Palabras de un ‘soldadito’ narco: «Me decían que si yo quedaba pegado, me iban a pagar el abogado»

Por: Carlos Del Frade

Las palabras del adolescente fueron escuchadas en una de las tantas causas judiciales que se abren para desentrañar algo del mundo de los últimos eslabones de la cadena de comercialización del narcotráfico. De los eslabones superiores poco y nada se sabe.

Las pibas y los pibes hace rato que fueron expulsados de los paraísos prometidos desde el fondo de la historia nacional.

Algunas veces las palabras de las niñas y los niños surgen en los grandes medios de comunicación y se convierten en una necesaria ocasión para por lo menos conocer algo de esas realidades profundas.

Uno de esos pibes, de solamente 14 años, contó parte de su existencia estragada en los tribunales rosarinos.

El chico en cuestión fue reclutado por Instagram para una banda narcopolicial del Gran Rosario.

Sus palabras fueron escuchadas en una de las tantas causas judiciales que se abren para desentrañar algo del mundo de los últimos eslabones de la cadena de comercialización del cuarto flujo de dinero más importante del capitalismo como es el narcotráfico. De los eslabones superiores poco y nada se sabe.

Pero esas palabras de un chico con edad de estar en segundo año de cualquier escuela secundaria, forman parte de una realidad que supera los límites de las provincias de este lugar en el mundo que todavía lleva por nombre la Argentina.

-Yo acepté porque en ese tiempo estaba apartado de mi mamá y de mi papá, porque estaba perdido en la droga –sostuvo.

Rencor del ‘soldadito’

El lúcido y sensible periodista Martín Stoianovich (en La Capital) apunta que el pibe “detalló y habló de ‘rencor’ porque su madre ‘hace 14 años que trabaja y nunca pudo progresar’. Le ofrecieron, según recordó, dinero, zapatillas y un celular. ‘Para que tenga los contactos de toda la zona, de los que se drogan en la zona, que serían los clientes’, contó”.

Siempre me echaban de la escuela y me sentía re solo. Yo a los 12 años robaba celulares. El rencor que yo tenía era que mi mamá es re humilde, ella hace 14 años que trabaja y nunca pudo progresar. Nosotros no teníamos ni para comer… Yo empecé a vender y empecé a hacer plata, empecé a agarrar clientes. En el búnker éramos dos personas por turno y trabajábamos 12 horas cada uno…Cuando yo vendía, consumía más de lo que ganaba… En ese búnker vendían alrededor de 6 millones de pesos y a nosotros nos daban 150 mil por semana. Como yo me tenía que pagar el remis, más lo que consumía, me volvía con 30 mil pesos por semana..

Gente consumidora

–A ellos les servía tener gente consumidora porque gastaban menos plata… Me decían que si yo quedaba pegado me iban a pagar el abogado… Hay personas que cuando ven a la policía empiezan a tocar silbatos para que se alerten… Ese punto de venta está hace como 15 años y sigue funcionando actualmente. Varias veces lo allanaron. Entonces se empezó a vender en la vereda – agregó el “soldadito”.

En su momento “le usurparon su casa debido a las deudas que había acumulado con los administradores del punto de venta. Pudo salir a tiempo, por medio de su madre y una denuncia que de alguna manera logró ponerlo a resguardo”, termina diciendo la nota de Stoianovich.

Más allá del descenso abrupto en el número de homicidios como consecuencia de las disputas por espacios barriales de venta, la dinámica del negocio narcopolicial necesita, como siempre, de la explotación de chicas y chicos menores de edad.

Pibas y pibes exiliados de los paraísos que siempre se prometen para ellos y que, sin embargo, cada día están muy lejos de sus vidas cotidianas consecuencia de los siempre renovados saqueos en la semicolonia argentina.

La ex ministra de Seguridad y ahora senadora por la Capital Federal, Patricia Bullrich, insiste en la necesidad de perseguir a niñas y niños desde los 14 años, como también lo hacen gobernadores e intendentes varios.

Estas palabras de uno de los muchos soldaditos que hoy pueblan los conurbanos de cualquier punto de la fenomenal geografía argentina demuestran que las chicas y los chicos no solamente fueron exiliados del paraíso de muy pocos si no que, además, parecen estar condenados a palpables infiernos cotidianos que prometen multiplicar.

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