La soledad: cómo narraron diversos escritores este sentimiento que atraviesa generaciones y que eclosiona en la era de la híper comunicación

Por: Mónca López Ocón

El reconocido cronista Federico Bianchini dictará el taller “Lecturas sobre la soledad”. Los encuentros serán cuatro y comenzarán el miércoles 13 de mayo de 18.30 a 20 en Micro Galería, Loyola 514, Villa Crespo.

En el subte, en el colectivo, en la sala de espera y en casi todos lados que reúne desconocidos se comprueba que cada uno mira su propio celular, lo que evita cualquier contacto posible con el prójimo. El aislamiento que inevitablemente genera soledad parece un signo distintivo de este tiempo, pero la soledad se manifestó de distintas formas a través del tiempo aunque, paradójicamente, en la era de la comunicación se haya transformado en una realidad angustiante.

Existen distintas pruebas objetivas de este sentimiento y el taller Lecturas sobre la soledad que dictará Federico Bianchini es una de  ellas, ya que hará un recorrido por la literatura que se ha dedicado a narrarla.

La soledad por escrito

-¿Cómo nació la idea de Lecturas sobre la soledad?

-Nació de una  serie de encuentros que tuve con entrevistados, amigos, gente que me habló de ella. Así me di cuenta de que en los últimos tiempos en muchas charlas salía el tema de la soledad. Advertí también que era un tema que se daba intergeneracionalmente.  Creo que hay  una soledad de la adolescencia,  una soledad que se manifiesta entre los 30 o 40 años cuando las rutinas empiezan a cambiar y la gente quizá ya no se ve tanto con los amigos. Me pareció, además, que en el último tiempo el tema era recurrente y que surgía mientras la gente contaba otras cosas. Le presté atención  particularmente a esto.

Entendí que la soledad es un tema que no solo atraviesa generaciones, sino que también atraviesa épocas, y que  se fue se fue transformando a través del tiempo

-¿Por ejemplo?

-La soledad de la Edad Media, por ejemplo, apareció como lección espiritual, Uno podía decidir  estar solo para para dedicarse al estudio. Fue un privilegio místico  que se convirtió en  refugio intelectual en el Renacimiento que amparaba al  individuo incomprendido por la sociedad. Luego, se transformó en alienación y angustia en el siglo XX. Hoy viajás en subte y ves que cada uno está jugando a Candy Crush o mirando Tik Tok. Cada uno está en la suya, lo que se vincula con una sensación de soledad. A esto se suman  la depresión, y la ansiedad.

Entonces fui tomando textos del siglo XX y actuales para  armar un corpus de lectura sobre la soledad que permitiera  ver cómo se escribió sobre la soledad en diferentes momentos y  para pensar cómo se escribe sobre la soledad hoy y de qué modo ese sentimiento nos atraviesa particularmente en este momento de profundización de lo digital.

Podría  haber tomado algo distinto como la tristeza o el duelo, pero me pareció que como síntoma de estos tiempos la soledad era un sentimiento más representativo y que  hacer un taller de lectura, reunirse a hablar de lecturas sobre ese tema  en particular  era dejar de estar solos.

Por eso me pareció bien que el eje del taller fuera la soledad  y que fuera un taller de lectura porque muchas veces, en los diversos talleres de escritura que dicté di me di cuenta de que mucha gente iba a escribir, pero otra iba, simplemente, a reunirse. En estos últimos casos pedir que cada uno llevara un texto para leer en grupo era una presión y decidí alivianarla, hacer una prueba piloto con un taller de lectura.

Si bien en un taller de escritura se lee mucho y se comentan muchas lecturas, yo nunca había dado un taller específicamente de lectura. Por supuesto, también se va hablar de escritura.

Creo que eso es lo que tiene de potente elegir un eje tan puntal, tan preciso: mostrar las diferentes maneras en que se pude escribir sobre la soledad, ya sea mencionándola o no mencionándola, enunciándola o no, cómo se puede llegar a otro y transmitirle una sensación  de soledad que puede ser negativa o positiva porque hay quien la vive como una carga atroz y quien la disfruta como un espacio liberador.

-¿Cómo está conformado el corpus de lectura?

-En el taller leeremos textos de Kjell Askildsen, Annie Ernaux, Juan Carlos Onetti. Richard Yates, Anton Chejov, David Foenkinos, Isaac Rosa y Salinger.

– En este momento recuerdo dos títulos muy explícitos sobre el tema: La invención de la soledad de Paul Auster y La soledad era esto de Juan José Millás.

-Sí, el de Millás me pareció un texto fantástico. Pero en este momento se escribe mucho sobre la soledad aunque no necesariamente esté en el título o se explicite en algún momento . No es que muchos escritores hayan decidido hablar sobre la soledad, sino que la soledad nos atraviesa, está ahí y al escribir, aparece.

Foto: Diego Paruelo

Creo que en mi propio libro sobre la Antártida que ahora salió en España, a donde voy a viajar para presentarlo, también habla de la soledad sobre la Antártida que ahora salió en España, a donde voy a viajar para presentarlo, a mi manera también hablo de la soledad porque cuando pensé  en viajar a la Antártida pensé que iba a un lugar donde iba a estar muy solo por el bajo índice de habitantes por metro cuadrado y me encontré en una base con 80 personas donde no se podía leer porque si te sentabas en un sillón a leer pensaban que te sentías solo y angustiado y se ponían a hablar conmigo. Algo muy curioso.

-Antes de saber de tu taller de lectura sobre la soledad, el tema me había llamado la atención de distintas maneras. Una de ellas fue que el libro de Gabriel Rolón que se llama La soledad durante muchas semanas  encabezó la lista de los más vendidos de por lo menos de una de las grandes librerías de cadena y luego de un  largo tiempo pasó a las lista de los 10 libros más vendidos. Más allá del libro en sí, creo que eso también dice algo acerca de la intensidad que el tema tiene en nuestro tiempo y en nuestro país, donde domina también un sentimiento de desamparo.

-Sí, me contaba Paola  Lucantis, ex editora de Tusquets y actual dueña de una librería a quien entrevisté por una nota sobre librerías porteñas, que durante el último año la gente le decía: «Mirá, necesito una novela, pero que no sea una novela terrible”.

A mí me sigue impactando la imagen que ya mencioné  de que en el subte cada uno está sumergido en su celular. Tampoco es que antes se hablara mucho con el que uno estaba sentado al lado, pero se leía, se pensaba.  Hoy siento que las pantallas son también un refugio de no pensamiento,  de automatismo, porque pensar resulta muy angustiante. 

Para consultas o inscripción sobre el taller Lecturas sobre la soledad escribir a Fedebianchini@gmail.com o a Lamicrogalería@gmail.com

Serán ocho encuentran los miércoles de 18.30 a 20 a partir del 16 de mayo en Micro Galería, Loyola 514, Villa Crespo.

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