viviendo su propio Día de la Liberación (el mismo nombre que el presidente de EE UU le asignó al día en que anunció la implementación de aranceles recíprocos al resto de los países), tras 15 años de control de capitales hoy nos hemos deshecho para siempre de ese yunque al que estábamos encadenados, para retornar de una vez por todas a un sendero de crecimiento sostenible”.

Milei también comentó: “Los semejantes tienen que trabajar juntos, tanto para prosperar como para protegerse mutuamente, por eso la Argentina tiene la intención de ser un aliado firme de los Estados Unidos en la región”. Una concepción, a mi juicio, incorrecta, al igual que la idea de que un tratado de libre comercio con EE UU beneficiaría por igual a ambos países. Argentina es una economía en desarrollo que necesita, entre otras cosas, un Estado que administre el comercio internacional para proteger y desarrollar la industria local. Como varias veces lo hemos mencionado, la forma más beneficiosa de vincularnos al mundo debería ser fortaleciendo el Mercosur, la Unasur, la Celac, y otros acuerdos regionales, de modo de tener mayor poder de negociación.

En su último discurso en cadena nacional, el presidente manifestó su orgullo porque Argentina es “uno de los cinco países del mundo que sólo gastan lo que recaudan”. Precisamente, el superávit fiscal es una de las condiciones que impone el FMI a las naciones deudoras. Sin embargo, todos los países centrales, incluido Estados Unidos, exhiben déficit fiscal. Creo necesario repetir que no soy hincha del déficit fiscal, pero no niego su capacidad como herramienta para favorecer el crecimiento. El objetivo tiene que estar puesto en que nuestro país crezca con un Estado activo que intervenga en la economía para que ese crecimiento se distribuya más equitativamente entre la población.

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